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Domingo, 15 de noviembre de 2015

MúSICA > DR. DRE

EL EMPERADOR

Música Hacía dieciseis años que no editaba un disco pero al fin el 2015 resultó ser el momento de conocer material nuevo de Dr. Dre, el productor de hip hop más exitoso de todos los tiempos, empresario millonario, hombre contradictorio y acusado de violencia doméstica, genio en el estudio, el que descubrió a Eminem y Snoop Dogg –los dos, casualmente, visitarán Argentina en el Lollapalooza del próximo marzo–. El demorado y brillante nuevo álbum, Compton: A Soundtrack by Dr. Dre, no es la banda de sonido pero sí la música inspirada por Straight Outta Compton, la muy parcial biopic sobre N.W.A, su mítico grupo de los 90, que él produce, recaudó más de 200 millones en el mundo y ya se consigue online.

 Por Micaela Ortelli

Nadie conoce al hombre que toma las últimas decisiones. Dr. Dre, el productor de hip hop más exitoso de todos los tiempos, cuida su imagen como si fuera oro. Los tiempos son cortos: Andre Young –su verdadero nombre— tiene 50 años y se mantiene saludable con una rutina de ejercicios de tres horas diarias. El año pasado, Apple pagó tres mil millones de dólares por Beats, la compañía de auriculares y parlantes de alta gama que fundó con su socio de años Jimmy Iovine. Con su parte, Dre compró la mansión de Gisele Bündchen y Tom Brady en Brentwood, Los Ángeles, y el complejo de estudios de grabación en Sherman Oaks que venía alquilando. Forbes calcula que en 2015 su fortuna se estableció en 700 millones de dólares.

Aunque sería imposible, si dejara de generar dinero hoy, Dr. Dre no lo sentiría. Ya anunció que a las regalías por su nuevo disco las va a donar para construir un centro de artes escénicas en su ciudad natal. Compton: A Soundtrack by Dr. Dre, no es la banda de sonido de la película Straight outta Compton, pero sí fruto de la inspiración que le provocó el rodaje de la historia de su viejo grupo N.W.A. –“negros con actitud”, prácticamente un enemigo público en la segunda mitad de los ’80–. Dre, el MC y actor Ice Cube, y la viuda del narcotraficante devenido rapero Eazy-E, son los productores de la biopic estrenada en agosto, que ya recaudó siete veces los millones que costó.

“Cuando empezamos no fue por la plata, fue por amor a la música. Si la tratás bien, ella te va a tratar bien. Si tu único objetivo es la plata, tu tiempo va a ser limitado”, dijo Dre hace poco en una entrevista al grupo que les hizo Kendrick Lamar para Billboard. Además de local de Compton, Kendrick es el último talento natural que triunfó en el mainstream después de firmar con Aftermath, el sello que dirige Dre desde 1996. “Cualquiera llega, lo difícil es mantenerse”, recuerda el mentor en su intervención en el último disco de Kendrick. En retribución, el rey del hip hop de la costa oeste rapea en tres canciones del nuevo disco de Dre, y como no puede ser de otra manera, las hace propias. Dr. Dre no tiene ese tipo de ego: en los únicos tres discos que firmó en 30 años participan tantos MCs y cantantes –sin contar los créditos de producción– que la autoría se desdibuja.

Aunque su flow es dramático y peculiar, rapear no es la actividad principal de Dre, por eso no escribe sus letras o lo hace con asistencia: a él no lo desprestigia. “Tengo una casa con un estudio lleno de tracks para agregar a las paredes llenas de placas”, dice en “Forgot About Dre”, un clásico con su principal protegido Eminem. Antes de convertirse en la estrella de rap más popular de todos los tiempos –el primer MC blanco en hablar con el dolor y la violencia de los negros–, Eminem llegó a Dre por sugerencia de Jimmy Iovine, y fue escandaloso que el pope de la industria del hip hop le prestara atención a un rubio de ojos celestes. Por otro lado, Dre venía soportando el rumoreo que lo daba por acabado después de su debut solista con el importantísimo The Chronic (1992).

Ese disco continuó la lírica sucia y agresiva del gangsta rap inaugurado por N.W.A., y musicalmente se le atribuye haber inaugurado el G-funk, un estilo de bases funky ralentizadas, cargadas de sintetizadores, rapeadas con un flow distendido como el de Snoop Dogg, artista presentado en sociedad en ese álbum y hasta hoy amigo y colaborador. Indiscutida su expertise en la mesa de control –sobre todo para las mezclas y secuencias, de ahí lo de “doctor” en primer lugar–, Dre trabaja como un reloj con los MCs. Sabe escuchar, detectar lo que no le cierra, indicar exactamente lo que quiere. Es un obsesivo que ha llegado a pasar 80 horas corridas en el estudio elaborando un hit.

