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Domingo, 1 de noviembre de 2015

VALE DECIR

WEIWEI VS. LEGO

Pobre Ai Weiwei, no lo dejan jugar con bloquecitos lego. O, en honor a la exactitud, hacer arte político con los mentados chiches de plástico. La controversia explotó la semana pasada cuando el disidente chino expuso vía Twitter cómo la firma danesa se había negado a venderle un sustancioso pedido de piezas que necesitaba para completar una novísima obra para la venidera exhibición Andy Warhol / Ai Weiwei de la Galería Nacional de Victoria, en Melbourne, Australia ¿El argumento de la empresa juguetera? “Lego no puede aprobar el uso de sus bloques en obras políticas”. Acto seguido, la comprensible indignación de Ai –quien desde agosto reside en Berlín–, que se despachó tirando algunos bloquecitos al inodoro. Empero, el asunto tuvo final feliz: porque cantidad de seguidores del artista se congraciaron espontáneamente y, bajo el hashtag #LegosForWeiwei, comenzaron a ofrecerle sus propias piezas. Piezas que el hombre acabó aceptando, disponiendo distintos puntos de recolección en diferentes ciudades del globo. Aclarando, por otra parte, que serán destinadas a “una nueva obra que defienda la libertad de expresión”.

“Internet ha resultado ser algo así como una iglesia moderna. Vas a la iglesia, lloras tus penas al cura y todos en la comunidad se solidarizan y quizá hallan una solución”, ofreció AW frente al benefactor accionar de aficionados. Y, por supuesto, volvió a arremeter contra Lego, a quien denunció por censurar su trabajo. Además, como advierte el diario El País, “el polifacético artista, tan célebre en el exterior por creaciones como el diseño del estadio olímpico de Pekín como por sus encontronazos contra el régimen comunista chino, no dudó en señalar que la empresa responsable de los parques temáticos de la marca, la británica Merlin, acababa de firmar un contrato para instalar uno de sus parques en Shanghái, durante la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Londres”. La compañía, por supuesto, no se pronunció respecto a las conjeturas; solo alcanzó a reiterar que “al ser una empresa dedicada a proporcionar experiencias lúdicas y creativas a los niños, rechazamos –globalmente– comprometernos o apoyar de manera activa el empleo de piezas Lego en proyectos o contextos políticos”. “No es un principio nuevo”, remató su portavoz, Roar Rude Trangbaek. Cuyas declaraciones bien podrían asustar a miles de purretes, que ya esconden sus castillitos por miedo a que se lea en ellos, una pieza controvertida.

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