CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. SE INAUGURó LA MUESTRA SONRISAS Y LáGRIMAS

Revelaciones y revoluciones

La retrospectiva de Aurelio García reúne unas cincuenta pinturas de radiantes colores en acrílico. A ellas se suman una escultura de Nadia Guthmann y un diorama de Valeria Fiala, basadas en obras del artista y diseñador rosarino.

 Por Beatriz Vignoli

Hasta el 9 de octubre puede visitarse, en los tres túneles del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río Paraná), Sonrisas y lágrimas, retrospectiva antológica del pintor rosarino Aurelio García. Son obras figurativas, de un humor posmoderno, eruditas pero comprensibles para cualquiera con alguna cultura general en imágenes.

A las aproximadamente cincuenta pinturas de radiantes colores en acrílico, cuya minuciosa técnica deliberadamente decorativista imita la del grabado y a las que el curador Darío Homs organizó según "el concepto de la revista MAD", se suman una escultura monumental religiosa verde fluo de Nadia Guthmann y un diorama de Valeria Fiala, "versiones 3D" de dos de sus obras. Fiala recreó Psicosis, una pintura que alude al Concetto spaziale (1951) de Lucio Fontana que posee y exhibe el Museo Castagnino; rompe la simetría una mosca que (como la de la película La mosca) se posó por accidente en la foto que fue tomada en El Bolsón y la artista reprodujo. Guthmann, reconocida escultora rionegrina de la generación de García, tradujo a tela metálica la Aparición del Cristo de Grünewald en las coordenadas de Renzi (2011), donde un Cristo crucificado, ya no en un bombardero como el de León Ferrari sino en las coordenadas espaciales, remite a la Materialización de las ordenadas espaciales de un prisma de aire (1967) o Coordenadas espaciales de un prisma de aire, de Juan Pablo Renzi, a quien García admira. La instalación de Renzi figura con ambos títulos en el catálogo de la muestra Rosario 67 del Grupo de Arte de Vanguardia en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, en la Semana de Arte Avanzado en la Argentina en 1967.

Nacido en Rosario en 1964, bisnieto de un importante coleccionista y donante de arte colonial al Museo Histórico Provincial Julio Marc, Aurelio García ha expuesto desde 1996 en Argentina, Bolivia y España. Pasó su adolescencia "durante la dictadura dentro de una burbuja repleta de rock y tabaco" en "un barrio industrial similar a la Springfield de los Simpson" (el barrio Somisa, de San Nicolás). Actualmente vive en Lago Gutiérrez, cerca de Bariloche (Río Negro) y no lejos de El Bolsón. Su ecléctica obra combina los diversos imaginarios del barroco altoperuano y cuzqueño, el rock psicodélico y el kitsch político. A los que luego fue sumando fuentes, entre otras: modernismo catalán y rosarino, un misalito Regina de la época de Franco y esa cantera inagotable de inspiración que es la carpeta de grabados Kunstformen der Natur (1904) del biólogo alemán Ernst Haeckel.

La síntesis que logra García reúne colores puros en composiciones simétricas que remiten a diversas manifestaciones de la experiencia mística a la vez que satirizan con ironía la propaganda y los fanatismos de cualquier ideología. Además se apellida igual que Charly y ese detalle, a su mente voraz de información, no se le podía pasar por alto. La banda de rock sinfónico García y la máquina de hacer pájaros (luego La máquina de hacer pájaros) fue la primera que vio el futuro pintor en un teatro, en 1977: ese recital lo conectó con la experiencia del rock como estallido de luz y sonido, una iniciación semejante a una bomba atómica y que el artista años más tarde recupera desde la tapa de un viejo disco de vinilo de un vecino y homenajea en su pintura Rock (2008), donde no falta la mirada vigilante a bordo de un Falcon verde cuyas ruedas son dos radiolarios de Haeckel.

¿Es realmente iconoclasta García, es un sofista de la retórica visual, o se toma en serio la devoción a la que parece parodiar? Su formación transcurrió entre el colegio salesiano, la Facultad de Derecho y la Escuela de Bellas Artes de la UNR donde, allá por 1985, algunas de sus profesoras fueron de los vanguardistas del Grupo de Arte de Vanguardia que hizo Tucumán Arde; de allí y del taller de Emilio Torti surgen los fieles amigos artistas con quienes integró diversos grupos mientras trabajaba como diseñador gráfico y de vestimenta. Siguiendo el camino de los hermanos Guido, hizo dos viajes a Bolivia, uno en 1991 y otro en 1992. Obtuvo en 1994 el Primer Premio de Pintura en el Salón Nacional de Rosario. Fue uno de los pioneros del arte digital local hasta que la crisis del 2001 lo empujó a Valencia, España, donde expuso dos veces con gran éxito de crítica.

La ciudad de Rosario ya ha recibido varias veces a este dilecto hijo pródigo, por decirlo en el lenguaje formal y cortés que usa García en sus textos de catálogo. El García reciente es "peronista" (grandes esas comillas) y "verde". También homenajea a actores del cine de terror (Bela Lugosi, Christopher Lee) o cómicos de la televisión de su niñez (Pepitito Marrone diciendo "¡Chéeee!"). Batidos en su coctelera digital, una de las gemelas del Palacio Minetti más una publicidad rusa dieron como resultado su propia síntesis personal de la figura de Evita, a quien puede verse en Screen Gems como figura de culto que asciende e ilumina. En las más recientes Nosotros (2011), Ellos (2011), Todos (2011) y Todas (2011), se inspira en Jorge De la Vega y en los afiches de conciertos de rock del teatro Fillmore de San Francisco para lograr siluetas de Perón y Evita simétricas, igualitarias, naranja y azul, que tienen la alegre banalidad de la publicidad unisex de jeans y de estilistas de la primera mitad de los años setenta.

Diseñador al fin, a la mueca doble de la obra que da título a la muestra, Sonrisas y lágrimas (2011), García la obtuvo de la línea curva de la letra eñe.

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García basó la tapa del catálogo en Sonrisas y lágrimas
 
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