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Domingo, 2 de septiembre de 2007

FAN › UN ARTISTA ELIGE SU OBRA FAVORITA

Se esconde tras sus ojos

 Por Miguel Mitlag

A mí las cosas mucho no me conmueven. Tal vez por eso me gusta tanto esta imagen de Richard Prince. Es una imagen fría, tan simple como cautivante. El rostro fragmentado de una mujer maquillándose. El reflejo en el espejo, los compartimientos llenos de polvillos de colores, del salmón al gris, pasando por el celeste al amarillo, al rojo, al negro. Un peinado, una mano que agarra y unos dedos sobre un fondo negro intenso. Se ve lo mínimo. Probablemente sea el recorte de una foto publicitaria que Prince debe haber sacado de una revista. Es una imagen vacía, híper ficticia. Sin embargo, con el recorte de Prince, la imagen se da vuelta, se resignifica.

Me gusta la foto porque, me parece, habla de la experiencia urbana del brillo, del glamour, de la superficialidad, del consumo, de la noche. Me gusta su frialdad, su tono tan poco exclamativo. Una imagen que pretende ser neutra, casi como si fuera un grado cero de la emoción. Es todo lo contrario a la sobreactuación. Me gusta ese tono en el arte en general. Me gusta que el arte no sea declamativo y que genere sus propias reglas. Si no, se monta sobre discursos previos, sobre géneros tradicionales y no agrega; sólo se repite. Me gusta que cada obra genere pautas nuevas. Yo trato de trabajar desapegándome, despersonalizándome. Y Richard Prince tiene eso.

La imagen que elegí es despersonalizada, pero la mirada de la mujer es fuerte, profunda, sugiere muchas cosas. Me produce una leve intriga y al mismo tiempo una revelación. Me gusta. Es una mirada abstracta, casi podría ser una cosa, pero tiene muchísima carga. En un retrato los ojos siempre son un punto donde se dice mucho. El carácter de ella aparece escamoteado. Ella está muy concentrada en la tarea, como preparándose, parece una misión. No sé por qué la imagen me hace pensar en el invierno.

Conocí la obra de Richard Prince recién por el 2000. Fue cuando gané una beca y compré un libro suyo. Me intrigó mucho por la tapa: unas fotos de cowboys que no se entienden mucho pero que a la vez son muy reconocibles, como de publicidad de cigarrillos. No lo conocía, pero el libro me gustó y me lo compré. Esas fotos siguen siendo de lo que más me gusta de él, sus trabajos antiguos junto a las series en donde agrupa diferentes imágenes. Me gusta cómo va saltando de formato en formato, cómo usa distintos materiales, un capot de un auto o los chistes escritos que incorpora como anotaciones.

Pero de toda su obra, siempre vuelvo a la imagen de la mujer maquillándose. Siempre me gustó. Siempre la pensé como una escena de cine. Siempre pensé que me hubiera gustado filmar una escena así. También pensé en fotografiarla. Y hace poco lo hice. Repetí la situación, la puesta en escena. Compré un kit de maquillaje en un supermercado chino con un montón de colores. Y fotografíe a la modelo. Repetí la foto de Prince. No pasó nada, no fue nada maravilloso. Pero por lo menos me saqué el gusto.

SIN TITULO, RICHARD PRINCE, 1982.

Nacido en 1949 en Panamá durante el control norteamericano, Prince es un destacado partícipe de las técnicas de “simulación” de los ochenta. Su técnica se basa en la reapropiación de imágenes publicitarias que vuelve a fotografiar sin slogans ni marcas. El artista llama a esta operación “fotografía en 8 canales”, comparándola con el proceso de mezcla de una canción en una sala de grabación. Prince se vale de la “refotografía” para reflexionar, desde los parámetros del arte, sobre la realidad, la copia y la ficción. Su serie más famosa es Cowboy (1980-1986), donde parodia los ideales masculinos asociados al mito heroico tomando imágenes de una famosa publicidad de cigarrillos. Su Untitled (cowboy) fue la primera fotografía de la historia en alcanzar un precio superior al millón de dólares (de hecho se vendió en U$S 1.248.000) en una subasta realizada en Nueva York en 2005. De esa etapa de su obra, la crítica ha dicho que pone el foco en la vida cotidiana posmoderna a través de la observación de los códigos publicitarios no sólo con relación al consumo y al éxito sino también a las drogas, el sexo y la muerte.

En 1986 abandonó la “refotografía” para producir dibujos y serigrafías cercanas al mundo del comic, donde inserta chistes populares. También pinta enormes lienzos de carácter expresionista en los que esconde frases de la cultura popular. Nurses, su última serie de pinturas a gran escala, convierte a la enfermera en símbolo de belleza femenina.

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