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Viernes, 28 de octubre de 2005

TALK SHOW

Aventurera obstinada

 Por Moira Soto

Hace seis años, la escandalosa y talentosísima dramaturga inglesa Sarah Kane se ahorcaba a los 28 en un hospital de Londres, donde estaba siendo tratada después de tragarse un puñado de pastillas para dormir porque ya no podía seguir viviendo en el mundo deshumanizado y violento que reflejó en sus piezas de teatro: Cleansed, Crave, Phaedra’s Love, 4.48 Psychosis... Una autora radicalmente revulsiva, obsesionada con las atrocidades del último siglo –las guerras, los genocidios, las torturas, la explotación, el hambre–, que despertó gran interés en Europa (en nuestro país, nadie se atrevió todavía con ella). Del 9 al 11 de diciembre próximo, en el Piccolo Teatro Strehler de Milán, la inmensa actriz Isabelle Huppert protagonizará la última pieza de Kane, cuyas entradas –puestas a la venta en julio pasado, según el aviso que ilustra esta columna– ya están agotadas.

No es la primera vez que la pálida y pecosa pelirroja, que este año cumplió los 50, interpreta el muy difícil monólogo de esta autora que ha sido considerada heredera de Edward Bond y Samuel Beckett, un texto que alude a esa hora de la madrugada en que alguien tiene una terrible iluminación sobre los horrores perpetrados por los hombres. En el 2003, dos años después de haber hecho una Medea muy elogiada en el Festival de Aviñón y antes de abocarse al tremendo film La pianista, de Michael Haneke (sobre la novela de Elfriede Jelinek), Huppert realizó una gira con 4.48, bajo la dirección de Claude Régy, quien también hizo la régie en 1992 del oratorio Juana de Arco en la hoguera, de Arthur Honegger, recitado por la múltiple e incansable Isabelle. Para cerrar el círculo –es un decir porque, tratándose de esta osada aventurera, nunca se sabe– después de estrenar un nuevo film –Les soeurs fachées, de la debutante Alexandra Leclère– y de estar en una puesta de Hedda Gabler, de Ibsen, I. H. firmó para hacer la régie en el 2006 de la opera Ifigenia en Taúride, de Gluck, en la Opera Nacional de París, convocada por su director, Gérard Mortier.

Aunque empezó con un papelito en la película Faustine (1971) de Nina Companeez, a los 16, y después visitó brevemente cerca de veinte films, el arranque fulgurante de Isabelle Huppert se produce en 1977, con La dentellière, realización de Claude Goretta, seguida de Violette Nozière (1978), de Claude Chabrol y de Sauve qui peut (1979) de Jean-Luc Godard. Desde ese entonces, esta actriz de físico menudo, cuyos cachetes redondos se han ido afinando con el tiempo, no ha parado de laburar ni de recibir premios. Ni de intrigar a la crítica, empeñada en desentrañar el “misterio Huppert”, por apresarla dentro de una definición. Pero la enigmática intérprete de La dama de las camelias (1981) de Mauro Bolognini, de Madame Bovary (1991) de Claude Chabrol, de Los destinos sentimentales (2000) de Olivier Assayas, se les escurre como una anguila. La han llamado atonal y también melódica, la han tildado alternadamente de glacial y de ardiente, pero siempre se ha reconocido que su juego nada tiene de psicologista. Ella misma dio algunas claves a los 23, a la revista Cinematographe, evidenciando una inteligencia y una madurez excepcionales: “Me parece que la actuación en cine tiene algo de aproximación psicoanalítica. La cámara sirve para revelar, para radiografiar ciertas cosas del inconsciente. Yo trabajo un poco aplicando la teoría del iceberg: lo que se ve en la pantalla es la parte emergente, pero el resto, el bloque sumergido, está muy presente, muy claro en mí. No es necesario mostrarlo todo, los roles deben destilarse gota a gota, escena a escena”. Y a continuación, esta intérprete no casualmente hija de un fabricante de cajas fuertes, citaba a Jean Renoir: “Jamás debe interpretarse el final antes que el comienzo de un personaje...”. Como ya no se consiguen localidades para 4.44 Psychosis, y no hay ninguna garantía de que Les soeurs fachées se vea en salas cinematográficas, queda la posibilidad de recurrir al video o al DVD para ver I Love You Huckabees (2002), producción norteamericana de David O. Russell con Dustin Hoffman y Jude Law, comedia vodevilesca y delirante donde Isabelle Huppert hace cosas rarísimas (vale recordar que la francesa había hecho en 1994 Amateur, luego de escribirle a Hal Hartley para decirle que quería filmar con él). También se editó recientemente Ma mère (retitulada aquí Relaciones prohibidas), del enfant terrible –treintañero, eso sí– Christophe Honoré, sobre la transgresora novela de Georges Bataille. Realización que no está a la altura de sus pretensiones, pero que busca –y consigue– espantar a los burgueses con una madre que inicia a su hijo y le da lecciones prácticas en materia sexual. Aparte de las citas textuales de Bataille (“debemos continuar rechazando juntos el mundo de aquellos cuya paciencia espera que la muerte los ilumine”), este film merece verse por ella, la zarpada Isabelle saliendo al balcón de su casa frente al mar con un poco de tierra en la boca y abriéndose la salida de baño para enrostrarle su desnudez a un paseante.

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