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Diseño argentino para ir a Marte

Un ingeniero argentino lidera el equipo que diseña para la NASA el traje de los astronautas que caminarán en Marte en el 2020.

Para el 2020, la NASA estima que podrá enviar nuevamente misiones tripuladas, tanto a la Luna como a Marte. Claro que la cuestión de poner los pies sobre suelo marciano no es sencilla. Los peligros incluyen, entre otros, las muy bajas temperaturas y la obvia ausencia de oxígeno. Por eso, los astronautas que logren la hazaña de explorar tan lejanos parajes deberán estar bien protegidos. Y es posible que su principal protección, sus trajes, sean obra de un ingeniero aeroespacial argentino, Pablo de León, quien se encuentra dirigiendo un proyecto de la agencia espacial estadounidense para el diseño de trajes para astronautas. En diálogo con Página/12, aseguró que las primeras pruebas del prototipo creado por su equipo lograron “muy buenos resultados”.

“Vengo trabajando en el diseño de trajes espaciales desde hace 15 años y en éste en particular desde hace más de uno, cuando nuestro proyecto fue seleccionado por la NASA para financiarlo”, comentó De León desde Dakota del Norte. El diseño de indumentaria no terrestre es un trabajo a largo plazo: recién dentro de otros 14 años verá finalizado su trabajo y, tal vez, modelado por un astronauta en parcelas naturales de Marte.

De León tiene 41 años y se radicó en Estados Unidos hace 17. Ahora se desempeña en el Departamento de Estudios Espaciales de la Universidad Estatal de Dakota del Norte. El y su equipo de una treintena de personas fueron seleccionados para trabajar en el Equipo de Diseño de Trajes Espaciales Planetarios, financiado por la NASA. Otro grupo de científicos trabaja con los mismos objetivos en Houston, en lo que es la primera incursión del organismo en la creación de trajes desde la década del ’60.

“Un traje espacial es esencialmente una nave espacial en miniatura”, comparó. Lo que los científicos están desarrollando plantea necesidades distintas a las que deben enfrentar los trajes actuales, utilizados dentro de transbordadores. “Hasta ahora estaban pensados para usarse en lugares con gravedad cero, con lo cual el peso no era una variable demasiado problemática. Pero en Marte la gravedad es un tercio de la que hay en la Tierra y, si bien es inferior, hace que los trajes tengan que ser muy livianos. Además, para estar en un planeta se necesita tener mayor movilidad. Es importante que permitan movimientos de la cintura para abajo. El astronauta tiene que poder agacharse para tomar muestras, tiene que poder manejar un vehículo o realizar reparaciones”, explicó.

Otros desafíos son los que plantean las características propias del planeta. “Marte posee una superficie muy polvorienta, es un polvo que tiene una consistencia similar al talco, que es muy fino y va a empezar a meterse por todas partes. Es necesario que el traje no permita esas filtraciones para que después, al regreso a la nave, no contamine. Hay que mantener en un mínimo la contaminación, teniendo en cuenta que se trata de viajes de por lo menos dos años de duración. Y por eso también necesitamos desarrollar sistemas de reparación del traje”, detalló.

El equipo, que tardó 14 meses en confeccionarse, posee 285 componentes de distintos materiales y deberá estar preparado para soportar los 140 grados bajo cero que marcaría un termómetro en Marte. De allí que sean críticas las zonas de “las manos y las suelas de las botas, por la transmisión del frío del suelo. No descartamos incorporar resistencias eléctricas en suelas y guantes para que el astronauta controle a voluntad la temperatura”.

La semana pasada se realizaron las primeras pruebas en un terreno lo más terrestremente parecido a Marte. Fue en una zona desértica de Dakota del Norte denominada Badlands, cerca del límite de Montana, donde las temperaturas pueden ser muy bajas. “Terminamos las pruebas preliminares en una zona que se parece bastante a la morfología marciana. Por suerte todo salió muy bien y tuvimos muy buenos resultados. En agosto habrá una segunda etapa en la que trabajaremos en la reducción del peso de la mochila de soporte vital, que es la encargada de proveer de oxígeno”, adelantó. De todos modos, De León sabe que se trata de un trabajo a largo plazo. “Es sólo un prototipo. No quiere decir que sea el que finalmente se use en Marte, y es posible que ni siquiera llegue a verlo terminado. Incluso en los próximos años todavía puede evolucionar la tecnología de materiales. No es una cosa que se hace de un día para otro. Es un trabajo que recién va a estar listo en el 2020. Igual es muy importante trabajar en un proyecto que va a tener un uso como éste.”


Informe: Lucas Livchits.

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Pablo de León (izquierda), ingeniero aeroespacial argentino.
Imagen: Gentileza NASA
 
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