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Lunes, 6 de octubre de 2003

AUTOMOVILISMO Y MOTORES › JUAN MANUEL SILVA GANO EN PARANA LA COMPETENCIA DE TURISMO CARRETERA

Una carrera que vale por mil

El TC celebró ayer, en el autódromo de la capital entrerriana, la realización de su milésima competencia, una cuenta que comenzó en 1937. A propósito de la victoria del piloto chaqueño, un repaso por la historia menuda de la categoría más popular del automovilismo argentino. Y el campeonato quedó bien peleado entre Ledesma y Ortelli...

 Por Pablo Vignone

La largada era como un aquelarre. Dicen que fue en Paraná, sobre asfalto, pero parecía un punto cualquiera de cualquier camino del país, esos trechos abiertos a pulmón de pistón. ¿Cómo no distinguir la celeste cupé Chevrolet 1939 de Juan Manuel Fangio? ¿Y la negra Ford de Angel Lo Valvo? La Galera azul y roja de los Emiliozzi reunida, una vez más, con el níveo Chevytú de Cupeiro. O los Fordcitos de los Gálvez custodiando al aparatoso Trueno Naranja de Pairetti. Esa, pibe, ésa era la Liebre de Eduardo Copello, y el Falquito azul y amarillo que está detrás es el Falcon de Héctor Gradassi. ¿La cupé dorada? El Siete de Oro de Roberto Mouras. Y ese largo, largo, es la Naranja Mecánica de Oscar Castellano.
Era como si todos juntos buscaran largar la primera y la última carrera de su vida. Carrera de Turismo Carretera, la pasión que arrancó como el bobo en 1937 para no pararse jamás, ni ante la guerra, ni ante la desgracia propia. Gracioso: los mismos popes que en Paraná celebraron la carrera número 1000 del TC son los mismos que hace 22 meses pensaron que largaban el devaluadísimo campeonato 2002 para correr tres o cuatro carreras y pararse hasta quién sabía cuándo...
Juan Manuel Silva, del Chaco, no tiene grandes pergaminos para mostrar en la historia grande del TC, como que en cinco años de campaña ganó apenas tres carreras, tres de las mil... ¡Pero qué carreras! La primera fue la de su debut, y la última fue ésta de Paraná. Silva ya pertenecía al círculo no tan exclusivo de los vencedores del Turismo Carretera, un círculo que inauguró el propio Angel Lo Valvo ganando aquel Gran Premio de 1937. Las 1000 carreras fueron a parar a manos de 179 corredores distintos y, pese a la victoria de Silva, el cenáculo está intacto.
El más ganador de todos sigue siendo Juan Gálvez, que ganó 59 carreras entre 1949 y 1962. ¡Y qué carreras! Cuando un Gran Premio podía durar casi 15 días y abajo de las cuatro ruedas los miles de kilómetros eran moneda corriente. Aunque se corran mil carreras más, difícilmente lo bajarán del pedestal.
Segundo, y para siempre, quedará Roberto Mouras, que sumó 50 victorias, entre 1976 y la última, la que nunca supo que había ganado, en Lobos 1992. Mouras tiene seis victorias más que Juan María Traverso –que ayer fue cuarto en Paraná, después de coquetear con el podio un largo rato–, que ya suma 44 triunfos y busca el 45º con ansiedad. Cuarto en la tabla histórica está quien fue, probablemente, el más carismático de los corredores de TC: Oscar Alfredo Gálvez. El mayor de los hermanos de Caballito reunió 43 triunfos. Completan la lista hasta el décimo lugar Dante Emiliozzi (41), Héctor Gradassi (30), Oscar Castellano (27), Emilio Satriano (27) y Oscar Aventín (24).
¿Qué mejor manera de celebrar las mil carreras? Primero un Ford (Silva), segundo un Dodge (Bessone), tercero un Torino (Patricio Di Palma), cuarto un Chevrolet (Traverso). Las cuatro marcas que compiten en el TC actual estuvieron a tono.
Que la rivalidad Ford-Chevrolet forma parte del acerbo cultural de los argentinos, no quedan dudas. Pero lo curioso es que entre ambas marcas sólo ganaron el 80 por ciento de las 1000 carreras. Otras tres marcas se repartieron el resto de las victorias.
Ese Gran Premio de 1937, ganado por Angel Lo Valvo, significó la primera victoria de la marca del óvalo. La cuenta llegó a 500 victorias con el triunfo de Diego Aventín en la última cita de Buenos Aires. Silva llevó ayer la cuenta a 502 victorias. En promedio, se puede decir que Ford ganó una de cada dos carreras de Turismo de Carretera.
Chevrolet lo sigue a una distancia prudencial. El primer triunfo de la marca fue conquistado nada menos que por Juan Manuel Fangio, en el Gran Premio Internacional del Norte de 1940. La cuenta llega hasta 303 triunfos, sellados por la victoria de Guillermo Ortelli en Rafaela, un mes atrás. Aunque parezca mentira, Dodge arribó al triunfo antes que Chevrolet. Raúl Melo Fajardo ganó el Circuito Correntino de 1937. La victoria de Ernesto Bessone en Olavarría, en junio pasado, resultó la número 129 de la marca.
