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Domingo, 15 de abril de 2007

CINE > LA OPERA PRIMA DE ANDREW BUJALSKI, EL NUEVO REY DEL INDIE

Pequeños encuentros de gran importancia

Cinco años después de su estreno en Estados Unidos, llega a los cines porteños Funny Ha-Ha, la primera película de Andrew Bujalski, cuyo segundo opus, Mutual Appreciation, se pudo ver en el Festival de Mar del Plata. Comparado con Rohmer, Cassavetes y Jarmusch, el joven director que también actúa en sus películas habla con Radar sobre cómo lograr una sensación de intimidad en pantalla, la importancia de trabajar con actores no profesionales y por qué siempre interpreta a personajes sufridos.

 Por Cecilia Sosa

Pequeña y encantadora. Así es Funny Ha-Ha, y si se quiere, también absolutamente frágil y contingente. La ópera prima de Andrew Bujalski, “la nueva cara del cine indie norteamericano” (como señaló la crítica de su país), transcurre en un verano en Boston donde un grupo de estudiantes universitarios no hace mucho más que estar ahí. Casi como si Eric Rohmer diera un paseo por la ciudad para recopilar algunos pequeños e intrascendentes momentos en la vida de una adolescente crecida que acaba de graduarse.

Marnie (la adorable Kate Dollenmayer) tiene 23 años y su decisión más importante (además de buscarse algún trabajo temporal) parecería ser si hacerse un tatuaje tribal o el de una vaca. Y claro, esperar a Alex, el chico que le gusta, dar algunos besos (por lo general a las personas inadecuadas), emborracharse un poco y hacer una lista con los planes para todo el mes siguiente. “Ir al museo”, “Pasar más tiempo al aire libre”, “No tomar alcohol”.

No hay grandes sobresaltos en Funny Ha-Ha, ni grandes amores, ni grandes tragedias. Los personajes de Bujalski no tienen opiniones políticas y por momentos ni siquiera opiniones. Sin ninguna impostación, Funny Ha-Ha parece simplemente transcurrir, como si flotara en un eterno presente donde todo es posible y muy poco se concreta, y en el medio sólo hubiera espacio para pequeños diálogos, breves encuentros, dudas, vacilaciones, balbuceos.

El bostoniano Bujalski tiene 31 años, estudió cine en Harvard y da clases de producción en la Universidad de Boston. Y es tan tímido y adorable como los personajes de sus películas. Se dijo que su cine intimista recuerda al de Linklater y hasta que: “Si John Cassavetes hubiera dirigido un guión escrito por Rohmer, el resultado se hubiera visto y hubiera sonado como Mutual Appreciation” (así lo expresó el crítico de la revista Variety sobre la segunda película de Bujalski, filmada en 2005, que pasó por el Festival Internacional de Mar del Plata). ¿Quién es este joven director que filma por fuera de todo circuito conocido y sin ninguna viabilidad comercial, que trabaja con actores no profesionales, que actúa en todas sus películas y que siempre elige el personaje más sufrido? En una breve entrevista por e-mail con Radar, Bujalski dio algunas pistas para empezar a desarmar el misterio. “Por supuesto que me identifico con mis personajes, los que yo interpreto, pero también con todos los personajes de mis películas. ¿Por qué elijo interpretar estos personajes ‘sufridos’? Es probablemente una pregunta que debería hacerle a un psicoanalista”, dice, todavía sorprendido de que su ópera prima se estrene después de cinco años en la Argentina.

A pesar del título, hay algo triste que sobrevuela y envuelve a los personajes de Funny Ha-Ha como una nube melancólica que flota más allá de ellos y de sus decisiones. Como si pudieran adivinar que tras esos encuentros se abre un sinsentido imposible de llenar. “El título se me ocurrió en algún momento mientras escribía el primer borrador del guión, y nunca lo cambié porque siempre pareció estar señalando algo que había debajo de la superficie de la historia”, explica. “Los títulos toman cierta cualidad talismánica, y siempre soy supersticioso al respecto: me cuesta mucho decir los títulos de las cosas antes de que estén terminadas.”

Pero todo eso que no es gracioso –que, al menos, no es gracioso ja-ja– es, en cambio, la puesta en escena de una intimidad nueva para el cine independiente norteamericano. Bujalski consigue una cercanía tal con sus personajes, con sus momentos de efímeros coqueteos y ambivalencias, que sus películas parecen casi estar espiando la frágil novedad de una primera cita amorosa. Su secreto para una puesta en escena de los pequeños encuentros, dice, consiste en diseñar una producción que no se parezca al “set militarista de un film de los estudios, donde se gasta tanto dinero que la gente tiene que ser muy precisa y a veces puede convertirse en un espacio de trabajo muy mecánico y sin sentido del humor, y minimizar esa sensación all business todo lo posible, trabajando con un equipo muy reducido y actores no profesionales, por supuesto. Creo que los actores no profesionales pueden proporcionarte idiosincrasias específicas en sus actuaciones que uno ni siquiera podría imaginarse cómo extraer de los profesionales”.

Aunque el director se refiera de esta manera a todo su reparto, es imposible no pensar antes que nada en Justin Rice, una amistad forjada durante el año que pasó en la universidad en Cambridge y que en su breve aparición en Funny como compañero de cuarto de Alex permite asomarse al gran “no-actor-idiosincrásico” que podría hacer toda una carrera junto a Bujalski. Tal como lo demuestra de manera definitiva en Mutual Appreciation, donde es protagonista y donde todo aquello que aparecía balbuceado en Funny reaparece de algún modo condensado en su punto justo y entreverado en un fascinante triángulo filmado en blanco y negro. El escenario de estas “apreciaciones mutuas” es Nueva York: allí viven Ellie (Rachel Clift) y Lawrence (el propio Bujalski), una pareja de veintipico, cuando irrumpe, en alunado viaje musical, Alan (Rice), quien también se sentirá atraído por la novia de su mejor amigo. Los pocos afortunados que pudieron verla el mes pasado en el Festival de Mar del Plata pueden dar fe de que las comparaciones con Cassavetes y Jarmusch no son tan desmedidas.

Como por ahora Mutual Appreciation no tiene fecha de estreno en la Argentina, habrá que darse una primera vuelta por el universo cálido y sensible de Bujalski a través de Funny Ha-Ha. Algo así como una primera y hermosa cita con un director para empezar a adorar.

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