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Viernes, 21 de noviembre de 2008

MUSICA › ENTREVISTA A LILA DOWNS

“Plantearse como una hojita que cae del árbol”

Su espíritu trotamundos y su crossover de estilos no le impide estar en intensa conexión con sus raíces de Oaxaca: “La inquietud es siempre crear un nexo con los lugares y la música abre el camino”, dice la artista que, con nueve discos en su haber, presentará Ojo de culebra el próximo 4 de diciembre en el Teatro Gran Rex.

 Por Luis Paz

“Tu cuerpo va cargando cadenas, cadenas de todos los tiempos.” Estos versos, prefacio de Ojo de culebra, bien podrían ser parte del prólogo biográfico de Lila Downs, que el próximo 4 de diciembre traerá su voz cargada de cantos ancestrales y denuncias indígenas matizadas por su tradicional crossover de géneros al Teatro Gran Rex. Será la primera visita de esta compositora mexicana, miembro y vocera de los pueblos indígenas y suerte de trotamundos musical a la manera de Manu Chao o Amparo Sánchez, aunque con una dosis menor de rock y mayor de tropicalismo y folklore. La doble excusa –para su show y para esta entrevista– es el lanzamiento de Ojo de culebra, su noveno disco, luego de Ofrenda, El árbol de la vida, The border y Una sangre, entre otros álbumes que ya le valen un espacio en el cancionero popular mexicano.

Es curioso que la voz seductora y expresiva que saluda sea la misma que, con acidez y gran densidad, denuncia la injusticia política, reproduce la voz de los inmigrantes y aboga en sus temas por la transformación social. En particular, los trece que componen su flamante disco (Shake away / Ojo de culebra, publicado en septiembre por EMI), producido por Lila y su marido e inseparable productor Paul Cohen y grabado en Nueva York, segundo hogar de Downs, nacida en Oaxaca, México, hace cuarenta años.

En él, los instrumentos populares se mezclan con la electricidad moderna y la posmodernidad digital, como soporte musical en clave de folklore andino, rock sajón y pulso centroamericano de las colaboraciones de Mercedes Sosa, Raúl Midón, Rubén Albarrán (ahora Ixaya Mazatzin Tleyotl), Enrique Bunbury, La Mari y Gilberto Gutiérrez. Por temática y espíritu colaborativo, el resultado final es un crisol de canciones festivas y reflexivas, densas, ligeras y bailables. “Tuve fortuna de toparme con músicos muy grandes que se unieron a mi deseo de crear algo distinto. Pude tocar con venezolanos, chilenos, colombianos, cubanos, norteamericanos; esas son experiencias únicas que te aportan parte de la riqueza y las vivencias de todos ellos”, concede Lila Downs, ganadora de un Grammy a disco folk 2005 por Una sangre y candidata al Oscar como partícipe de la banda sonora de Frida.

–Que el disco comience con “Ojo de culebra”, un tema sobre la renovación mediante el regreso a las raíces, se parece a un manifiesto...

–Por un lado, debía hacer catarsis sobre la represión a nuestros pueblos. Yo soy de Oaxaca, donde celebrar nuestro orgullo indígena nos causa muchos problemas políticos. Vi Oaxaca ocupado por tanques de guerra, tengo conocidos que fueron desaparecidos, necesitaba hablar de eso. Y a la vez necesitaba quitarme cosas feas, como la enfermedad que tuve hace dos años, para quitarme la piel vieja, como la culebra, y celebrar con una piel nueva.

Parte de esa catarsis se expresa en “Justicia”, un dueto junto a Bunbury con una fuerte carga de denuncia (“una guerra tapa con su manto una calle con hombres quebrados, donde manda la ley de la selva”). O en “El perro negro”, con Albarrán, el histriónico vocalista de Café Tacuba, una canción que según explica Downs “habla de ese personaje que todos traemos dentro, que se hace animal y comete maldades”. Así es como se piensa en su tierra: “La gente huyó de mi pueblo por historias oscuras, mágicas”, cuenta.

–Un artista muy importante para Argentina, Miguel Abuelo, se pregunta en una canción “¿qué clase de rico será quien no lleve todo junto y en un solo puño la psiquis y el latir de su pueblo?”. ¿Tiene que ver con eso?

–La inquietud es siempre crear un nexo con los lugares, y la música abre el camino. Nunca me había atrevido a una ranchera, y hacerla me llevó a jaripeos y a sitios donde se enlazan vacas y se canta el mariachi. Fue una experiencia nueva. En lo humano, hay una necesidad de identificarnos con los marginados. Tocamos “Moment in wait”, un blues en inglés que habla sobre la migración ilegal y que tuvo mucha recepción porque en Estados Unidos no hay temas que hablen de eso, es un tabú para demócratas y para republicanos por igual.

