CULTURA / ESPECTáCULOS › DANTE GRELA, UN MAESTRO SINGULAR Y VANGUARDISTA

"Hacer música para vivir"

Es director del Estudio de Música Electroacústica de la UNR,
y uno de los más prominentes compositores, intérpretes e
investigadores del rubro en el país. Sus viajes por el mundo.

 Por Fernanda González Cortiñas

Dice que no está muy seguro, pero aparentemente su affaire con la música se inicia a bordo del tranvía 24, hace poco más de medio siglo. "Había una señora bajita, gordita, de pelo canoso, que para mí era muy mayor, pero que tendría aproximadamente mi edad hoy. Muy conversadora, empezó a hablar con mi madre. De la charla salió que yo estudiaba piano en un colegio de monjas de Alberdi y que ella era una maestra de música retirada. Se llamaba Raymunda De Plus y la recuerdo como la primer persona que se interesó en mí como músico", dice Dante Grela, hijo del pintor del Grupo Litoral, Juan Grela y uno de los más prominentes compositores, intérpretes e investigadores de música electroacústica que haya dado este rincón del mundo. A partir de allí, su amor por la música se proyectaría en el tiempo, creciendo y multiplicándose hasta convertirse en algo imprescindible para vivir. Muchos y grandes profesores más (María Elena González y Luis Angel Machado, Efraín Paesky, Washington Castro y Virtú Maragno entre otros), contribuirían a una sólida y amplia formación en el joven Grela, pero recién en 1963, con el maestro húngaro Francisco Kroepfl (dilecto discípulo de Juan Carlos Paz, pionero en la introducción de la música electroacústica en la Argentina) el rosarino despuntaría, como su padre, su apasionamiento por los movimientos de vanguardia.

"Si bien yo ya venía estudiando las escuelas del 20, el atonalismo, el dodecafonismo, etc., con Kroepfl pude tomar contacto con todas las tendencias más nuevas de la música". Tanto así que cuando Kroepfl termina de instalar en Buenos Aires el primer estudio de música electroacústica del país, Dante Grela sería uno de sus privilegiados primeros asistentes. De esta experiencia, surge entre otras cosas, la musicalización de una película experimental C65, realizada por el grupo que más tarde daría vida a Arteón. "Era una de las primeras experiencias con música concreta. El proyecto se basaba en una proyección de color sobres la pantalla en función de ritmos de cambio predeterminados a través de un programa morfológico previo", rememora el artista.

Un año más tarde, en 1966, en una Argentina en plena efervescencia cultural y política, Grela le pone música a una muestra de arte pop en la desaparecida Galería Carrillo. Allí, mientras el espectador atravesaba las enormes habitaciones corridas de una vieja casa de altos, podía sentir que el espacio estaba intervenido por algo más que el efecto de las obras de Favario, Renzi, Gatti y Bortolotti. "Trabajé mucho para esa muestra -cuenta Grela-, al principio investigando la obra, analizando los temas y las formas que habitaban las composiciones; después buscando sonidos que hablaran de eso". El ruido de un motor de colectivo, bocinas, el murmullo de la gente por la calle, los sonidos de la ciudad, fueron montados por un Grela de 25 años en dos cintas electromagnéticas de media hora cada una. "A mí me interesaba mucho el trabajo en la música a partir de la noción de espacio, algo que después seguiría desarrollando tanto en la música instrumental como electroacústica, incluso a nivel teórico -explica el maestro-. Lo que yo quería era espacializar el sonido, algo que evidentemente, con un grabador y dos bafles no era sencillo. Así que decidí pedir un grabador prestado. Eso me permitió montar el trabajo en dos cintas, con dos pistas diferentes cada una". De este modo, con dos emisiones simultáneas a través de cuatro parlantes colocados en distintas habitaciones, Grela consiguió el efecto deseado: "armé una suerte de cuadrafonía casera", se ríe. Por supuesto, la sincronización del encendido de los aparatos y la falta de rebobinado automático complicarían la performance, pero la anécdota es materia para otra nota.

Director del Estudio de Música Electroacústica de la UNR, coordinador del Departamento de Composición y Dirección del Instituto Superior de Música de la UNL y director del proyecto de investigación "Creación musical e identidad cultural en la creación musical de Latinoamérica", Grela es una presencia obligada en cuanto festival, encuentro o concurso haya en el mundo sobre el género: en Chile o Estados Unidos, en Venezuela o Alemania. "Viajo mucho, pero siempre vuelvo. Yo tengo la necesidad de componer, y es una necesidad como la de comer o respirar. Necesito hacer música para vivir. Algo parecido me pasa con mi lugar, con mi ciudad".

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Dante es hijo del famoso pintor del grupo Litoral, Juan Grela, y se formó con muchos maestros. "Yo tengo la necesidad de componer, y es una necesidad como la de comer o respirar", asegura.
Imagen: Alberto Gentilcore
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