En 1999 –meses después del lanzamiento de The Slim Shady, lo primero de Eminem por Aftermath y todavía uno de los discos más vendidos en la historia del género–, Dr. Dre presentó 2001 e inició su propio siglo en el rap –sin duda más comercial que importante en adelante–. Con ese disco extremo le respondió literal y figuradamente a los haters y enemigos que llegaron con el éxito. Casado desde hacía tres años, habló de sexo con libertad –hay un skit llamado “Pause 4 Porno” donde se escucha el final de un coito grupal–, y además de seguir con la temática de los tiros y las drogas, expuso sus sentimientos como nunca en una canción dedicada a su hermano Tyree, asesinado por la policía en 1990, mientras él estaba de gira con N.W.A.

La producción de 2001 es exquisita, resultado de una mente avanzada, un corazón fanático del soul de los ’70 y un cheque en blanco de presupuesto. Hace poco Dr. Dre aprendió a leer y escribir música. Le encantan las teclas en todas sus formas pero tiene quienes toquen mucho mejor por él. En general samplea lo menos posible y trata de recrear las melodías que le interesan con músicos en vivo; o los pone a improvisar sobre alguno de sus cotizados beats hasta que se le ocurre una idea o aparece algo que le llama la atención. Para Dre su mejor disco siempre está por delante, por eso no podría dejar de trabajar a pesar de los millones. “Todo lo que pienso es hacer clásicos para las masas”, dice en 2015 en el disco que lanzó en lugar del que venía anunciando desde hace 16 años y finalmente dio de baja porque “no lo sentía en el cuerpo”.

Aparentemente Compton es su disco definitivo. Con el cruce de productores experimentados y muy frescos, la aparición de voces entrañables –Snoop, Eminem– y otras que si aprovechan el momento harán carrera –King Mez, Anderson Paak–, el soundtrack que no es tal –pero no existiría si no lo hiciera la biopic hit de la temporada– es prueba de que Dre, como siempre, está al día en todo sentido. Y hoy la discriminación y violencia policial contra los afroamericanos es tema en las noticias y en la música negra (Black Messiah de D’Angelo y To Pimp A Butterfly de Kendrick Lamar son testimonios fundamentales este año). Dr. Dre no dejaría en el mundo un disco intrascendente.

Compton es la octava ciudad más violenta de Estados Unidos según el FBI. A mediados de los ’80, además, vivía la explosión del crack y la guerra entre dealers y policías era cotidiana y sangrienta. En la primera escena de Straight outta Compton –mismo nombre del debut de N.W.A.– Eazy-E escapa de una redada. El principal letrista del grupo, Ice Cube –interpretado por su hijo–, es presentado arriba de un colectivo atacado por pandilleros. Por último, Dr. Dre –construido como una persona mucho más centrada de lo que se sabe que era–, aparece en un contexto más calmo: tirado en el suelo escuchando “Everybody Loves The Sunshine” de Roy Ayers. El conflicto allí lo plantea la madre –sola, con un hijo más–, que le exige buscarse un trabajo normal y aportar dinero a la casa, menospreciando los 50 dólares que había hecho Dre la noche anterior como DJ. Después sí, en una escena afuera del club The Loft, a Dre lo arrestan violenta e injustificadamente (solían hacerlo por exceso de velocidad). A la fianza la paga Eazy, y afuera de la comisaría Dre le propone que invierta su dinero sucio en un sello. Así quedó narrado el nacimiento de Ruthless Records, todavía en vida gracias a Tomica Wright, que lo heredó cuando Eazy murió de sida en 1995.

Obviamente por su rol de productora –participación imprescindible para poder retratar a Eazy–, Tomica es la única mujer que se lleva algún crédito en la película, al ordenar los papeles que terminan de convencer a su marido de que el manager los venía estafando. Dre muestra cómo conoció a su actual mujer Nicole, pero no a la cantante R&B Michel’le, que además de aportar su voz en varias producciones de Ruthless y luego Death Row, era la novia de entonces y madre de su tercer hijo, nacido en 1991 (los dos primeros fueron con mujeres distintas; uno murió de una sobredosis en 2008). “¿Para qué me iba a poner a mí? Si yo sólo era la novia silenciosa a la que le pegaban y le decían que se siente y se calle”, dijo ella en una entrevista reciente en televisión. Tampoco aparece como figura de Ruthless una protegida de Eazy, la MC rubia Tairrie B, que también confesó que Dre le pegó –en la fiesta de los Grammy de 1990, el año de su disco Power Of A Woman–.

