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Domingo, 25 de abril de 2010

SALI

A comer rapido

 Por Diego Sanchez

Un mediodía kraut

Frankfurt: un oasis de comida alemana a metros del Obelisco

Almorzar en la calle Corrientes puede ser una misión difícil. Ahí donde Florencia Bertotti convoca más gente que los Redondos y cientos de oficinistas desembarcan para atiborrarse de proteínas y grasas, Frankfurt, ese bunker de comida alemana emplazado en una galería donde conviven locales de venta de filatelia, VHS y dispositivos plug and play, puede ser uno de esos pequeños grandes descubrimientos que salvan el día.

Decorado con fotos de jóvenes bávaras talentosas en el arte de llevar en una sola mano cuatro o cinco jarras de cerveza, Frankfurt es un local chiquito y un secreto preciado que circula boca a boca. Dispuestos a parar en ese enclave que evoca la parafernalia del Oktoberfest, los comensales disfrutan de una verdadera salchicha alemana hecha de carne de cerdo y de vaca que, como señala su dueña Susana, se trae exclusivamente para el lugar.

Ya sea en su versión de 25 cm o en la más pequeña de 14, estas salchichas se completan con pan de viena o baguette y más de diez salsas a elección a lo que también se puede agregar, como no podía ser de otra manera, el infaltable chucrut. Además, Frankfurt ofrece sandwiches de innegable espíritu germánico, como el de leberwurst con pepinos agridulces y, por supuesto, una variedad casi inagotable de cervezas artesanales provenientes del sur y el centro argentinos o importadas de países como Dinamarca o República Checa.

Si en cualquier kiosco puede conseguirse un pancho flotando en aguas turbias para salir del paso, Frankfurt cierra filas para ofrecer, como su nombre lo indica, la versión alemana de este clásico tentempié. Una opción sabrosa que permite, mientras nos refugiamos unos minutos del bombardeo laboral, sentir aunque sea en el paladar el sabor inconfundible de un mediodía berlinés.

Frankfurt queda en la Galería Corrientes Angosta, Corrientes 753 / Lavalle 750 Local 29. Abre de lunes a viernes de 11.30 a 19.30 hs.


Un clásico abreviado

Be Frika: una vuelta de tuerca gourmet a las clásicas hamburguesas

No pocos locales de comida rápida intentan reflejar eso que se nos representa cada vez que escuchamos hablar de una “fuente de soda” en una película estadounidense. Lo que implica esquivar rocolas y contemplar decoraciones que pretenden emular la estética kitsch de una Era del Jazz reciclada. Eso en Be Frika no pasa: sentado a la mesa, llega a nuestros oídos una dulce melodía downtempo y a nuestras manos el descubrimiento de que, contra todo pronóstico, todavía es posible innovar con un producto tan estandarizado como las hamburguesas.

Y es que Be Frika nos ofrece sus “tini-minis”: pequeñas y sabrosas hamburguesas caseras en originales variantes gourmet que, acompañadas por papas y servidas de a pares en cajitas de cartón, se ajustan a la perfección a la estética norteamericana del lugar sin desentonar con el apacible ambiente de esa ochava de Recoleta que la envuelve.

Tomado el nombre de las albóndigas Frikadelle, suerte de antecedente de las hamburguesas, Be Frika tiene 15 variedades de “tini-minis” entre las que se cuentan la americana “Franky and Johnny” —acompañada de salsa barbacoa, cheddar y panceta—, las “Del Bulli” con espinacas al provolone y huevos de codorniz o las “Veggie”, hamburguesas vegetarianas en pan de salvado con queso Tybo, zuchinis, berenjena, tomates y pasta de albahaca.

Para acompañar se pueden degustar también algunos de los licuados más coloridos de la ciudad como el rutilante mix de zanahoria, pomelo, nuez moscada y miel que se revela como el complemento perfecto para el cuidado menú del lugar.

Si todavía quedaba una vuelta más para encontrarle a las hamburguesas, Be Frika se lleva el mérito de lograrlo: sus “tini-minis” son casi tan pequeñas como un copetín y tan contundentes como una buena hamburguesa casera.

