SOCIEDAD

Un equipo argentino descubrió que el Viagra sirve contra el jet lag

Científicos de la Universidad de Quilmes recibieron por esa investigación el premio “Anti Nobel”, que se entregó en Harvard.

 Por Pedro Lipcovich

Los pilotos de avión serán los hombres más potentes del mundo; pero también lo serán los modestos trabajadores que deben hacer turnos rotativos. Porque un grupo de investigadores argentinos descubrió que el Viagra (sildenafil) puede servir para contrarrestar el jet lag de los pilotos y los desajustes del reloj biológico que afectan a esos trabajadores. Este efecto del sildenafil sólo se produce cuando el reloj biológico se adelanta, es decir, tratándose del jet lag, cuando el viajero va hacia el este, por ejemplo de la Argentina a Europa. El hallazgo –publicado en mayo en una revista científica de prestigio internacional– mereció uno de los premios “Anti Nobel”, que se otorgan en la Universidad de Harvard bajo el lema: “Hacer que la gente, primero ría y, después, piense”. Los investigadores argentinos –pertenecientes a la Universidad de Quilmes– efectuaron sus experimentos con hamsters, y emplearon dosis de sildenafil menores que las que tendrían efecto contra la disfunción eréctil. De todos modos, su hallazgo proporciona una respuesta para el incómodo momento en que un varón es sorprendido por su dama tomando la pastillita: “Es que mañana tengo que viajar a París”.

El equipo de investigadores, dirigido por Diego Golombek –quien recibió la distinción en Harvard– estuvo integrado también por Patricia Agostino y Santiago Plano, todos del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes. El trabajo fue publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. “Los resultados sugieren que el sildenafil puede ser útil para el tratamiento de la adaptación circadiana a cambios ambientales, incluso vuelos transmeridianos en dirección oeste-este”, sostiene.

Los científicos ya sabían que estos ritmos biológicos, en los mamíferos, están gobernados por un “reloj” situado en una región del cerebro llamada núcleo supraquiasmático. “Allí hay una sustancia llamada SCN, que reacciona cuando la luz llega a la retina con ‘adelantos de fase’”, explicó a este diario Patricia Agostino. Digamos, si al viajero le amanece más temprano porque el avión llegó a Barajas, se modifican sus niveles de SCN. Y esto sucede por acción de una enzima llamada fosfodiesterasa.

Lo que no se sabía, hasta que lo investigaron los de Quilmes, era cuál de las once variedades de fosfodiesterasa actuaba en el reloj biológico. ¿Pero esto qué importancia podía tener? Empezó a ser importante a partir de una idea, genial, que se le ocurrió a Diego Golombek: ¿y si fuera justo la fosfodiesterasa 5, que es aquella sobre la que actúa el sildenafil?

¡Bingo! Era ésa. “Cuando determinamos que era la variedad 5, empezamos a usar sildenafil”, cuenta Patricia. No era nada personal, por supuesto. Trabajaron con hamsters machos, de entre tres y cuatro meses de edad, mantenidos bajo un régimen de 14 horas diarias de luz y diez horas de oscuridad: se monitoreó su actividad en esa ruedita que se les pone en la jaula para que corran. A diferencia de los usuarios humanos de sildenafil, “los hamsters son animales muy precisos: todas las noches (son de hábitos nocturnos) se suben a la rueda a la misma hora –reveló Patricia Agostino–: por eso resultan muy buenos para el estudio de los ritmos biológicos”.

Lo que hicieron los investigadores fue quitarle seis horas a un día de los hamsters, adelantándoles la llegada de la luz, casi como si los hubieran mandado a Europa: “Verificamos cuánto tardaban en reacomodarse, con y sin sildenafil: sin la droga, “tardaban 12 días en promedio”; con Viagra, “tardaban 8,5 días” en superar el jet lag.

“Y esto lo logramos con una sola inyección de sildenafil –se entusiasma la investigadora–: la droga más utilizada actualmente contra el jet lag, la melatonina, requiere varios días de tratamiento antes de que la persona viaje.” La dosis de sildenafil usada con los hamsters fue “de 3,5 miligramos por kilo de peso; la que se usa en experimentos sobre disfunción eréctil es de 5 miligramos”, precisó Agostino, y aclaró que “los resultados no son inmediatamente aplicables, ya que todavía no se experimentó con seres humanos”.

Los premios “Anti Nobel”, que “primero hacen reír y enseguida hacen pensar” se entregan en la Universidad de Harvard, Estados Unidos, por iniciativa de Marc Abrahams. Este año, además del de los argentinos (categoría “Aviación”), lo obtuvieron el británico Brian Witcombe y el norteamericano Dan Meyer, cuya investigación se refirió a “Tragar sables y sus efectos secundarios” (medicina); la investigación “Cómo se arrugan las sábanas”, de Enrique Cerda y L. Mahadevan (física), es de utilidad para estudiar las nanosuperficies, ultradelgadas. El anti Nobel de la Paz lo ganó el Laboratorio Wright, de la Fuerza Aérea norteamericana, por haber propuesto la “bomba gay”, un arma química que desorganizaría los ejércitos enemigos al hacer que sus soldados se desearan entre sí.

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Diego Golombek, quien recibió la distinción en Harvard.
 
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