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Viernes, 28 de octubre de 2005

EN EL CORREO

Madre separada

Mensaje:

¿Hace unos días me estoy preguntando por qué las mujeres separadas tenemos que ser madres-padres de nuestros hijos? ¿Por qué, cuando nos separamos, nosotras tenemos que hacernos cargo de todo y ellos, en su gran mayoría, vuelven a disfrutar de su soltería? ¿Por qué tenemos que ser fuertes cuando queremos sentarnos a llorar horas enteras y sacar sonrisas cuando lo único que tenemos son lágrimas de angustia, de impotencia? ¿Por qué yo, madre separada, tengo que luchar sola día a día frente a un millón de adversidades cotidianas, si el hijo es tanto mío como de él? ¿Por qué comprarle un par de zapatillas a mi hijo se hace una misión prácticamente imposible y el padre de mi hijo se compra zapatillas de trescientos pesos, cuando las del hijo cuestan exactamente el 10 por ciento? ¿Por qué él puede edificarse una casa, comprarse una moto, ropa de marca, celulares, etc., y mi hijo y yo estamos a punto de ser desalojados porque debo dos años de alquiler?

Y de tanto pensar, encontré la respuesta.

Puede, porque no tiene responsabilidad, porque no tiene sentido común, porque no le tiene miedo a la ley, porque sabe que yo no puedo pagar un abogado para reclamar lo que le corresponde a mi hijo, no sólo por derecho legal sino por derecho moral. Puede, porque los abogados gratuitos tardan siglos y la mayoría de las veces están de paro; puede, porque tiene la bajeza, la falta de moral y la cobardía de poner las cosas a nombre de otras personas.

Puede, porque la moto, la casa, la ropa de marca, las zapatillas de trescientos pesos, los celulares y demás se las compró con el dinero de los alimentos que le negó al hijo, a su único hijo, un hijo de casi siete años de los cuales el padre estuvo presente sólo dos, un padre que le negó una fiestita de cumpleaños argumentando que no era necesaria, un padre que le negó cobertura médica durante un año, un padre que se enteró dos años más tarde a qué jardincito iba su hijo, un padre que jamás fue a un acto escolar, un padre que transporta a su hijo en una moto en la parte trasera y sin casco por la Av. Gral. Paz, un padre que me hace firmar un recibo por 9 pesos de un antifebril para el hijo, un padre que se niega a ayudar a su hijo a hacer los deberes, a su hijo.

Un hijo que quiere ser artista, que quiere ser “pintor de cuadros”, que quiere ir a natación, que quiere aprender informática, que quiere tener un padre que lo apoye, que quiere crecer con todas las oportunidades, y esas oportunidades se las tengo que dar yo, sola, desocupada, desalojada, sana o enferma, cansada o llena de energía, feliz o triste, pero yo. SOLA.

¿Hasta cuándo estas mamás vamos a seguir solas?

De: Silvina Julia Ruiz
DNI: 23.362.134

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