–En Ojo de culebra siguen presentes los ritmos tropicales y andinos, pero hay más música negra y sajona, como lo es precisamente el blues.

–Desde que empecé a cantar en bares de mi tierra y en Filadelfia deseaba hacer algo con raíces de blues, de música negra del sur de Estados Unidos. Compuse la primera canción en 2005. Armar una banda y girar fue difícil porque hace dos años me enfermé. Pero hacerlo al fin es emocionante.

Durante aquellos meses difíciles, de cansancio, malestar y tratamiento, Lila conoció a La Mari (cantante de Chambao), con quien funde su voz en el tema que da nombre al disco para cantar sobre esa renovación. “Muchas veces a las mujeres nos toca ser mediadoras y cargamos con cosas muy complejas, por eso grabé ‘I would never’ y ‘Black magic woman’”, revela Lila, fruto de la pasión entre una cantante de cabaret y un profesor de cinematografía escocés radicado en Minnesota. “La Mari, como los otros que colaboraron, me hicieron crecer musicalmente, me empujan a frasear distinto porque en vivo ellos no están, pero se siente su energía”, destaca Downs, también antropóloga.

–¿Qué significó para usted la colaboración de Mercedes Sosa?

–Siempre digo que Mercedes es como mi madre, aunque la descubrí a los dieciocho. Había oído a Silvio Rodríguez y a Pablo Milanés, pero fue distinto. Con ella me di cuenta de que podías cantar con virtuosismo y con un mensaje a la vez. Eso me cambió la vida. Fue mágico trabajar con ella. ¡Y qué gusto me daría tocar con ella en vivo! Se me pone chinita la piel. Pero debemos ver qué nos dice, porque sabemos que está delicada de salud.

–¿“Tierra de luz” surgió antes de sumarla o con ella en el estudio?

–El tema lo compuse para ella, con la idea de la nostalgia de los que están lejos de su tierra. Por eso el tema lleva acordeón, que es algo panamericano que nos acompaña a los latinos cuando dejamos nuestro país.

“¿Dónde estás tierra de mi corazón? No es que yo esté llorando, el río se desbordó”, remata la Negra en esa canción, retrucando el “soy como el polvo que flota por el mundo infame y pobre” que entona Lila sobre un ritmo con calor andino y fraseo gauchesco. “Siempre sentí que se me daba fácil cualquier estilo, a veces me veía más como una intérprete de Broadway que como creadora. Fue un reto encontrar una voz que se distinga pero que a la vez llenara géneros tan diferentes”, admite Lila, a quien le encantaría incluir a Pedro Aznar o a los músicos de Bersuit Vergarabat –“unos personajes que me encantan”– en su próximo trabajo discográfico.

–Bueno, tiene muchos instrumentos que cubrir: guitarra, piano, timbales, hasta acordeón...

–El acordeón aparece porque en nuestras giras fuimos viendo que siempre acompaña el exilio, la melancolía del que no está en su tierra. Y se usa de formas distintas en América: en Argentina están los acordeones tristes del tango, en Perú los usan para sus carnavales. Era un instrumento que nos pareció que debía estar para mostrar mejor eso.

–Su condición de antropóloga, ¿la ayuda o la perjudica al componer?

–En verdad, lo hace más complicado, porque me preocupa respetar la tradición. Pero hay que hacer como describen las chamanas: plantearse como una hojita que cae del árbol y alinearse con el propio sentir y caminar.

–Muchos artistas no se toman ese tiempo, ¿no le parece?

–Me preocupo por abordar ciertos temas, aunque sin lanzar bandera. Creo firmemente en que saliéndose de la retórica y la bandera se puede lograr mucho a nivel comunitario. Pero es difícil de procesarlo para cantar. Veo a compañeros que hacen sus trabajos cada vez más rápido, que cada año sacan algo nuevo. A mí me cuesta mucho hacer un álbum, porque giramos mucho.

–Esta gira la trae a Argentina, ¿qué espera de su show en Buenos Aires?

–Estoy tan ansiosa... Nunca estuvimos allí y siempre es enriquecedor conocer otro pueblo. Es curioso pero normalmente los argentinos son los que más nos saludan en nuestro MySpace. Teníamos muchas ganas de tocar allí y falta tan poco... A ver, deje chequear en la web. Sí, 4 de diciembre, Gran Rex.

–Así como le aplica nuevas tecnologías sonoras a su música, las aplica a su vida, ¿no?

–Es como inseparable lo que hago con mi música en cada momento con lo que estoy haciendo en mi vida. Y también es inseparable en este hiperconecta tan loco, ¿no?

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