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Domingo, 1 de noviembre de 2015

MúSICA > MERCURY REV

GOSPEL ESPACIAL

En los años ’90, Mercury Rev fue una de las bandas más mimadas por crítica y público, especialmente en sus primeros discos con su ex cantante David Baker y, luego, en la transición, con su excelente Deserter’s Songs de 1998. Pero la banda de Buffalo, Nueva York, ahora liderada por Grasshopper y Jonathan Donahue, siguió sacando extravagantes e intensos discos de su psicodelia cinematográfica, verdaderas bandas de sonido de escenografías de ensueño. Y ahora The Light In You (Ultrapop), su nuevo disco, los encuentra en un gran momento: en esta entrevista Grasshopper explica cómo es haberse desprendido de la presión de ser la banda favorita de los exquisitos y cómo se mueven entre los sonidos más volados y la contundencia del garaje rock de los años ’60.

 Por Juan Andrade

“Psicodelia cinemática”. Dos palabras le bastan a Sean Thomas Mackoviak, más conocido como Grasshopper, para definir a The Light In You, el nuevo disco de Mercury Rev. Extrañas figuras en movimiento, estados de conciencia alterados que despegan sobre el suelo de la experiencia ordinaria, coros de gospel espacial que iluminan escenografías de ensueño: el abecé de la banda oriunda de Buffalo, Nueva York. En una entrevista televisiva, el cantante y líder de la banda Jonathan Donahue evocaba hace poco los días de 1986 en los que junto a su eterno compinche Grasshopper le daban rienda suelta a la peregrina idea de musicalizar piezas salientes del cine vanguardista de los 60, a las que adoraban con la misma devoción que a Velvet Underground. “Empezamos haciendo sountracks para esas películas. Nunca lo hicimos con la idea de ser una banda. Grasshopper y yo nos parábamos frente al televisor y tocábamos mientras mirábamos a un oso polar que atravesaba el hielo persiguiendo algo. Y así nos colgábamos durante una hora”, contaba Donahue.

Fieles a sus orígenes, entonces, se pusieron manos a la obra por enésima vez a mediados de 2013. “Mientras estábamos escribiendo las nuevas canciones, pensábamos en un montón de películas”, dice ahora Grasshopper, vía telefónica. “Jonathan y yo queríamos comunicarnos a través de imágenes. Por eso creo que, en parte, The Light In You es una especie de soundtrack de nuestras vidas. Y eso también tiene que ver con la estructura de las canciones, con sus diferentes partes. Nos gustan los sonidos raros, la música psicodélica. Así que, de alguna manera, es un disco sobre el estilo de vida que implica la psicodelia: es algo que está en tu sangre, lo tenés o no lo tenés. Y nosotros lo amamos”, completa. ¿Qué perspectiva brinda ese punto de vista alucinado? “Es como llegar a un espacio de la mente en el que la música se parece mucho a una droga. Vivimos en un ambiente especial, nos inventamos una especie de capullo: cuando estamos haciendo las canciones, el estudio es nuestro pequeño mundo. Y después tratamos de recrearlo desde el escenario, frente al público”.

Los Mercury Rev se tomaron un buen tiempo para volver a florecer: sus trabajos anteriores, el par integrado por Snowflake Midnight y el instrumental Strange Attractor, datan de 2008. “Estuvimos metidos en nuestras cosas y, antes de que nos diéramos cuenta, ya habían pasado siete años”, explica el guitarrista. “En el medio, vivimos nuestras vidas. No sé, yo fui padre por primera vez. Igual, no es que durante todos esos años nos quedamos sentados. Hicimos un montón de shows en festivales. Relanzamos Deserter’s Songs, en 2011. Fue un proyecto importante, que nos llevó a hacer muchas cosas juntas, como buscar fotos viejas, revolver entre demos o pensar en el nuevo packaging”, dice. “Fue una época genial, Deserter’s Songs sigue siendo un álbum hermoso. Nos permitió llegar a un público más grande que, a su vez, se puso a escuchar nuestros discos anteriores y los que vinieron después. Pero tampoco es que, antes de que saliera, pensábamos: ‘Va a ser los más grande que hayamos hecho’. Pasó mucho tiempo y, ahora, ya no sentimos esa presión de saber si lo nuevo es tan bueno como Deserter’s Songs o no”.

