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Sábado, 24 de septiembre de 2016

HISTORIETA  › WANG NING Y LA MUESTRA DE AUTORES DE CHINA EN EL PALAIS DE GLACE

“Tenemos superhéroes... al modo chino”

El curador de la exposición Descubriendo el manhua explica el panorama de los cuadritos en un país que supone un mercado gigante. Y expresa su admiración por los autores argentinos.

 Por Andrés Valenzuela

Tebeos en España, fumetti en Italia, comic en Estados Unidos, bande-desinée en Francia, manga en Japón. Y en China, manhua. Muchas formas de referirse a la historieta, un mismo lenguaje que, con sus particularidades, está prácticamente en todo el mundo. La historieta china, sin embargo, es casi un misterio por estas tierras. Las ediciones locales de autores del gigante asiático se cuentan con los dedos de una mano. Y con la otra se cuentan los humoristas gráficos argentinos que llegaron a publicar allí. Una exposición que se acaba de inaugurar en el Palais de Glace (Posadas 1725) permite acercarse a la producción china y oficia además de antesala de la quinta edición del Festival Internacional Viñetas Sueltas, que se realizará en el mismo lugar del 14 al 16 de octubre y contará con la visita –entre otros– de cinco autores de ese país. En las paredes del Palais, mientras tanto, se pueden apreciar 130 originales y otras tantas reproducciones de 17 dibujantes chinos que van desde los primeros autores de manhua moderno (década del 40 en adelante) hasta las últimas estrellas de la disciplina.

Wang Ning es el fundador de Beijing Total Vision y curó la muestra Descubriendo el manhua chino. Su empresa oficia por un lado como agente de derechos de autor, exportando la producción de los historietistas de su país (principalmente a Europa, Estados Unidos, Corea y Japón), y como editor, publicando allí historietas de todo el mundo. Hasta ahora –cuenta– exportaron 210 títulos, 160 de ellos al mercado francobelga, y distribuyeron en el mercado chino otro medio centenar de títulos. Uno de los que más lo entusiasman es Blacksad, de los españoles Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. En cinco meses agotó su primera tirada y en una gira promocional le alcanzaron dos horas en cuatro ciudades para vender 35000 ejemplares. Cuando la serie esté consolidada en el mercado, confía Ning, llegará a los 50.000 ejemplares vendidos al año. “En China un autor exitoso puede ganar hasta tres millones de dólares sólo en concepto de derechos de autor”, asegura.

Es que claro, siendo un país que contiene a más de la sexta parte de la población mundial, las posibilidades del mercado son enormes. ¿O no? El propio Ning matiza la cuestión: es cierto que con un 1 por ciento de la población que lea historietas, ya es un mercado enorme. Pero también es verdad que allí sólo los niños, adolescentes y jóvenes leen manhua. Y la mayoría se enfoca en los mangas importados de Japón. Justamente esa influencia es la más determinante en el estilo de los autores contemporáneos. “Hasta los años 40, la historieta en China eran libros pequeños, con una ilustración por página con un poquito de texto debajo –recuerda Ning–, pero luego llegó el manga y los adolescentes enloquecieron con ese formato, que pasó a dominar el mercado”. El estilo “mangoso” ahora domina en China. “Trato de explicarles a los dibujantes que mantengan su propio estilo, que está bien tomar de otros autores lo que les gusta, pero que tienen que ser ellos mismos”, comenta. Pese a esto, el propio Ning anticipa un profundo cambio en el sector. “El gobierno está viendo con malos ojos que los jóvenes lean tanto manga y empezó a organizar festivales y concursos en los que se premian historietas que tengan que ver con China, así que creo que pronto habrá un viraje en los temas y estilos que estamos acostumbrados a ver allá”.

¿Es posible ver argentinos publicados allí? Ning conoce bastante a los autores nacionales por su visita en 2015 al festival Comicópolis. “Enloquecí con la calidad y diversidad de los dibujantes argentinos, ¡son muy talentosos! Pero creo que el 60 por ciento no podría publicar en China”, lamenta. “No es una cuestión de talento, es que allá tenemos leyes estrictas sobre qué se puede publicar y si los libros tienen algo de violencia, política, sangre, sensualidad... no podemos”. Siguiendo con el caso Blacksad, el editor cuenta que para publicarlo tuvo que “vestir” a los personajes ya desde la primera página de la saga. El resultado de estas restricciones, señala, redunda en lo “acotado” del mercado a los lectores más jóvenes. “Esa es otra gran diferencia que encontré con Argentina cuando vine el año pasado”, destaca. “En mi primera visita fui a una librería y había una presentación, había varios dibujantes, muchos de ellos mayores y público de todas las edades escuchando, incluso una señora grande, de quizás 60 o 70 años. Eso allá no se ve”.

Pero no es solo que no se ven lectores mayores: tampoco se ven autores grandes. Muy pocos superan los 40 y siguen dibujando historietas, revela Ning. “Si tenés familia, querés hijos y tener tu propio auto, vivir como dibujante de historietas es muy difícil; la gente te dice que sos un perdedor por hacerlo, entonces sólo lo hacen los jóvenes, que quieren ser superestrellas adolescentes y tener fans”.

“Sí, en China tenemos superhéroes, pero no son como los norteamericanos”, explica Ning. “Los hacemos al modo chino”, sonríe. ¿Cómo es eso? “Bueno, en China suceden cosas malas, como en todos lados, pero si en los comics estadounidenses siempre una persona salva el mundo, en China los héroes trabajan junto a sus colegas, la policía, el gobierno y otros héroes, ¡y siguen siendo superhéroes!” Además, destaca, la gran mayoría de las historias no se sitúan en el presente. “Tenemos mucha fantasía, ¿conoce La leyenda del Rey Mono? Es un clásico allí y muchos de nuestros comics son así, ambientados 2000, 5000 años en el pasado porque no hay ninguna ley que te diga cómo era esa época, entonces podés inventar, cambiar personajes, hechos, historias, lugares, ¡es más fácil!” Publicar en China, queda claro, supone un enorme desafío desde todo punto de vista. Sin embargo, Ning es optimista. “Los autores argentinos son muy profesionales e intentaré publicarlos en China, y también chinos en Argentina. Creo que tarde o temprano tendremos éxito”.

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“En China un autor exitoso puede ganar hasta tres millones de dólares en derechos de autor”.
Imagen: Carolina Camps
 
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