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Sábado, 24 de septiembre de 2016

MUSICA › RAUL PORCHETTO Y UNA EMOTIVA CELEBRACION

Encuentro en el fogón

Junto a una banda impecable, el músico recorrió canciones de todas sus épocas y reservó para el final el momento esperado: junto a León, Charly, Nito y María Rosa, Porsuigieco volvió a sonar.

 Por Diego Fernández Romeral

Los aplausos piden algo más que unos bises. Piden un reencuentro que vuelva a traer al Teatro Coliseo ese hechizo que Raúl Porchetto pergeñó junto a otros cuatro magos del rock argentino: piden a Porsuigieco. El telón ya cayó. Son las doce de la noche y Porchetto acaba de despedirse con un “buenos días para todos”, luego de casi tres horas de un recital en el que recorrió sus cuarenta y cinco años viviendo junto a la música. Cuando el telón se vuelve a levantar, por unos breves segundos se impone un murmullo casi silencioso. Los cinco están allí: Charly García, León Gieco, Nito Mestre, María Rosa Yorio y Raúl Porchetto, juntos sobre un escenario después de cuarenta años. Ahora el público, que acompañó de pie en pocas canciones, se agolpa bajo el escenario y algunos se suben por los costados. Lo que suena es “El fantasma de Canterville”, y lo que emana de las miradas y las voces que acompañan a la banda es gratitud.

La noche comenzó con una leyenda narrada en imágenes, proyectadas en pantalla gigante. Contaba la historia de un hombre que vivía solo en un bosque y había dado con la manera de poner contento a Dios. En su soledad, descubrió que lo único que debía hacer era encender un fuego y cuidarlo durante las noches. Y eso le enseñaba a cualquiera que quisiera comprender la felicidad. Luego, el Teatro Coliseo se oscureció por completo y el sonido de un saxo entre las butacas se fue haciendo más fuerte. El actor Facundo Arana caminó tocando hacia el escenario por el pasillo central, y se subió de un salto. Allí dijo solo una frase: “bienvenidos a una noche mágica”.

“Ellos pueden lastimarte / hacerte añicos / despedirte con un soplo de la vida / y aún así el poder seguirá en vos”. “El poder del universo” fue el tema con el que Raúl Porchetto comenzó el recorrido por las treinta canciones que eligió para este recital, acompañado de una banda que sonó ajustada en todo momento y que tuvo a su hijo en teclados y a su hija en los coros, junto a quienes hizo una potente versión de “Los cisnes no cantan cuando mueren”. Para Porchetto, se trató de un festejo más que de un reconocimiento. “La música es mucho más importante que una carrera”, dijo desde el escenario. “Y acá estamos para darles y darnos un momento de felicidad”. Así fue transitando la noche, hablando con el público, riéndose de que aún se mueve bien para “estar viejito” y agradeciendo no haber nacido en la Edad Media y que lo colgaran por hacer un disco como Cristo Rock: “Gracias a Dios, así se cometió un asesinato menos”.

Las búsquedas espirituales de este músico que aún conserva su parsimonia pueblerina y una voz tierna que no le escapa a los tonos más agudos, marcaron el pulso del recital. Sin ninguna ornamentación en el escenario y con un juego de luces austero, las que brillaron fueron las canciones. El primero de los invitados fue Willy Iturri –baterista de GIT, Porchetto y Charly García– para “Metegol”, y luego Lito Vitale lo acompañó en la “Obertura” de Cristo Rock, que el año pasado presentaron en la basílica de Luján. Para el segmento acústico Porchetto recibió a Sandra Mihanovich para hacer “Mercedes en silencio” y a Nito Mestre en “Sentado en el umbral de Dios”. Ahí fue cuando hizo su primer guiño para anunciar el reencuentro final: “Si se portan bien, capaz vuelve acompañado”. Siguió el turno de León Gieco, que presentó “Che pibe” asegurando que después de las últimas elecciones nacionales, se habían dado cuenta de que le faltaba una parte: “Che pibe, vení vota, pero votá bien”.

A casi dos horas de haber comenzado, Porchetto se movía como si aún estuviese en su juventud tocando con Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll. Recorría el escenario de lado a lado, y así fue como desplegó junto a Juanse de Ratones Paranoicos un duelo de guitarras al borde del escenario, en el tema “Nena sacate la careta”. Durante toda la noche, sus palabras en el micrófono siempre se refirieron a “frenar las guerras”, “encontrar el amor” y “vivir en paz”, como un corredor de posta buscando entregar la filosofía acuñada por el movimiento hippie que nutrió sus canciones y su vida. Y eligió cerrar su festejo recordando a su amigo Sandro con un video en el que cantaban juntos “Bailando en la vereda”, para luego invitar a Palito Ortega y hacer el tema en vivo, quien si bien se perdió un poco con la letra de la canción, se hizo escuchar en el estribillo: “Esta es tu noche”, le cantó. Y solo quedó el saludo de Porchetto antes de que el telón bajara y el reencuentro se hiciera realidad.

Así, con parte del público sobre el escenario como en un encuentro fogonero íntimo y la gran mayoría amuchada debajo, Porsuigieco hizo versiones de “El fantasma de Canterville” y “Algo de paz” en las que poco importó un sonido traicionero que hizo que por momento las voces se perdieran. Pesó mucho más ver a los cinco músicos juntos, volviendo a producir ese acto misterioso en el que algunos pocos logran convertir canciones en puertas hacia algo desconocido. Luego de que el telón cayera de nuevo, nadie quería quedarse solo con eso. Y los músicos tampoco. Siguieron tocando y el telón volvió a levantarse. Esta vez las luces estaban encendidas y se veía la utilería acumulada en el fondo del escenario. La canción se repitió: de nuevo “El fantasma de Canterville”. Pero todo eso no tenía importancia. Lo único que importaba era volver a sentir ese fuego que hace feliz a Dios, y que esos cinco músicos estaban encendiendo una vez más.

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El cierre fue a pura emoción con “El fantasma de Canterville”.
Imagen: Alejandro Leiva
 
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