SOCIEDAD › FORTUNATO MALLIMACI ANALIZA EL FENOMENO

“Como empresas de salvación”

 Por Alejandra Dandan

La corriente que ayer se reunió detrás de la convocatoria de Luis Palau es parte de los evangelistas pentecostales que crecen en los países emergentes en contrapunto con la economía. Los especialistas en sociología de las religiones suelen asociar estos fenómenos a épocas de precipitación de la economía. En esa línea, estos ámbitos de fe actuarían como tabla de salvación individual más que colectiva. Fortunato Mallimaci es doctor en sociología y profesor consulto de la UBA, desde ese ámbito dirigió una serie de investigaciones sobre el campo de las religiones pentecostales, base del movimiento expansionista de Luis Palau. En esta entrevista indaga sobre la trama social que sostiene el movimiento, inserta a Palau entre los líderes de opinión funcionales a los lineamientos de la derecha norteamericana, pero considera como un hecho social trascendente, distinto y complejo la aparición en el espacio público de las columnas pentecostales.
–¿Cuales son los sectores interpelados por un tipo de discurso pentecostal del que Palau aparece como emergente?
–Forman parte del gran movimiento pentecostal, de reavivamiento de los grandes grupos religiosos. Ni son la Iglesia católica ni son las iglesias tradicionales como las metodistas, luteranos o adventistas. Forman lo que alguien llamó la tercera oleada del protestantismo con características diferenciadas de otros. Son sectores medios, empobrecidos; sectores populares con algún tipo de problema, con alcoholismo, depresión, falta de trabajo, con el discurso central de que Cristo sana, que Dios salva y libera, y libera de los problemas, del pecado, de la opresión. Y en ese sentido aparece la idea de la prosperidad: en Jesús vas a salir de la actual situación que se padece.
–Es una prosperidad que se obtiene en un aquí y ahora, distinto tal vez a las promesas de salvación del discurso cristiano tradicional.
–Eso es lo interesante. Porque es una prosperidad actual con mucho énfasis en dos dimensiones: en el esfuerzo individual, a veces muy funcional a ciertos planteos neoliberales porque la salida allí no necesita de movimientos, de estructuras o de organizaciones. Pero al mismo tiempo hacen hincapié en lo emocional. Dan respuesta a la demanda de sentido en una época de incertidumbre y angustia. Cada pequeña comunidad brinda símbolos, creencias que les permite salir de la situación anterior.
–El esfuerzo personal aparece, entonces, como garantía de prosperidad. ¿La misma base del protestantismo?
–Pero el otro es mucho más racionalizado y éste es mucho más emocional. El otro es de un ascetismo intramundano, éste es mucho más de reconocer la religiosidad popular tal como la gente la tiene para partir de ahí y resignificarla. Gente que de alguna manera se reconoce como católico, pero no tiene participación activa en la estructura católica, es ahí a donde se dirigen.
–¿Existen desplazamientos importantes de uno a otro lugar?
–No hay iglesias católicas que se vacían y templos pentecostales que se llenan. Hay un reavivamiento de sectores sociales que no participaban en expresiones puntuales, que ahora lo hacen porque sienten la salvación, la sanación, lo emocional, el esfuerzo individual.
–¿La estructura de una economía expulsiva activa estos canales como vías de inclusión alternativa?
–Por supuesto. Ofrecen nuevos espacios públicos, brindan servicios y brindan redes donde la gente se reconoce. Son redes informales de apoyo sobre todo en un momento de retirada del Estado y crisis de los sectores educativos, de salud y laboral.
–La expansión parece lineal: a más crisis, más adscripciones.
–No sólo es así. También hubo expansión durante el gran auge menemista. La idea del bienestar y del que cada uno se salva por su propia cuenta, deun mercado todopoderoso, puede llegar a ser funcional con estas propuestas.
–En general los líderes como Palau son conocidos como pastores electrónicos. ¿Cómo es la relación con los medios de comunicación?
–Ellos se consideran empresas de salvación, empresas de cura divina. Funcionan con la idea de costo-beneficio, oferta y demanda, la teología de la prosperidad, con esa idea del Yo prospero en la medida que Dios me reconoce a mí. En el caso de los pastores electrónicos, muchas veces forman parte de la legitimación a ultranza de lo que se llama la nueva derecha cristiana en Estados Unidos con fuerte presencia en Bush y el partido Republicano. Con la crisis de representación de los partidos tradicionales, de la izquierda, han tomado un espacio muy fuerte con discurso en términos religiosos. Existe la idea de amigo-enemigo, el bien y el mal, el demonio, la destrucción del demonio en el cual, por supuesto, colaboran y mucho.
–¿Cómo analizaría la convocatoria de Palermo en ese contexto?
–Lo interesante es que expresa que la sociedad argentina es cada vez mucho más compleja y mucho más pluralista. Lo religioso está expresando esa diversidad de comprensiones de lo social, de las personas, de la cultura. Y vía los pentecostales, expresa una resignificación de experiencias populares a partir de la emoción y de lo individual. Los pentecostales encuentran un espacio de reconocimiento, en una sociedad que no los reconoce como culto serio. Esto muestra una profunda reestructuración del campo religioso, en el cual la Iglesia Católica ha dejado de ser la hegemónica y hoy se pone en competición con estos grupos, sobre todo entre los sectores populares.
–Y sumado a la crisis de descreimiento del Estado...
–Hay un grupo de gente que va encontrar ahí un canal casi natural.

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