HUMO SOBRE EL AGUA

La mención de su obra cumbre de 1998 no parece casual. Y no sólo porque The Light In You, editado en el país por el sello Ultrapop, es uno de sus mejores entregas desde entonces. En otra nota aparecida en las últimas semanas, su socio Donahue señalaba que “el arco lírico del álbum es el de alguien que atraviesa un increíble período de turbulencia, tristeza e incertidumbre. Y, a medida que el álbum progresa, una luz aparece sobre el agua”. La descripción suena casi calcada de lo que el propio cantante decía acerca del sustrato emocional que había dado origen a Deserter’s Songs. “Sí, creo que las cosas funcionan en ciclos”, coincide Grasshopper. “Otra vez estuvimos bajo ese mismo espacio mental que cuando hicimos Deserter’s Songs. Jonathan y yo, personalmente, tuvimos que atravesar momentos muy tristes. Y cuando toda esa tristeza sale, se refleja en la música que estás haciendo. The Light In You habla un poco de eso: a veces la luz que queda en cada uno de nosotros es la música. Una música distintiva”.

Traducido al castellano, el título podría remitir al estante de los manuales de autoayuda: “La luz que hay en vos” o algo así. Impresión equivocada. “Puede ser que la desesperación y la oscuridad te empujen a mirar lo que pasa en tu interior y, después, te lleven a escribir música. El espacio interior y el exterior se conectan a través tuyo. Y cuando no te quedás encerrado en vos mismo, encontrás esa luz que te ayuda a seguir en los tiempos difíciles que te toca atravesar”, ilustra el guitarrista. “Hay una parte de tristeza en algunas canciones, como en “Amelie””, ejemplifica. “Amelie, destrabá la puerta /Voy a dejar el hábito /no quiero más”, implora Donahue en la pieza en cuestión. Un ruego inquietante que sostiene unas pocas líneas inyectadas de locura implícita, todo envuelto en una oda de pop orquestal que podría resultar incluso celestial si no fuera por su trasfondo siniestro. “En la mayor parte del disco hay una mirada positiva, se refleja un cambio. Pero de alguna manera, para alcanzar la felicidad, primero tenés que sufrir: es parte de la condición humana”, completa.

La tierra en la que hunde sus raíces Mercury Rev está abonada con los nutrientes que dejaron a su paso las plantas sagradas del rock psicodélico. ¿Qué lugar ocupa The Piper at the Gates of Dawn, por ejemplo, en el campo de cultivo de sus canciones? “Ese disco de Pink Floyd es una especie de banda de sonido que me acompañó varios años, mientras crecía. Cuando lo escucho, pienso en muchas cosas que pasaron en Buffalo cuando vivía allá”, reconoce Grasshopper. Entre las afinidades electivas de la banda también se anotan sus contemporáneos de The Flaming Lips, con los que se los compara frecuentemente. “Compartimos el amor con el que tratamos de llevar la música a diferentes niveles, para desafiarnos a nosotros mismos”, analiza. “Me parece que su música también confronta esa oscuridad con la luz. La canción “Do You Realize?” tiene una letra bastante pesadita, se ocupa de temas densos, pero a la vez tiene un espíritu pop y termina siendo esperanzadora. Esa parte de la letra que dice ‘Do you realize that everyone you know some day will die’, lo resume perfectamente”.

