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Domingo, 28 de julio de 2013

> LEóN FERRARI (1920-2013)

EL DIBUJO EN EL TAPIZ

 Por León Ferrari

La cultura occidental suele ocultar con belleza la crueldad de su religión. Con la discriminación que inicia el versículo “el que no está conmigo, está en contra de mí”, y que se agudiza con el prometido castigo a los supuestos malos, Giotto, Botticelli y Dante crearon maravillas que a primera vista te gustan sin reparos. Pero una mirada más atenta te lleva a analizar su significado y ver que esas obras han sido un arma que la Iglesia utilizó para publicitar su credo, alcanzar el poder y evangelizar a los millones que dicen ser católicos. Artistas de la talla de Luca Signorelli, Fra Angelico o El Bosco apoyaron, exaltaron e ilustraron la crueldad que la Iglesia esgrime como amenaza evangelizante.

En cambio, Picasso en Guernica pinta la crueldad para condenarla. Al contrario de las pinturas que transformaron en imágenes las discriminaciones bíblicas a homosexuales, judíos, mujeres e incrédulos, Picasso encontró en el Guernica una forma diferente de representar esa tragedia que fue el bombardeo de Guernica por los aviones nazis, y de condenarlo. El Guernica, ese bombardeo minúsculo comparado con los que nuestra Civilización Occidental y Cristiana realizó después y sigue realizando, es casi una revelación: es una condena a los nazis (que aunque nos pese son también Occidente: el 94 por ciento de los alemanes de entonces era cristiano) y a los exterminios que esta humanidad sufrió y sufre. Y puede ser visto también como una condena a los exterminios relatados en el Antiguo Testamento y anunciados en el Nuevo.

Llaman la atención en el cuadro las mujeres: sus miradas horrorizadas. Esas mujeres del Guernica, como la de la izquierda con un chico muerto en sus brazos, se parecen en sus actitudes a las del Diluvio de Miguel Angel en la Capilla Sixtina, donde el artista muestra madres desesperadas tratando de salvar a sus hijos del castigo a la humanidad desatado por Dios. Son mujeres con sus hijos que también aparecen en el Diluvio de Athanasius Kircher de 1664 y en tres páginas de la Biblia ilustrada por Doré en 1860. El castigo a los chicos es una de las formas preferidas por los pintores cristianos para mostrar el peligro de no ser creyente, como lo muestra Durero en una de las xilografías de su Apocalipsis y Julius Schnorr en una de las ilustraciones de su Biblia. La agonía del caballo recuerda otro episodio bíblico: en uno de los grabados que ilustran el exterminio de los primogénitos egipcios, que incluía los primogénitos de todos los animales y, supongo, pájaros y bichos, no recuerdo si de Doré o creo de Schnorr, no recuerdo el autor, aparece un perro primogénito muerto.

Me gusta cómo Picasso deforma los animales, los hombres, las víctimas del bombardeo y cómo, al deformarlos, les da más fuerza. Me parece que es en este cuadro donde el arte ha llegado más cerca de la perfección en cuanto a la unión de ética y estética. La eficacia de la denuncia que contiene esa pintura se reveló cuando en una reunión en Naciones Unidas, donde se trataba el tema de la guerra en Irak, se cubrió un tapiz que reproduce el cuadro de Picasso, para evitar, supongo, que se vinculara en la pantalla del informativo de TV Guernica con Bagdad.

Hay que agregar también que así como Picasso pintó el Guernica, también pintó la paloma de la paz, aquella paloma que Noé soltó cuando bajaron las aguas y que volvió con un ramo de olivo podrido. Sorprende que Picasso haya ilustrado ese episodio: una paloma que había volado sobre la humanidad muerta, sobre todas las palomas muertas, que terminó siendo el símbolo que usó la izquierda de los años ’50 en su campaña contra la bomba atómica. En el Café de la Paz se discutía sobre las sucesivas guerras, tomando café en tazas decoradas con la paloma y las hojas (sanas) de olivo, y hay organismos de derechos humanos que también la usan como símbolo. Esto muestra cómo las tradiciones religiosas atraviesan la historia y logran invadir el campo del mundo agnóstico y ateo. Pero, ¿es posible usar una paloma que fue testigo de la destrucción de la humanidad como símbolo de la paz? Como si los nazis hubieran lanzado una paloma con las hojas podridas de olivo sobre Guernica, o la hubiera soltado Truman sobre Hiroshima.

Este texto, escrito por León Ferrari para la sección Fan, fue publicado el 7 de agosto de 2005.

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Imagen: Rafael Yohai
 
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