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Sábado, 24 de septiembre de 2016

MUSICA › RITA CORTESE PRESENTA CANCIONES DESESPERADAS EN LA SALA CARAS Y CARETAS

La música como un antídoto

“Las canciones tienen que tener algo que me emocione: que no sea una canción vana”, sostiene la cantante y actriz, que rescata el rol del arte “para abrir caminos en el alma de la gente” y presenta una nueva selección de boleros y tangos.

 Por Karina Micheletto

“Estaba escuchando tango… ¡Mercedes Simone! Calza justo para estas épocas: buen maridaje, que le dicen”. Rita Cortese larga la carcajada ya antes de empezar la nota. No es que tenga noticias felices alrededor, como dejará claro enseguida. Pero cierto modo de ser y estar empapa a esta actriz y cantante, también cuando habla. Hoy a las 21 presentará sus Canciones desesperadas en la sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037). Será una selección de boleros y tangos que mostrará junto a Ariel Argañaraz en guitarra, Ariel Polenta en piano y Federico Vázquez en bandoneón, entre los que habrá, adelanta, varios nuevos para su repertorio.

“Hay algunas Canciones desesperadas de las que no me puedo despegar, y hay muchas Nuevas canciones desesperadas”, pone el título Cortese, y cuenta que entre el repertorio que se agrega hay “joyitas” como “Naranjo en flor” o “Guitarra dímelo tú”. “Es un espectáculo que está atravesado por las emociones, que es lo que a mí me importa, y alberga todo tipo de desesperación: la del amor, la de la vida y la de la muerte, como dice la canción”, explica, e ilustra la idea con uno de los poemas que intercala entre tema y tema: “Yo no vivo, yo ardo, yo no lloro, yo lluevo, yo no pinto, yo destilo. Y así todo todo el tiempo”. “Es de Eduarda Mansilla, ella lo escribió en 1856, ¡¿lo puede creer?!”, comparte.

–¿Y cómo elige esas Canciones desesperadas, qué tienen que tener?

–Tienen que tener algo que me emocione. Busco que no sea una canción vana, que atraviese también en algún punto al que la está escuchando. “Las nanas de la cebolla”, de Miguel Hernández, sería un buen ejemplo de esas de las que no me puedo despegar. Es la última carta que le manda a su mujer, Josefina Manresa, antes de que lo fusilara Franco. Es tan bella y tan tremenda, esa cuna del hambre… ¡La escuchás hoy e inevitablemente te acordás de Bonadío!

–¿Le pasa que se resignifiquen de ese modo, según el contexto?

–¡Absolutamente! Porque ese es el rol del arte. “Golondrinas”, yo lo siento como un canto a Eva Perón: habla del pueblo, de la clase media argentina, que siempre está mirando para afuera…

–¿“Golondrinas” y Eva Perón? Usted está muy politizada, le diría una conductora…

–¡Gracias a Dios! (risas). De verdad, si uno sigue la letra con esa premisa, es muy impresionante. Haga la prueba.

–¿Cuánto de la actriz que hay en usted se sube al escenario para cantar?

–Lo que más se sube es la experiencia de escenario, y la facilidad para generar imágenes: lograr que una sola palabra abra todo otro mundo. Los actores trabajamos con esa materia y tal vez tenemos más a flor de piel esa capacidad para hacer volar a partir de una palabra, de una línea, de un texto. Pero insisto: sobre todo tengo a mi favor el escenario como un lugar muy conocido.

–La habrá ayudado también en esa complicidad que sabe crear con el público…

–No, porque en ese sentido el teatro que he hecho es muy clásico, respeta la cuarta pared. Ahí no tenés contacto con el público, más que energéticamente, en todo caso. Digamos que la cantante también le dio mucho a la actriz: esa otra experiencia de comunicación desde el escenario es muy interesante también.

–¿En su caso cantar empezó a partir de actuar?

–A mí me hizo cantar por primera vez Jaime Kogan en el 80, en obritas de teatro, cositas muy chiquitas. Después en Recuerdos son recuerdos cantaba nada más, porque nunca me gustaron las mezclas. Esa cosa de cantar y decir, no: a mí me gusta o cantar, o decir. Entre tema y tema sumo poesías, pero salvo que me dé el lujo de leer algo de Urdapilleta, sigo de largo.

–¿Por qué Urdapilleta?

–Fue mi gran amigo, fue mi hermano, y fue un talento enorme. Y yo necesito recurrir a su poesía, a su literatura. El dejó mucha tela para cortar, para seguir abriendo caminos en el alma de la gente. Además, hablando de contextos, hay un poema suyo que es tan atinado en estos tiempos: “En el cielo las estrellas, en el campo las espinas, y en el medio de mi pecho… ¿¿¡¡qué pasó!!??” ¡Se llama “¿Qué pasó?”! (risas).

–Está trabajando en el Instituto Patria. ¿En qué consiste su trabajo?

–Estoy en el área cultural, junto a mucha otra gente muy valiosa. Me ayuda muchísimo estar ahí en este momento de tanto dolor del país, me da un sostén muy grande. Porque siento que somos muchos los que estamos manteniendo vivo ese corazón del proyecto que yo abracé estos doce años, y que sigo abrazando. ¡No lloro, pero me acuerdo, como decía Chavela Vargas! (se ríe). El mío, como todo el trabajo que se hace allí, es ad honorem, y no es una fundación, es un instituto, a la manera del de Lula. Ahí trabajo junto a gente como Teresa Parodi, que para mí es un faro. Es un gran aprendizaje.

–De todo lo que cambió en este tiempo en el área de cultura, ¿qué le preocupa más?

–Como actriz, me duele especialmente que se frene todo el impulso que se dio a la industria audiovisual. En la televisión argentina hubo dos grandes momentos: uno, con Alfonsín, cuando se hizo la mejor televisión. Y el otro en este período anterior, con todos los productos nuevos que surgieron. Pero no quiero resignar lo cultural solo a las bellas artes: La destrucción de las “qunitas” también es un proyecto cultural. Porque no es que no hay un proyecto cultural: hay uno, muy concreto, y muy perjudicial para el pueblo argentino.

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Cortese se presenta junto a Ariel Argañaraz, Ariel Polenta y Federico Vázquez, en Sarmiento 2037.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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