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Domingo, 2 de septiembre de 2007

VALE DECIR

Hay un nazzi en mi plato

Los neocelandeses, y en especial la comunidad judía local, se desayunaron con un plato indigesto unos días atrás. La nueva campaña publicitaria de la cadena Hell Pizza se ahorró unos mangos (no gasta en modelos fotográficos), pero ahora va a pagar cara su “gran idea creativa”, ya que se vio obligada a levantar todos los afiches pegados en la vía pública. Los carteles muestran a Adolf Hitler haciendo el saludo nazi con una porción de pizza en la mano extendida. Las campañas de la cadena de fugazzetas suelen recurrir a personajes históricos en la publicidad de sus productos, pero esta vez metieron la pata. Para embarrarla todavía más, en el cartel Hitler dice: “Es posible hacerle creer a la gente que el paraíso es el infierno”. Kirk MacGibbon, de la agencia de publicidad Cinderella, responsable de la campaña, lamentó que “algunas cosas todavía no puedan desdramatizarse” (sic). Y si van a desdramatizar tanto, para la próxima campaña, directamente, la pueden llamar piSSa.

Mi mundo privado (de humo)

Aquellos que se escandalizan porque los espacios públicos en los que se puede fumar son cada vez más limitados, prepárense para la catástrofe: un tribunal sueco ordenó a una ciudadana delimitar una zona no fumadora en el jardín de su propia casa, tras recibir la queja de un vecino abogado que aseguraba no poder soportar el humo que llegaba del otro lado de la medianera. “Voy a acatar la orden judicial porque no quiero tener que pagar las multas, pero estoy furiosa”, se quejó la fumadora ante los periódicos de su país. El tribunal especializado en asuntos ambientales de Vaxjo (al sur del país) tomó su decisión cuando el vecino declaró -–un poco exagerado, seguramente— que se había visto “obligado” a usar una máscara en su propio jardín. El vecino pidió directamente que a la mujer se le prohibiera fumar, pero el tribunal envió a sus funcionarios al lugar del hecho, examinó la situación, y emitió una sentencia salomónica: la señora sólo podrá encender sus cigarrillos en una zona muy específica de su jardín. Ahora deberá pagar una multa de unos 213 euros cada vez que fume en la zona prohibida; lo que convertiría al suyo en un hábito más bien caro de mantener.

Tambaleando por el alcohol

Unos días atrás, el ministro de producción peruano, Rafael Rey, tuvo la peregrina idea de entregar una botella de Pisco 7.9 a los gobiernos y entidades extranjeras que enviaron ayuda a los damnificados por los sismos que sacudieron a su país recientemente. La iniciativa amenazó con causar un pequeño terremoto político cuando muchas voces se alzaron en contra de lo que calificaron como una propuesta inapropiada y casi un chiste de mal gusto: da la casualidad que Pisco es la ciudad más destruida por el terremoto, y lo de 7.9, ni hablar. “Duele que haya habido interpretaciones, incluso caricaturas y frases ofensivas; a nadie se le puede ocurrir que ningún ministro quiera burlarse de Pisco, esto ha sido con la mejor intención”, se defendió como pudo el ministro, y luego reconoció que “el nombre de la botella se cambiará, porque entiendo que ha generado una polémica inconveniente. Las botellas no serán comercializadas y el presidente Alan García las dará en gratitud por la solidaridad expresada”.

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