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Viernes, 3 de febrero de 2012

MONDO FISHION

La omnipresente Amy

 Por Victoria Lescano

Al cierre de la semana de alta costura de París Colecciones primavera 2012 y en el desfile del modisto Jean Paul Gaultier, las modelos que portaban pelucones en rosa chicle, azulino, rubio, zanahoria platino, negro azabache y en sus rostros llevaban lunares de kohol y tres capas de delineador trazadas para el efecto trasnoche portaron en sus delgadas siluetas variaciones sobre la corsetería, uno de los pilares del estilo Gaultier y guiños al manual de estilo de la diva soul Amy Winehouse. De una pasada inicial con la mannequin ataviada con falda lápiz en azul y cinturón verde, blusa amarilla que dejaba entrever el corpiño balcón –uno de los ejes de la colección se llamó Rehab– a un maxivestido rojo de matices orientales, con corsage bordado y aros largos realizados en strass, un vestido con corsé folk de bordados florales que lució el chico chica Andrej Pejic, pasando por combinaciones de malla de red negra con tules y velos, vestidos de noche con rasgos de animal print.

El fetiche fue el vestido con corsé blanco que recordó las míticas realizaciones de Gaultier para Madonna. Pero las críticas no tardaron en llegar del lado de Mitch Winehouse, el padre de la cantante (quien tras la muerte de su hija, en julio de 2011, ideó una fundación para cobijar personas propensas a adicciones, además de sorprender a los fans que improvisaron un altar frente a la casa londinense de la cantante, regalándoles buena parte de sus ropas, vestidos, remeras y joyas de fantasía).

Gaultier, quien ahora vendió su firma al grupo Puig –se pronuncia Puch– fue el responsable del corsé en punta para la gira Blonde Ambition Tour (y que, según cuentan, se plasmó en la Navidad de 1989, luego de que Madonna rechazara quince bocetos previos) y de flirtear una y otra con el uso de corsetería a la vista indagó aún más en la categoría icono de la moda de siglo 21 de Winehouse. Mientras que la música de silueta XL Beth Ditto y la fetichista Dita Von Teese oficiaban de musas de la música y de la corsetería en la primera fila, en los alrededores de la pasarela cuatro cantantes que emulaban la vieja escuela del soul entonaban a capella hits de Amy.

Winehouse, quien en ocasiones declaró haberse inspirado en el estilo pin up y los vestidos de The Ronettes (leáse Verónica Benett, su hermana y sus primas, la súper banda que produjo Phil Spector) circa 2007 y en el apogeo de su corta carrera, fue homenajeada en vida por Karl Lagerfeld en su colección para Chanel: el mítico traje sastre de Coco irrumpió en modelos con superbatidos a imagen y semejanza de Amy, la colección fue un éxito de ventas y las pelucas y su maquillaje irrumpieron en las cadenas más populares. Ya en 2010, Amy había diseñado una pequeña colección de catorce trajes para la firma Fred Perry inspirada en la moda americana de los años cincuenta y en el art déco de Miami; con bolsos y vestidos camiseros con estampas de gafas de sol, juke boxes o Cadillacs en tonos azul, rosa y negro, disponibles en la web de Fred Perry desde diciembre de 2011.

Pero el disparador winehouseano de la colección del modisto francés se alimentó de otros discursos: chaquetas de cuero con costuras y ballenas de un buen corsé, mangas de estilo deportivo, que recordaron los usos de los outfits del gym para la disco que antaño impusiera Madonna. En muchos trajes dos piezas, sastres de color negro o rojo y negro, por debajo de las faldas asomaban delicadas puntillas de chantillí en tonos marfil.

Lejos de los homenajes parisinos, la vigencia del estilo Amy prolifera en el circuito local: vi un clon de Amy en un ómnibus de larga distancia con destino a las sierras de Córdoba: iba en el pasillo contiguo a mi asiento, transitó doce horas con un modelito de mono a rayas, zapatos flat blancos –los que solía usar Amy debajo del escenario– profusión de pulseras tintineantes y de aros, el maquillaje con su delineado cada vez más impecable en su efecto trasnochado. La Amy de las sierras tenía como destino la aridez western de Cruz del Eje, aunque me pareció escucharle decir a uno de los múltiples festejantes a bordo –uno le traía agua, otro le servía café– que cuando no asiste en un bufete de abogados del conurbano oficia de reina de comparsa en Gualeguaychú.

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