Una de las novedades que salta a la vista en los créditos de The Light In You es que, por primera vez, no cuentan con la colaboración del histórico Dave Fridmann, bajista y productor que también supo dejar su huella en la discografía de los Flaming Lips, entre otros grupos. Ahora producido bajo el doble comando de Donahue-Grasshopper, el actual quinteto propone un viaje de inmersión a través de la música: el oyente puede flotar en los sonidos y dejarse llevar por los paisajes mentales salidos del laboratorio mercuriano. A la manera de aquel latigazo conceptual de “Do You Realize?”, en “Are You Ready?” emerge una línea que tiñe la experiencia completa y queda flotando en el subsuelo de la conciencia con la pregnancia de un leitmotiv: “Psychedelic Rock and Blue Eyes Soul”. “Jonathan trató de resumir la esencia de todo el disco en esa frase. Habla del encuentro entre el rock psicodélico y el ‘soul de ojos azules’, que fue la otra música de los 60 que nos influenció un montón. La letra menciona a The Rascals y The Pretty Things, que eran las bandas que escuchábamos mientras crecíamos”, dice el violero.

ANTES DEL PUNK

El abanico de enchufes en el que Mercury Rev conecta su energía lisérgica no se reduce al soul ni a las vertientes más obvias del barroquismo sonoro que han sabido conseguir. Hay un grupo de canciones que, en la segunda mitad del CD, pisan el acelerador. La que encabeza la marcha es la groovera “Sunflower”, propulsada por una sección de vientos. Y la siguen de cerca “Coming Up For Air” y “Rainy Day Record”, con su relato de la salvación encontrada en las dos caras de un vinilo. “Bandas como los Nuggets, The Seeds y The Sonics eran punks, aunque el punk todavía no se había inventado. Y sus canciones nos influenciaron mucho”, dice Grasshopper, aludiendo al cambio de ritmo que aportan esos y otros temas. “Cuando repasás la historia y escuchás esa música underground, te das cuenta de que estaba muy cerca del punk, aunque en esa época todavía era considerada psicodélica. El nombre original de Iggy Pop and The Stooges era The Psychedelic Stooges, pero le sacaron el Psychedelic para que no se los asociara a la escena de San Francisco, a los Grateful Dead o los Stained Glass”.

La indagación en los laberintos de la mente del inicio también cede su protagonismo a medida que el CD avanza. Entonces ganan terreno el mundo exterior, las estaciones del año, el sol, la lluvia, en fin, la vida al aire libre. “Sí, queríamos que los espacios abiertos también estuvieran presentes. Vivimos en Estados Unidos y sabemos que, cuando manejás en la ciudad, te movés un montón de tiempo casi en el mismo lugar. En cambio, cuando vas en auto hacia el mar es toda una experiencia: es como si salieras de tu cuerpo, como si fuera una droga, aunque no hayas tomado ninguna”, tira. En ese recorrido cancionero, la que brilla con una particular intensidad es “Central Park East”, con su pintura del pulmón verde neoyorkino. “Es la calma en el ojo del huracán. Nueva York es una de las ciudades más grandes del mundo, todo el tiempo pasan cosas locas. Y vos empezás a caminar por Central Park y, de repente, es como estar en el campo. A veces basta con darse vuelta para ver una nube de contaminación en el cielo, pero también te podés perder ahí adentro, ir al zoológico, caminar, ver a los caballos que pasan o a la gente tirada sobre el pasto en Great Lawn”.

Grasshopper destaca el cuidado que, en su rol de productores, pusieron en el rubro “bajo & batería”. “Jonathan y yo trabajamos muy duro para mantener unida a la sección rítmica. Y estamos orgullosos de cómo quedó”, dice. Trasladar los arreglos surgidos en el estudio a la dinámica de un show en vivo no parece ser un problema. “Los ensayos van bastante bien, nuestras canciones en vivo siempre suenan diferente, con más volumen que en el disco”, detalla. Quizás se pueda apreciar lo anterior en esta parte del planeta. “No lo sabemos todavía, pero le estamos pidiendo a nuestro agente de booking que haga lo posible. Hace años que tenemos ganas de ir, ojalá que esta vez podamos llegar a Argentina y a otros puntos de Sudamérica”. ¿Qué es lo que más disfruta de sus giras con Mercury Rev? “Después de todo el trabajo duro que implica hacer un disco, la cuestión es salir a tocar en vivo. Y entonces podés verle la cara al público: algunas veces sonríen, otras veces lloran. Para mí, la parte más importante de todo esto es poder conectar con esa gente”.

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