Be Frika queda en Junín esquina French. Abre todos los días a partir de las 9 hs. Tel.: 4821-0010. www.frika.be


Rápido y sabroso

Paulín: comida rápida de verdad.

Los velocistas y acróbatas más talentosos trabajan en Paulín, una pequeña gema ubicada en el corazón turístico y financiero de la patria. Cronometrado, se puede almorzar en menos de 25 minutos sin que la celeridad pese más que la calidad y que el tiempo obligue a comer rápido y mal. Todo lo contrario: en Paulín se come rápido y bien.

Y es que la máquina de Paulín es de una autoconciencia brutal: rodeado de oficinistas y cadetes apurados y ubicado en un local pequeño formado por dos largas y angostas barras enfrentadas donde la gente se sienta en banquetas, la velocidad es tanto una respuesta a las demandas como una forma de aprovechamiento del espacio genial.

Si elegís sentarte, aunque el lugar desborde, el timing de Paulín siempre te garantiza un lugar. El tiempo que se tarda en elegir algunos de sus muy variados sandwiches, tartas o empanadas es mayor al que se demora en tener el plato en tus manos. No hay tiempo: uno de los entrenados y despiertos mozos le dicta el pedido a la cocina mediante un altavoz interno y en menos de dos minutos el plato llega surfeando sobre la barra como un vaso de whisky en un salón del Lejano Oeste. En el ínterin alguien grita “¡aire!” y una botella da vueltas de una mano a otra hasta aparecer destapada. ¿Cuánto tiempo pasó? Poquísimo.

Si elegís para llevar las cosas no cambian mucho. Por algo se encuentra en YouTube un video titulado “Juan, el mozo más rápido de la Capital”, donde se puede ver a uno de los acróbatas de Paulín convertido en un avatar de la diosa Shiva, sacando brazos de donde no tiene y haciendo de la envoltura de pedidos un verdadero arte.

Los platos son abundantes, ricos y por un promedio de $ 15 podés llevar un sandwich de peceto con queso, tomate y jamón que hacen que para lo que queda del día uno no sea tan rápido como los mozos de Paulín. Pero había poco tiempo y la experiencia valió la pena.

Paulín queda en Sarmiento 635 y abre de lunes a sábado de 6 a 21 hs. Tel.: 4325-2280


Japón para llevar

Kono: fast food del sol naciente.

Tras abrir su temakería de Las Cañitas, la gente de Kono pensó que podían ser algo más que un ladrillo extra en la pared de la cocina japonesa. Con un nuevo local en el Centro y envalentonados por el boom que viven en ciudades como Nueva York o Río, sus temakis, suerte de primos del sushi, están instalándose también como una opción innovadora dentro del conglomerado fast food que agita los mediodías porteños.

Como su nombre lo sugiere, Kono parece ser la síntesis ideal de la estética nipona y esa practicidad occidental que supo fundar la certeza de que casi cualquier comida —sean papas fritas, rabas o pochoclos— cabe en un cucurucho. Aunque en este caso no se trate de un ovillo de cartón sino de una lámina de alga nori que en la forma de un cono envuelve arroz y distintas opciones de pescados, mariscos y verduras, presentadas para lograr que la cocina oriental se disfrute como si cualquier otra opción de comida rápida se tratara.

Ya sea para llevar mediante su barra de take away o para degustar en algunas de sus mesas, Kono ofrece menúes económicos que permiten disfrutar de un combo de temakis con treinta y dos variedades distintas a elección entre los que se cuentan los clásicos Philadelphia, los de ceviche de salmón o los de hongo shitake con cebollín y sésamo, entre otros.

Como el sushi aunque más práctico, el temaki es una vieja tradición japonesa que supo encontrar en Kono el lugar ideal para que la comida nipona, siempre recubierta de su aura de sofisticación y meticulosidad, pueda disputar también un lugar de honor en el competitivo y multifacético mundo del fast food.

Kono queda en San Martín 501, esquina Lavalle. Abre de lunes a viernes de 12.00 a 20.00. Tel.: 4322-7373.www.konotemakeria.com

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