A las acusaciones las reunió la periodista Dee Barnes, protagonista del renombrado episodio –omitido en la película– en que Dre casi la ahorca contra el piso de un baño. En 1991 Ice Cube –el primero en darse cuenta del manejo turbio del dinero de Jerry Heller, el manager– había abandonado N.W.A., y la periodista, que conocía a los raperos desde antes de que se formara el grupo –“eran mis hermanos”, dice–, conducía un programa de música que sin su consentimiento puso al aire a Cube ridiculizando a sus ex compañeros. “Mi vida cambió la noche en que Dre me atacó –escribió Barnes en el blog Gawker, donde asegura que en adelante pasó a integrar una lista negra que trabó su desarrollo profesional–. La gente me dice que me aferro al pasado. No es así; es que el pasado me dejó un suvenir que yo nunca quise”, dice sobre las migrañas que sufre en el punto exacto donde aquella noche su cabeza golpeó contra la pared del baño. El detalle anecdótico e impactante es que la persona que filmó aquel segmento es el mismo director de Straight outta Compton, Gary Gray.

Días después de publicado el artículo de Barnes, Dr. Dre pidió disculpas en el New York Times a todas las mujeres a las que había lastimado: “Me arrepiento profundamente de lo que hice y sé que afectó nuestras vidas para siempre. Hace 25 años era un joven que tomaba mucho alcohol y no tenía estructuras en la vida. Sin embargo, no es excusa para lo que hice. Estoy casado hace 19 años y me esfuerzo por ser un mejor hombre para mi familia y no volver a parecerme a ese que fui”. Michel’le, que siempre habló del maltrato pero recién ahora le prestan atención, cree que si las disculpas fueran sinceras las pediría en privado: “Está vendiendo una película”, dijo.

Violencia física aparte, Straight outta Compton es coherente con el histórico machismo del hip hop cuando no menciona siquiera al grupo femenino J.J. Fad, que con el éxito del disco Supersonic (1988) –producido por los propios N.W.A.– llevó legitimidad y dinero al sello antes de que “el grupo más peligroso del mundo” fuera prohibido en las radios. “Ruthless les debe las gracias”, dijo al LA Times el ex manager Jerry Heller, mientras prepara sus propias memorias sobre la época y evalúa si iniciará acciones por la forma en que fue representado. Una de las hijas de Eazy-E también dará otra versión de los hechos con un documental. “La historia se viene reescribiendo desde la Biblia”, minimiza su ausencia en la película el MC y productor Arabian Prince, que integró la formación original de N.W.A. y dice haber participado de al menos la mitad de todo lo narrado. Por su parte, el resto de la banda –MC Ren y DJ Yella– aparece en los créditos como consultores y en la trama como personajes secundarios. Así, entretenida pero absolutamente parcial y refinada, Straight outta Compton termina siendo una biopic para principiantes: la que recordarán en el futuro los hoy púberes fanáticos del hip hop.

N.W.A. fue mucho más importante de lo que resulta en pantalla. Por ellos se extendió en todo el mundo el gangsta rap, un rap inmoral que habla verdades como el original de protesta de la costa este, pero asume su propia violencia, ilegalidad e interés por el dinero. “Si N.W.A. hubiera sido más suave no habría llamado la atención, no habría funcionado”, dijo Dre en Billboard sobre la aspereza del grupo, recordado sobre todo por el hit “Fuck tha Police”, que les valió una carta intimidatoria del FBI. De ellos, Eazy-E era el verdadero matón si quería, pero alrededor había personajes mucho más oscuros. Si el diablo existiera, podría ser Suge Knight, el gigante que convenció a Dre de pasarse a Death Row cuando fue evidente la estafa monetaria del manager.

Dentro de esa discográfica, Dr. Dre lanzó The Chronic y grabó a la leyenda Tupac Shakur. Antes del crimen de Tupac en 1996, Dre había optado por dejarle a Suge Knight 50 millones de dólares a cambio de despegarse de semejante mafioso (hoy preso por atropellar a dos personas y matar a una de ellas en un confuso altercado en el set de Straight outta Compton, donde no estaba invitado). En ese momento mítico se detiene la película: el fin de la era Death Row y el inicio del verdadero imperio, la discográfica Aftermath.

En la película aparece una sola canción del nuevo disco de Dre, la más confesional de Compton. “Me siento fuerte, financiera, física y mentalmente. Estoy en otro nivel. Y no te olvides que vengo del guetto”, dice “Talking To My Diary”. Si los raperos dicen su verdad en las letras, Dr. Dre seguirá siendo un misterio. Como ser performer no es lo suyo, en el estudio le quedan décadas de actividad. Sobre todo cuando baje el nivel de exposición por la película y vuelva a ser ese gran nombre detrás de grandes discos. El productor famoso que convierte en mejor todo lo que toca. El que testeaba los discos en el auto –porque ahí es donde más se escucha música– y terminó supervisando los bajos de los mejores parlantes inalámbricos del mercado.

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