SOCIEDAD

Una mujer denuncia que en el Ceamse la discriminaron por ser gorda

Hace cuatro meses la trasladaron a un lugar donde no cumple ninguna tarea. El motivo que le dieron, dice, es que su figura es “mala imagen” para la empresa. El titular de la Ceamse lo desmiente. Interviene el Inadi.

Karina Arce pesa 130 kilos y era recepcionista del directorio de la Coordinación Ecológica Area Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse), en el barrio porteño de Parque Patricios, hasta que en julio último la cambiaron de cargo y de sucursal. “Su figura es mala imagen para la empresa”, dice ella que argumentó el propio presidente de la Ceamse, Carlos Hurst, para ordenar su traslado. El titular de la empresa, por su parte, desmintió la acusación de la mujer. Lo cierto es que hoy Arce está destinada a un lugar donde no tiene tareas asignadas y pasa sus días sentada en un vestuario de la planta que la empresa tiene en Colegiales. La mujer realizó la denuncia ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), la Defensoría del Pueblo porteña, la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense y a la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), donde está afiliada. Pero el caso aún no fue resuelto.
Karina tiene 30 años y vive en la villa 21, atrás de la cancha de Huracán. Asomada en la puerta de su vivienda, en Iguazú 1206, recibió a este diario e invitó a recorrer un largo y angosto pasillo, hasta llegar a las habitaciones que conforman su casa. Allí contó su historia.
El sábado 3 de julio pasado, Arce recibió en su casa un telegrama donde la empresa le informaba que no trabajaría más en la sede de Parque Patricios y que el lunes siguiente debía presentarse en la estación de transferencia de Colegiales para desarrollar tareas de mantenimiento.
“A mí me pareció extraño, porque en ese lugar jamás trabajaron mujeres y porque allí solamente llega toda la basura de Capital. Se llenan los containers con esa basura y se la lleva a la provincia de Buenos Aires”, dijo Arce.
El lunes 5 de julio, Karina no fue a Colegiales. Caminó, como todos los días, las seis cuadras que la separan de la sede de Parque Patricios. Una vez allí, pidió entrevistarse con el presidente de la empresa. “Necesitaba una explicación, no podía entender que me cambiaran de puesto, si yo siempre hice bien mi trabajo”, relató.
La respuesta no tardó en llegar. Y fue cuando estuvo frente a Hurst. Según la mujer, el presidente de la Ceamse le dijo: “Yo soy el que pide el pase porque usted da mala imagen a la empresa. Usted está excedida de peso y hasta me lo va a terminar agradeciendo”. Como protesta, Arce copó la recepción. Y no se movió del lugar, hasta que cumplió su horario de trabajo. Pese a las continuas amenazas del personal de seguridad de sacarla por la fuerza del lugar, ella les gritaba: “Nadie me moverá de aquí”.
La táctica funcionó durante cuatro días. Al quinto, tuvo que irse a Colegiales. Las seis cuadras que antes la separaban de su trabajo, se convirtieron ahora en casi dos horas de viaje, en dos colectivos, hasta llegar a la otra sede. “El problema no es el viaje sino que conmigo hicieron una injusticia y yo tengo que volver a ocupar el puesto que ocupaba”, se enojó la mujer.
Arce supone que su traslado se debe a que hace algunos meses ella se afilió a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y se postuló como delegada. Antes pertenecía a la organización sindical Agoex, a la que adhiere la mayoría de los trabajadores de la Ceamse.
“Todo es una fábula”, sentenció el presidente de la Ceamse. “Es cierto que pedí el traslado pero no por su figura. Es porque ella utilizaba el teléfono para actividades gremiales. Sin embargo, desconozco las tareas que le asignaron. De eso se encargó la oficina de personal”, detalló Hurst.
Lo cierto es que ahora la recepción la ocupa otra mujer con menos kilos. Mientras, Karina se pasa ocho horas en un antiguo vestuario –que acondicionaron con una silla, un escritorio y sin teléfono–, en la sede de Colegiales, sin que la empresa le haya adjudicado una tarea específica, según contó la mujer. “Estoy ocho horas allí, sin hacer nada. Es como si me hubiesen castigado por algo, no sé. Tengo miedo de que me terminen echando. Yo vivo sola con mi hija, no sé qué haría si me quedo sin trabajo”, relató desesperada.
La situación de discriminación fue denunciada de inmediato por Arce ante el Inadi. Por ahora, ese organismo está en plena etapa de investigación del caso y no quiso dar detalles del caso a este diario. Sin embargo, Página/12 accedió a la presentación que Hurst realizó el 13 de julio ante el Inadi en la que expresa: “En ningún momento se hizo referencia a las condiciones físicas de la señorita Arce, como falsamente habría expresado. Se le explicó que simplemente, por razones de mejor servicio, se había dispuesto darle otras tareas”.
Arce también radicó la denuncia en la Defensoría del Pueblo porteña, desde donde cursaron una carta a la Ceamse pidiendo las explicaciones del caso. La contestación la realizó el mismo Hurst, quien negó las imputaciones.
“Necesitamos un testigo y no lo tenemos. Se trata de un caso delicado, sensible, que debemos investigar. Estamos esperando el dictamen del Inadi y de ATE, que es el sindicato al que ella pertenece y donde ella realizó también la denuncia”, destacó el defensor del pueblo, Gustavo Lesbegueris. Desde ATE, el dirigente José Mataza informó: “Nosotros cursamos varios telegramas a la empresa pidiendo que aclare la situación de Karina. En una entrevista que tuvimos con Hurst negó que haya hecho el traslado por sus condiciones físicas y dijo que él como presidente puede movilizar a los empleados de un lugar a otro sin consultarlos. Luego de eso no nos recibió más”.
Mientras Arce fue recepcionista del directorio cobraba 120 pesos menos que sus compañeras. Pero hace unos días, la empresa reguló esa situación y le pagó en forma retroactiva la deuda acumulada. “Siempre hubo discriminación conmigo. Decirme que estoy excedida de peso, es lo peor que se le puede decir a una mujer”, se quejó Arce.

Informe: Silvia Marchant.

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Karina Arce vive en Parque Patricios y ahora tiene que viajar dos horas hasta su nuevo destino.
 
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