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Domingo, 21 de noviembre de 2010

> DANNY TREJO EN SU PRIMER PROTAGóNICO

Cara de piedra

Apenas unas 180 películas fue lo que le llevó a Danny Trejo llegar a su primer protagónico. Cualquiera que haya visto Del crepúsculo al amanecer recordará ese jetón temible. El proyecto Machete es incluso anterior a esa película. Robert Rodríguez lo conoció en el rodaje de La balada del pistolero (1995) y desde entonces no dejó de inventarle personajes de nombres filosos: Navajas en esa película, Razor Charlie en Del crepúsculo; fue el tío Machete en la serie Mini Espías y, este año, un despiadado miembro de un cartel narco llamado Cuchillo, capturado y cazado por alienígenas en Depredadores, que Rodríguez no dirigió pero sí produjo. Pero hubo un tiempo en que Dan Trejo (Los Angeles, 1944) empuñaba menos armas blancas que pistolas. Años atrás, durante el rodaje de una de sus 180 y pico de películas, filmó una escena en la que tenía que patear una puerta y tomar por asalto una mesa de poker. Lo hizo con tal convicción que el director, impresionado, le preguntó dónde había estudiado actuación. Trejo contestó: “En Vons, Safeway, Trifty Mart”. El tipo de tiendas que solía asaltar cuando era chico.

Esa carrera anterior al cine le valió unos cuantos años en San Quintín (y más tarde en Folsom). Allí se convirtió en boxeador y fue campeón del sistema penitenciario californiano; ahí mismo, un tipo al que llamaban Harry Super Jew (“Porque era judío y como los judíos no van a la cárcel le decíamos: ¿qué hacés acá?, conseguite un abogado”) empezó a hacerle ese tatuaje imposible de dejar de ver que ocupa todo su pecho, el de la mujer con sombrero mexicano. Y en ese mismo lugar aprendió todo lo que necesitaba saber para la infinidad de papeles de criminales que le tocaría interpretar durante los siguientes 25 años. Su primera experiencia en cine fue en una película de acción que no estaba nada mal, llamada Escape en tren, de Andrei Konchalovsky, protagonizada por Eric Roberts y Jon Voight. Ex heroinómano recuperado, Trejo se dedicaba por ese entonces (1985) a dar charlas sobre las drogas en colegios y otras instituciones, cuando alguien que presenciaba uno de sus encuentros lo invitó al set de rodaje de la película, donde, le dijo, “corría mucha merca”. En el set se encontró con un ex compañero de prisión, Eddie Bunker, devenido guionista, y poco después ya estaba enseñándole a boxear a Eric Roberts. “Esa fue la primera”, recuerda Trejo. “Después tuve suerte porque entre 1985 y 1993 se hicieron muchas películas carcelarias de bajo presupuesto, y siempre decían: Ey, consigan a ese tipo mexicano para el rodaje”.

Actualmente estrena una docena de películas al año –encarnando personajes que por lo general no llegan hasta el The End– y ya tiene anunciadas al menos esa cantidad para el año que viene, incluyendo un papel en la secuela de la remake de Carrera mortal, un film de bandas de motoqueros llamada Tarántula y la cuarta parte de Mini espías, de Robert Rodríguez, el tipo que lo convirtió finalmente en un leading man y hasta le inventó una escena de cama con Michelle Rodríguez, otra con Jessica Alba y otra desnudo en la pileta con Lindsay Lohan. Entre un rodaje y otro se las arregla para seguir dando sus charlas de adicto recuperado, se lanza abiertamente contra los recortes en el tratamiento para drogadictos que decidió hace poco Schwarzenegger en California, y no deja de mostrarse agradecido con sus fans y por cada oportunidad laboral, hasta las más improbables: su participación en un par de capítulos de Baywatch le ganó una legión de fans franceses, y haber pasado por Amas de casa desesperadas le sumó un sector inesperado del público. “Antes me reconocían los matones de siempre, el servicio doméstico y los chicos. Ahora también saben quién soy muchas amas de casa: me han abierto las puertas a una nueva carrera.”

Dice que cuando en el set de Machete se reencontró con Robert De Niro, a quien conoce desde Fuego contra fuego, éste lo felicitó porque sabía que “finalmente lo ibas a lograr”. Pero para Trejo el elogio de uno de sus ídolos era una carga demasiado pesada y le contestó, (un poco) en broma: “¿Quiere que le traiga un café, Señor De Niro?”. Y es que, a este ex convicto devenido ídolo indie masivo (“de ex-con a icon”, define Rodríguez) que se convirtió en El mexicano en Hollywood, al que la banda Plastilina Mosh le dedicó una canción con su nombre, y al que el final de su primer protagónico le augura dos secuelas (Machete Kills, y Machete Kills Again), a veces todo esto le parece un poco inverosímil. “Por momentos tengo miedo de que venga alguien y me despierte: Ey, vamos, que todavía estamos en la cárcel; a comer”.

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