SANTA FE › PONEN EN VENTA TERRENO UBICADO FRENTE A LA CALAMITA

Allí pasó algo en el pasado

"Testimonios de vecinos suman sospechas sobre que La Calamita no fue el único centro clandestino que funcionó en la zona", señalaron aquellos que se oponen a la venta del predio y piden investigar si fue un centro clandestino de detención.

 Por José Maggi

Una vieja propiedad donde se investiga el posible funcionamiento de un centro clandestino de detención durante la última dictadura está en venta. El predio está ubicado en Granadero Baigorria frente a otro lugar emblemático: La Calamita. El lugar -ubicado sobre la calle Eva Perón y la "vía alta"- está en la mira de la justicia federal de Rosario luego de que un grupo de investigadores se interesara en conocer más de cerca la derrumbada construcción con intrigantes túneles, que aún se mantienen en pie. Entre ellos el antropólogo Juan Nóbile (miembro del Equipo de Antropología Forense), junto al equipo de investigación de la antropóloga Silvia Bianchi quienes examinaron el lugar y concluyeron que "había pruebas suficientes para preservar y analizar el lugar". En tanto desde el Colectivo de ex presos políticos, Hugo Papalardo, reclamó "una actitud clara del poder político para preservar el lugar". "Hay testimonios de vecinos que suman sospechas sobre que La Calamita no fue el único centro clandestino que funcionara en la zona".

El predio es conocido como la quinta Canut, y pertenecía a la familia de José Saumell (quien era el dueño del bazar Buenos Aires frente al cine Heraldo) y estaba casado con una mujer de apellido Canut que le dio nombre la quinta.

Raúl Sabatero, historiador de Baigorria, vivió allí entre el '45 y el '49 y describió el lugar como una construcción "con túneles que pasaban por debajo de la casona que tenía sus pisos elevados, con el fin de hacerla una construcción más fresca". Sabatero también relató que con el correr de los años la propiedad fue adquirida por la familia Benzadon, dueña de La Calamita.

El antropólogo Juan Nóbile confirmó a este diario que "esta propiedad fue demolida en el año 1984 cuando comienza la causa de La Calamita. Entonces ya había algunos relatos de gente que decía que allí algo había pasado. Es más hay un hombre de apellido Roldán que declara que había sacado un cuerpo del lugar. Y había allí un par de testimonios de dos personas, que decían haber estado más cerca de la vía. Eso nos daba la pauta que podía ser el lugar. Pero algo es indiscutible: quienes ocupaban esta propiedad debían estar al tanto de lo que pasaba en La Calamita porque se ve todo lo que ocurría enfrente, y porque era la misma propiedad. Estos testimonios señalaban que podían haber estado enfrente, si bien ante la justicia la gran mayoría reconoció a La Calamita como el lugar de detención".

De igual modo el antropólogo fue contundente al momento de pedir un gesto del propio Estado ante la venta del inmueble. "Políticamente no se debe aprobar la venta, sino que es un lugar que se debe investigar previamente. Es muy agresivo venderlo privadamente y la justicia lo tiene que entender, manteniendo su interés en el predio. Tiene que haber una decisión política para preservarlo, tienen que demostrar que quieren preservar este lugar que no es cualquier lugar. Este lugar forma parte del mismos predio de La Calamita y por allí pasaron 20 testigos que lo reconocieron como su lugar de detención".

Para Nóbile hay un antecedente claro. "La Mansión Seré fue demolida cuando se escaparon cuatro detenidos (reflejada en la película Crónica de una fuga) pero la municipalidad de Morón la preservó y luego se excavó y se lo trató como un lugar de investigación. Es un espejo donde mirarse y si la justicia quiere tomarla, sirve".

En tanto desde el Colectivo de ex presos políticos, Hugo Papalardo reclamó "una actitud clara del poder político para preservar el lugar". Hay testimonios de vecinos que suman sospechas sobre que La Calamita no fue el único centro clandestino que funcionara en la zona.

"En casi todos estos temas en los que se abordan los centros de detención clandestinos había dudas sobre cosas que no se dilucidaron. Podemos tener algunas certezas por los sobrevivientes, pero tenemos que seguir investigando, en verdad algunos puntos como los ruidos del ferrocarril que se escuchaban (esta casona estaba casi pegada a una vía), las luces que se veían de noche y las cruces del cementerio, mas cercanas que si se las mira desde La Calamita. Este no es un juicio de valor definitivo, decimos que se abren muchas dudas y lo principal es no alterar el lugar ni venderlo".

Con esta convicción es que Papalardo reclama "que se preserve el lugar y se lo investigue. La Calamita está casi destruida y esta finca cercana se va a poner a la venta por lo cual pedimos una acción de gobierno para que se averigüé antes de pasar a manos de cualquiera. Si no se cambia el rumbo lo mismo que va a pasar con esta quinta Canut, es lo que va a pasar con otros sitios que no se los cuida. Reclamamos una política de Estado para conservarlos".

Otro de los equipos que trabajó desde el inicio en el lugar es el de la antropóloga Silvia Bianchi, docente de la Universidad Nacional de Rosario, y autora de la investigación del centro clandestino El Pozo, que funciono en el subsuelo de la ex Jefatura de Dorrego y San Lorenzo. La convocatoria de Bianchi fue precedida por la investigación periodística de Andrea San Esteban, quien durante varios meses recogió testimonios de vecinos del lugar, ex detenidos y sobrevivientes.

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Los túneles pasaban por debajo de la casona que tenía sus pisos elevados. Es lo único que quedó en pie de lo que fue la quinta Canut.
 
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