Torino quedó en el cuarto lugar. Todavía se recuerda en San Pedro el triunfo de Héctor Gradassi, en febrero de 1967. En sólo nueve temporadas, la marca sumó 64 victorias. La número 65 la logró, en mayo, Patricio Di Palma, cerrando un ciclo de 27 años sin victorias para el Toro.
Volvo, la marca sueca, cierra la cuenta con un triunfo de Carlos Alberto Pairetti en Carlos Paz durante 1965.
Para ganar esta carrera número 1000, el Ford de Silva tuvo que recorrer 101,256 kilómetros. Bastantes menos que los de la primera carrera: ese Gran Premio de 1937 caminó 6894 kilómetros de territorio nacional.
A lo largo de casi mil carreras, el TC recorrió 561.674,290 kilómetros. Lo mismo que si hubiera dado 12 vueltas al mundo. Si existiera una ruta espacial, el TC ya habría llegado a la Luna y estaría muy cerca de regresar.
Muchos creen que la carrera más larga de la historia fue la Buenos Aires-Caracas, el Gran Premio de la América del Sur de 1948. Pero, aunque esa competencia se disputó sobre 9575 kilómetros, no fue la más extensa del historial.
Ese honor le correspondió al Gran Premio de 1949, que recorrió once mil treinta y cinco kilómetros, partiendo de Buenos Aires y tocando sucesivamente Río Gallegos, Mendoza, Jujuy y Puerto Iguazú, para terminar de nuevo en la Capital.
A diferencia de la época actual, en los años ‘50 y se ‘60 se corrían entre 500 y 800 kilómetros por domingo. Esa distancia cayó a los poco más de 100 kilómetros en los autódromos de hoy. La más trajinada fue la década del ‘60: se corrieron más de 160 mil kilómetros en las 263 competencias disputadas entre 1960 y 1969.
La última carrera de TC de más de mil kilómetros de recorrido fue el Gran Premio de 1986, en La Pampa, que desandó exactamente 1498 kilómetros.
Siempre se dijo que el TC era una fiesta de la familia, pero lo cierto es que algunas, como la de los Gálvez, los Di Palma o los Aventín, celebraron más que la mayoría.
Los Gálvez sumaron más triunfos en el TC que ningún otro núcleo familiar: fueron exactamente 100; 56 de Juan, 43 de Oscar y uno de Roberto. En promedio, de cada diez competencias, los Gálvez ganaron una...
Los Aventín han reunido 40 triunfos en dos generaciones. Oscar ganó en 24 ocasiones, su hermano Antonio lo hizo en 10 oportunidades y su hijo Diego venció en seis.
Los Di Palma sumaron 34, aunque con más socios del club de la victoria. Luis Rubén ganó 20 carreras entre 1964 y 1996; Marcos venció en 8, José Luis en 4 y Patricio en 2 (ayer estuvo cerca de la tercera).
Carlos Marincovich ganó 10 carreras, pero su tío Néstor, sólo una. Los Fernandino ganaron 6 veces, dos el padre y cuatro el hijo: ambos se llamaban Esteban. Los Caparrós quedaron a mano; Raimundo ganó 2 carreras, su hijo Edgardo otras 2.
El Pato Silva aseguró su triunfo con velocidad: le sacó siete segundos de ventaja a Tito Bessone. Ya desde la primera carrera las máquinas y sus pilotos no sólo se preocuparon por ir más lejos; también se esforzaron por andar cada vez más rápido.
El record de precaución lo conserva la segunda etapa del Gran Premio de 1939, entre Paraná y Concordia, que Oscar Gálvez ganó a apenas 33 km/h de promedio, a causa del barro.
Los TC superaban con facilidad los 100 km/h de promedio desde el arranque, pero hubo que aguardar hasta la carrera número 294, para barrer los 200 de promedio. Los Emiliozzi ganaron la Vuelta de Necochea de 1963 a 203,526 km/h. En 1969, la Liebre de Oscar Franco ganaba en Chivilcoy la carrera número 479 a 227 km/h. Esa velocidad imparable determinó el cambio reglamentario hacia el TC que disfrutamos hoy.
La carrera más veloz de la historia de la categoría fue la número 730, el Gran Premio de 1986. Pedro Doumic logró la victoria rodando casi mil quinientos kilómetros a más de 248 kilómetros por hora de promedio.
Desde la desaparición de las rutas como escenarios de las competencias, los promedios han caído abruptamente. Pero en Rafaela se mantiene la tradición. Fabián Acuña marcó la pole de la carrera número 998, este año, a 206,771 km/h.
A 16 carreras por año, como tienen los campeonatos de TC de hoy, se precisarán otros 62 años y medio para sumar mil carreras más. Juan María Traverso, que lleva más de 200 entre el volante y la butaca, prometió que estará para celebrarlas. Corriendo, claro.

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el pato silva, con su ford, circulando delante de patricio di palma, que fue tercero con su torino.
 
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