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Viernes, 28 de octubre de 2005

MONDO FISHON

Sube la ropa, baja la terapia

No seremos muy, pero muy previsibles? ¿Será que debemos volver de rodillas a pedirle a Maitena –humorista retirada de la tira diaria, crítica ácida de las costumbres femeninas más superfluas– que vuelva a plantarnos en la cara el espejo de sus dibujos para que volvamos a tener conciencia? ¿No es suficientemente duro tener que encontrarse con publicidades de shoppings que muestran al género femenino como si todas fuéramos consumistas, frívolas, hedonistas y lo peor –y más irreal– llenas de dinero para gastar en huevadas? Pues por algo se hacen esas publicidades, chicas, algo están diciendo de nosotras que los números exhiben crudamente aunque sigamos diciendo que nos sacrificamos por nuestros hijos, que nuestras ansias de superación nos llevan de narices por divanes y consultorios. Los números de la consultora ACNielsen, por ejemplo, son claros: Es verdad, en 2004, las mujeres invertimos en terapia un 8,9 menos que el año anterior. Un gasto apenas menor que aquel desembolsado en conectarnos a Internet, que aumentó en el mismo lapso un 11,2 por ciento. Es lógico, la necesidad de estar conectada con el mundo, con la información, cuesta. Por eso fuimos al cine un 13,8 por ciento más y por la educación de nuestros hijos e hijas hemos vuelto a los colegios privados (abandonados en masa circa 2002) invirtiendo un 6,7 por ciento más en 2004 que en 2003. Pero de verdad, de verdad, lo que aumentó marcando picos similares a los del Aconcagua es la ¡compra de indumentaria! y de teléfonos celulares, claro, que en eso vamos parejas con cualquier otro género (más allá de la franja etaria, incluso). ¿Pero tanta ansiedad por las marcas? ¿Tanto hacía que no nos comprábamos ropa que apenas la estabilidad ganada en 2004 (y perdida ahora mismo, en 2005) nos dio un respiro salimos a comprar ropa aumentando ese consumo un 35, 2 por ciento? Y eso por no analizar las conductas de las jóvenes, ya que si hablamos de menores de 30 ese mismo consumo aumentó ¡más del 50 por ciento! Y bueno, la vida es corta, dirán las chicas, y los gustos hay que dárselos en vida. Aunque si es por eso, las de más de 40 deben haber encontrado gustos mejores, ya que solo invirtieron en indumentaria un 12,2 por ciento más que en 2003. Una sabiduría de la que es necesario aprender y que lleva tiempo y terapia. Porque mientras las jovenzuelas gastan en pilchas apenas pisan el diván –5,6 por ciento–, las que están entre 30 y 40 acuden en feliz montón –son las que más se volcaron por la terapia, aumentando un 18,3 por ciento, mientras que compraron un 40 por ciento más de ropa– tal vez para acostumbrarse a un tránsito difícil hacia los 40, cuando se retirarán de los divanes –aumentaron sí, desde 2003, las que acuden pero sólo un 6,3 por ciento– y también dejarán de comprar ropa como tontas. La pregunta es: ¿Habrán descubierto algo como para dejar shoppings y terapia a un mismo tiempo? Ojalá, porque si algo es seguro, todas caminamos hacia allí.

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