SOCIEDAD › EN NECOCHEA UN POLICIA MATO DE UN DISPARO EN LA NUCA A UN JOVEN

El síndrome de la pistola autónoma

El joven quiso escapar después de una pelea callejera. La versión policial dice que un sargento, al perseguirlo, tropezó, el arma se le fue de la mano y se disparó. La fiscal lo cree posible.

 Por Horacio Cecchi

El 1º de enero, nueve días antes de que el chico Damián Barzábal recibiera un disparo en el cráneo mientras estaba esposado dentro de un patrullero de la comisaría 3ª de Los Hornos, otro joven, Eduardo Gastón Díaz, de 22 años, moría de un balazo en la nuca también disparado por un policía de la Bonaerense. El caso ocurrió en Necochea y, como en Los Hornos, la versión policial carga toda la responsabilidad del hecho a la creciente autonomía de sus armas. Díaz intentaba escapar de una detención con golpiza asegurada. Dos policías lo persiguieron unos pasos. Cuando estaban a un metro y medio, el sargento Alberto Quesada, según la versión de sus colegas, trastabilló, el arma se le soltó, voló y “se” disparó provocando la muerte de Díaz. A diferencia del caso de Los Hornos, en Necochea los colegas de Quesada iniciaron la instrucción y calificaron el expediente como homicidio culposo. Aunque la autopsia indica que la bala tuvo una trayectoria de arriba hacia abajo que desmiente la hipótesis de la caída policial, la fiscal necochense Analía Duarte decidió mantener la idea del accidente, dio un tiempo a Quesada para que se recupere del shock psicológico antes de declarar, y retuvo al culpable de todo, la Browning reglamentaria.

El 1º de enero, a las 3 y media de la madrugada, Eduardo Díaz, de 22 años, y dos amigos, se trenzaron a golpes con otro grupo de muchachos, en 79 y 26, de Necochea. En algún momento, la pelea se interrumpió y Díaz tuvo tiempo de llamar a su cuñado, Gastón Márquez. “Ayudame, me están cagando a palos, ayudame”, alcanzó a decirle mientras corría y le daba sus coordenadas. El cuñado montó en su ciclomotor con su mujer, Claudia Díaz, hermana de Eduardo, y con otra pareja y salieron en apoyo.

A todo esto, la pelea, que se había interrumpido, retomó en intensidad. Los vecinos habían llamado a la policía. Cuando Gastón y Claudia llegaron, divisaron un patrullero, a Eduardo de pie, con las manos apoyadas en el techo del auto policial, y a uno de los contendores caminando más allá. Gastón intentó perseguirlo, pero uno de los uniformados, de un golpe, lo derribó. Según declaró Claudia a la fiscal Analía Duarte, al ver que golpeaban a su cuñado, Eduardo intentó defenderlo y después salió corriendo.

Lo que siguió duró instantes y ocupó escasos metros. Eduardo no tuvo tiempo de correr demasiado. Dos policías, el sargento Alberto Quesada y la oficial Nora Domínguez, salieron detrás suyo. El relato de Claudia dio una versión directa: “Miro a mi marido (Gastón, que estaba en el piso), miro a mi hermano y en ese momento escucho el disparo”. Y agregó en forma definitiva: “No sé si (el arma) la tiró o si se le cayó, pero eso fue después del disparo”. Dijo que los policías estaban a un metro de su hermano en el momento del disparo.

“¡Me lo mataste!”, le gritó al policía. “Se me cayó y se disparó”, alegó Quesada. “¡Le hubieses tirado a los pies, me lo mataste!”, le recriminaba Claudia. Gastón, desde el piso, había escuchado el disparo, giró la cabeza y vio un policía (Quesada) con la pistola en la mano, que regresaba diciendo “lo maté, lo maté”, y a una mujer policía (Domínguez) reflejando una clarividencia supina: “Hubo un inconveniente”, comentaba la uniformada mientras regresaba hacia el patrullero.

A diferencia del caso de Los Hornos, donde los policías apelaron a la autoestupidez, en el caso de Necochea la versión policial apunta contra la ley de gravedad. Nora Domínguez dijo que el sargento Quesada y ella salieron en persecución de Díaz. “Cuando estaban a un metro y medio y ya a punto de reducirlo –declaró Domínguez–, el cuerpo de Quesada se abalanza como tropezando, sin caer sobre el suelo y puede ver (la declarante) que una pistola pega contra la nuca”, de Díaz. Domínguez aseguró no haber escuchado ningún disparo, y creyó que el muchacho había quedado desmayado por el golpe que le propinó la pistola volátil en la nuca.

Según el informe forense, “el proyectil produjo traumatismo de cráneo en occipital derecho, de derecha a izquierda, y ligeramente de arriba hacia abajo”. Inmediatamente, el sargento Quesada quedó detenido. “Sus compañeros lo llevan a una seccional”, señaló Adelina Martorella quien junto a Julio Razona representan a Susana Giuliano, madre del joven asesinado. Allí se produce otra situación sorprendente. Quesada, custodiado por un compañero distraído, logra arrebatarle el arma y amaga con suicidarse. La versión es obviamente policial. Y logran contenerlo emotivamente. Resultado de la acción: Quesada es internado en el hospital local para tratarlo por el impacto psíquico sufrido apenas iniciado el año. La fiscal Analía Duarte recibió la instrucción iniciada por la policía (o sea, los colegas de Quesada) y mantuvo la calificación de homicidio culposo. “Creyó en la versión policial, en la calificación, en el shock de Quesada –sostuvo Martorella–. El sargento está desafectado del servicio, con 30 días de licencia. Y el mismo 1º de enero, cuando a la fiscal le informan que está en un estado psíquico de shock, decidió ordenar su libertad, lo que implica que el mismo día del hecho ya creía en la versión policial.” Pero Duarte no sólo mantuvo la calificación policial, y ordenó la libertad. Además, dispuso que tomará declaración indagatoria a Quesada cuando se recupere, o sea, después de la licencia.

La familia no cree en la teoría de las pistolas autónomas, que más que una hipótesis de trabajo parece el título de una película. La imagen de Eduardo ya está recorriendo en pancartas a lo largo de la playa, algo que en temporada veraniega desata los nervios políticos. La vicegobernadora Graciela Giannettasio pasó por la intendencia de Necochea a interiorizarse sobre el caso, el 12 de enero. No vio a los familiares. Fue una visita previsora. Un día antes le habían apedreado la 3ª de Los Hornos.

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Susana Giuliano, madre de Eduardo Díaz, reclama justicia.
 
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