CULTURA / ESPECTáCULOS › CINE. LA ROSA DEL DESIERTO, DE MARIO MONICELLI, REAVIVA LA COMMEDIA ITALIANA

Paisaje atravesado por la ternura

Aunque el último film de este notable realizador se sitúe en la Segunda Guerra Mundial, sus personajes y el lugar que propone -un puesto sanitario en Africa- recrean una escena de convivencia, siempre en tono de sátira antimperialista.

 Por Emilio A. Bellon

Si tuviésemos que hacer una caracterización general del cine italiano, esto que se puede llegar a pensar como una marca, un sello propio, podríamos señalar que es la "Commedia" uno de sus modelos distintivos. Y con esa denominación asoman a nuestra memoria los nombres de Totó, Franco Franchi y Ciccio Ingrassia, Sordi y Tognazzi, Nino Manfredi y tantos más. De igual manera, pujan por salir y decir "Presente", la Vitti, Sofía Loren, la Melato y tantos más. Y como expresan los italianos "e cosí via".

Al nombrar este género, pensemos que el término "Commedia" lleva en sí una marca distintiva, propia, la del grotesco, construcción y tono que en la esfera del humorismo ya teorizó una de las figuras claves del teatro moderno, Luigi Pirandello. Esa doble máscara que se sucede en un lento movimiento se reconoce inmediatamente en los films de realizadores tales como Ettore Scola, Dino Risi, Luigi Comencini, Mauro Bolognini, ciertamente Fellini y tantos más. Sin olvidar, claro está a Mario Monicelli.

Este gran director tiene noventa y cuatro años. En su carpeta encontramos proyectos de guiones que piensa en breve concretar desde su oficio detrás de la cámara. Más de cincuenta títulos recorren todo un arco que define al gran momento de la Commedia a la italiana. Entre los años 50 y fines de los 60 el público se agolpaba en la puerta de los cines para ver sus films, como la de tantos otros, que permanecían varias semanas en cartelera, pasando a salas de cruce en zonas aledañas al centro y en otros barrios.

Afortunadamente, hoy podemos recuperar a Monicelli, como hace un mes y medio lo hicimos con Scola, a través de su penúltimo film datado en diciembre del 2006. Y nos referimos a esta obra La rosa del desierto, que continúa con numerosos aspectos que se han podido seguir en sus films anteriores, no sólo a través de algunos momentos de la trama, sino de los trazos de sus personajes. Esos personajes que arman y organizan la gran Comedia Humana.

El afiche del film, de manera muy singular, y con rasgos caricaturescos, nos muestra a una serie de personajes montados sobre la silueta de un camello que nos llevan al escenario del film: un territorio ardiente, en tiempos de guerra. Se deja ver una palmera y por una de las patas del animal sube un coche ambulancia de la Cruz Roja. Montado, sobre la joroba, erguido, un fraile, solidario, que en el film interpreta Michele Placido.

Corre 1940 y estamos en tiempos de guerra. Pero el film lejos de mostrar la contienda bélica, como suele esperarse de este tipo de producciones, transcurre en un destacamento sanitario del norte de Africa. Los mandatos del fascismo empujan a los hombres en el frente a revivir los gloriosos sueños del viejo Imperio. Pero allí en ese lugar, que funciona como un apartado, la misión tiene otra dirección. Mientras tanto Hitler y Mussolini ya suscribieron su pacto, las fuerzas alemanas se despliegan hacia el sur, el este y el oeste y los aliados están en la puerta.

Vemos entonces como algunos de los personajes del afiche se van animando ante nuestros ojos y van dejando al descubierto ese costado tragicómico, en ese ámbito en que la muerte siempre acecha, dominado por el absurdo y el vacío de la guerra.

El film abre y cierra con un personaje, el Mayor Strucchi, sostenido en la ausencia por las pasionales cartas de amor que escribe su mujer. El desenlace opera sobre su figura, tiempo después, en una suerte de largo adiós. Interpretado por el siempre sorprendente Alessandro Haber, en más de una oportunidad actor secundario, su mirada y su voz nos regala versos de Homero y las primeras líneas del Canto nocturno de Giacomo Leopardi, mientras observa el transparente cielo, poblado de estrellas, en ese lugar del norte de Africa, muy cercano a Tripoli.

Rara vez un film ambientado en tiempo de guerra nos ha emocionado por su ternura. Son momentos que uno se siente movido a comentar a la salida del cine. El relato de un moribundo sobre un nuevo alumbramiento de su animal querido se proyecta como un último sueño sonriente en sus labios y en su cansada voz. Como asimismo, el de un joven médico, salir al encuentro de una mujer seductora y fantasmática que surge de las páginas de Las mil y Una Noches.

Cada uno de los que están allí tiene su propia historia. Monicelli le otorga un espacio a cada uno de ellos y se revelan entonces secretos del pasado, aventuras clandestinas, confidencias. Basado en la novela El desierto de Libia, de Mario Tobino y en un fragmento de El soldado Sanna de Giancarlo Fusco, La rosa del desierto (en el original, es plural) nos lleva a convivir con otros espacios, con otro modo de vida, el de los lugareños que entablan un cordial diálogo con esos extraños ocupantes.

Desde su título, la poesía se hace presente en el film: desde aquí, visualizamos esas formaciones de piedra blanco grisácea esculpidas por el viento y la arena, que les son entregadas a los personajes en un acto de bienvenida. Igualmente, el tinte de sátira anticolonialista que hace blanco en la retórica jerárquica del fascismo y en la empresa expansionista nos permiten recordar a tantos otros films del realizador tales como La gran guerra del 59 y Queremos los coroneles del 73.

Film de personajes, que afirma una vez más el profesionalismo del co guionista y realizador de La Armada Brancaleone, Los compañeros (¡uno de sus legados más sublimes!), Amigos míos y tantos más, La rosa del desierto nos permite celebrar en un pequeño espacio poblado de sueños y desencantos, de una labor misionera y de una ofensiva de guerra, un nuevo encuentro con la Commedia. Y a uno de sus más fieles y representativos creadores.

8 (ocho) puntos

La rosa del desierto. Le Rose del deserto, Italia, 2006.

Dirección: Mario Monicelli

Guión: Mario Monicelli, Suso Cecchi d'Amico, Alessandro Bencivenni y Domenico Saverni.

Fotografía: Saverio Guarna

Música: Paolo Dossena y Mino Freda.

Intérpretes: Alessandro Haber, Michele Placido, Giorgio Pasotti, Claudio Bigagli, Moran Atias.

Duración: 102 minutos.

Estreno en DVD en cines Del Siglo.

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Alessandro Haber es el mayor Strucchi, sostenido por las cartas de amor que envía a su esposa.
 
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