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Lunes, 25 de septiembre de 2006

FúTBOL › VEINTE MIL HINCHAS TIÑERON DE NEGRO Y VERDE EL ESTADIO DE MATADEROS

Chicago disfrazó de carnaval el domingo

 Por J.J.P.

”Matadeeee y Matadeeeee”, cantaron cuando el equipo salió a la cancha, más tarde, cuando empujó al rival y, al final, cuando reconocieron fervorosamente el esfuerzo y la digna actuación de los jugadores. “Matadeeee...”, cantaron orgullosos porque el querido barrio se vistió de fiesta para recibir por primera vez en la historia a Boca, en la cancha propia, en ese mismo reducto donde habían ganado los tres partidos que jugaron hasta ayer. No se le dio el cuarto, pero si se consideran todas las situaciones que generó en el segundo, todos los revolcones del arquero, todas las instancias en las que el gol rondó los tres palos de Bobadilla, no estuvieron tan lejos de la victoria.

La cancha de Chicago es amplia, más abierta en los laterales que la de San Lorenzo, construida de a pedazos, fea para decirlo sin más vueltas, pero ayer tuvo un colorido especial porque estaba cubierta en todos lados menos en la tribuna de Boca y porque llevaron a la cancha todo el cotillón: globos, matracas, serpentinas y dos enormes banderas. Una en una tribuna lateral con rayas verticales verdes y negras; otra en la cabecera con dos franjas verdes y una negra.

Los 4500 boquenses, cómodamente ubicados en la nueva tribuna cabecera, que tiene 7500 lugares disponibles, casi no se pudieron hacer escuchar, tapados por los locales que alentaron sin pausas durante todo el partido, que casi enloquecen en los últimos diez minutos cuando el partido se había transformado en un espectacular y caótico ida y vuelta como en un verdadero partido de barrio. Cualquiera que hubiera entrado a la cancha al final del partido sin saber el resultado bien pudo suponer que Chicago había ganado o que, por lo menos, no lo había perdido. Los casi veinte mil hinchas del popular club de Mataderos no apagaron el aliento con el pitazo final; por el contrario, redoblaron sus gritos y sus cantos para hacerles sentir a sus jugadores que reconocían todo lo que habían luchado para hacer historia. “Hinchada hay una sola”, cantaron los de Boca, exagerando más que nunca.

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La bandera gigante de Chicago.
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