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Lunes, 10 de junio de 2013

FúTBOL › INDEPENDIENTE QUEDó AL BORDE DEL DESCENSO POR PRIMERA VEZ EN SU HISTORIA

El Diablo está conociendo el Infierno

La derrota ante River puede significar la pérdida de la categoría hoy mismo si Argentinos vence a San Lorenzo, pero en cualquier caso parece inexorable. De todas maneras jugó con una hidalguía remarcable y perdió peleando con dignidad.

 Por Juan José Panno

En el primer partido de Miguel Angel Brindisi en el banco de Independiente –una derrota por 2-0 contra Atlético Rafaela, en la 10ª fecha– el equipo formó así: Navarro; Velázquez, Tuzzio, Tula, Mancuello; Santana, Battión, Zapata, Ferreyra; Montenegro, Farías. En el encuentro de ayer ante River, por la 17ª fecha, entraron estos once: Diego Rodríguez; Velázquez, Tula, Morel Rodríguez, Villalba; Fredes, Vargas, Trejo, Miranda; Montenegro; Fernández. Obsérvese esta notoria primera gran diferencia: se pasó del medio juego de Santana, Battión, Zapata y Ferreyra al de Fredes, Vargas, Trejo y Miranda.

Sólo tres nombres aparecen repetidos entre los del partido ante Rafaela y los de ayer: Montenegro, Tula y Velázquez. Además de estos 22, en los partidos dirigidos por Brindisi también intervinieron Valles, Godoy, Galeano, Caicedo y Leguizamón. En ocho partidos jugaron 27 futbolistas, casi todo el plantel. El técnico, queda claro, apeló a diferentes variantes, y terminó con un equipo juvenil que no pudo superar el escollo del Monumental. Hizo lo que pudo Brindisi, y en ocho partidos cosechó 12 puntos, tres más que los que se habían obtenido con Américo Rubén Gallego en el banco en los primeros nueve cotejos de este torneo. Y con números invertidos con respecto logrados y recibidos: seis a favor y nueve en contra con Gallego, y nueve a favor y seis en contra con Brindisi.

Hizo lo que pudo el entrenador, dándoles la titularidad a los futbolistas que, en distintos momentos, mostraban mayor fortaleza anímica y se animaban a jugarle de igual a igual a cualquiera. Y se dio que en casi todo el encuentro de ayer no resultaba fácil discernir cuál era el equipo que peleaba por el campeonato, y cuál el que sólo se proponía zafar de la B. El fútbol tiene estas cosas: en el mejor momento de la visita, a continuación de una posibilidad neta de gol (Fredes quedó solo ante el arco rival, pero metió un cabezazo con poca fuerza a las manos de Barovero), llegó una jugada de flipper con tres rebotes y el gol de Iturbe, que había quedado cara a cara ante el Ruso Rodríguez.

Estas cosas les suelen ocurrir a aquellos que tratan de avanzar contra los desgraciados vientos que soplan. Los eslabones de la cadena de la mala suerte se enganchan con demasiada facilidad.

En los primeros 20 minutos, Independiente mantuvo ilusionada a su gente porque se juntaban bien los del medio y Montenegro, contradiciendo la fama de pecho frío que algunos le atribuyen, se convertía en el eje de la circulación que permitía llegar con fluidez hasta el corazón de la defensa rival. Pero después, claro, todo era muy tibio cuando había que profundizar. La secuencia clave del gol perdido por Fredes/gol conseguido por Iturbe empezó a cambiar las relaciones de fuerza: Independiente no llegó a desmoronarse del todo, pero bajó su producción en la medida en que River empezaba a dar señales de vida y allanaba el camino del contraataque.

Independiente no protestó, no pegó patadas, ni ensayó ninguna actitud demagógica para dejar la imagen de que estaba dispuesto a ganar “cueste lo que cueste”, como algunos pedían. Bastante fiel a la historia del club y con el Rolfi Montenegro como abanderado, intentó poner la pelota contra el piso y llegar tocando hasta Barovero, que sacó bien un tiro de Trejo por arriba. Las buenas intenciones muchas veces resultan insuficientes, y más cuando se producen jugadas que inclinan la balanza para el lado del contrario, como ocurrió con el primer gol.

El partido fue mucho más tranquilo de lo que se podía esperar, teniendo en cuenta lo mucho que estaba en juego. O también se lo puede ver desde este otro ángulo: fue tranquilo porque el empate no le servía a ninguno de los dos y tuvieron que ir al frente, cada uno con lo suyo. Independiente manejó la pelota, pero sin inquietar demasiado; y River, después del gol, se sintió cómodo para el contraataque. La única mancha de la tarde la pusieron los poquitos energúmenos que rompieron un alambrado en la popular alta y arrojaron algunas butacas hacia las plateas bajas. Eran pocos y se calmaron solos, muy pronto, porque se dieron cuenta de que no podían llegar demasiado lejos y hasta corrían el riesgo de que se cayera ese techo con ellos encima.

El visitante perdió peleando. Metió el descuento con un buen zapatazo de Montenegro y apretó un poquito en los minutos finales (en la última jugada se dio un tiro libre que fueron a buscar todos, hasta el arquero), pero no alcanzó. Después de todo, el abismo no apareció en este partido; hace demasiado tiempo que lo tienen en el horizonte.


Estadio: River.

Arbitro: Saúl Laverni.

Goles: 20m Iturbe (R); 62m Lanzini (R); 89m Montenegro (I).

Cambios: 46m Leguizamón (4) por Trejo (I), 61m Ferreyra por Fredes, Pizzini por Fernández (I) y Kranevitter por Ponzio (R), 68m Mora por Iturbe (R), 75m Bottinelli por Vangioni (R).

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Daniel Montenegro, la figura del partido, autor de un golazo que no sirvió de nada.
Imagen: Télam
 
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