CULTURA / ESPECTáCULOS › BALANCES 2011: PLASTICA.

Pintores, jóvenes e independientes

El que pasó fue un año en el que se destacaron los artistas incluidos en alguna de esas tres categorías. La muestra de la temporada fue Arte de Santa Fe, mientras que Salvador Dalí permitió el regreso del gran público a los museos.

 Por Beatriz Vignoli

El 2011 que acaba de irse pasó para la plástica local como un huracán transformador que dejó un saldo altamente positivo y bastantes reflexiones. Porque, según se ausculte el campo social del arte en Rosario o fuera de él (ya sea entre los rosarinos no artistas o en el mundo del arte de otras partes del país y la región), son dos mapas distintos.

Lo que es seguro es que ya nada será lo mismo. A aquella evaluación y diagnóstico estatal y comunitario de problemas que fue el Cabildo Abierto del Bicentenario 2010, le siguió en 2011 una intensa actividad y una feliz coincidencia entre implementaciones de políticas renovadoras que abrieron tímidamente el juego de lo público al sector privado. Fue el año del retorno glorioso de la Pintura, con P mayúscula. Fue el año en que el aporte de la iniciativa privada duplicó los premios del Salón Nacional. Fue el año en que volvió Dalí al Museo Castagnino de Rosario y, con él, el público amplio a disfrutar las salas estatales de arte. Fue el año de los jóvenes. Fue el año en que un rosarino de 31 años, Adrián Villar Rojas, reinauguró el pabellón argentino en la Bienal de Venecia con una obra realizada junto a un equipo de colaboradores que sumó a su hermano Sebastián y entiende el arte desde la emergencia de nuevas tramas sociales a partir de la creación colectiva. Fue el año en que Carlos Herrera, a los 35 conmocionó a Arte BA desde el Primer Premio Petrobras con una obra que instalaba nada más y nada menos que el olor de la muerte en los metros cuadrados ofrecidos. Fue el año de Mariana Tellería, quien ganó dos grandes segundos premios, el Petrobras y el del Salón Nacional Rosario, con obras que reivindican la materialidad de lo escultórico desde una belleza contemporánea y onírica.

El año terminó con tres curadores jóvenes, entre ellos Nancy Rojas, del equipo curatorial de Castagnino+Macro y artista y gestora independiente reconocida, decidiendo un Salón Nacional de sólo quince obras de arriesgado vanguardismo para darles una máxima visibilidad. Culminó así un lujo de exposiciones en el Museo Municipal de Bellas Artes que incluyó la retrospectiva de un talentoso pintor también joven, Javier Carricajo, además de notables exposiciones individuales de pintores de trayectoria como María Luz Seghezzo y Jaime Rippa o la muestra colectiva Abstracciones, que marcó un nuevo modo de exponer, un retorno al cuidado formal y al rigor histórico signado por el ejemplo de Entre Centenarios (2010) y mostró las ventajas de un enroque interno: la salida de Roberto Echen rumbo a la conducción de una Semana del Arte donde su empatía con los artistas emergentes ayudó a ampliar los horizontes de lo contemporáneo por toda la provincia de Santa Fe. Fue el año de una Santa Fe capital contemporánea. Y, en ese marco, la muestra del año fue Arte de Santa Fe, que con curaduría de Florencia Battiti, Cecilia Fiel y Adriana Lauría formó parte del "Programa Argentina Pinta Bien" en el Castagnino.

El año empezó en lo privado con una residencia internacional de verano y, en las salas del Parque España, con una retrospectiva de obra contemporánea de un grupo de artistas, mayoritariamente pintores, de los años 90, realizada bajo la curaduría de quien acababa de asumir la dirección del Museo Castagnino+Macro: Marcela Römer, quien tomó o habilitó la toma de algunas relevantes decisiones y comandó una renovación institucional. En el CCPE, bajó Yesterday Rozarte y subió la esperada repatriación de obras en gran formato de un gran pintor rosarino emigrado y radicado en Buenos Aires, Daniel Scheimberg. Más adelante, una perla del 2011 en el CCPE fue la retrospectiva del pintor rosarino Aurelio García, lamentablemente eclipsada por Dalí. Cerca de fin de año, Krass reinstaló en la escena a la pintora rosarina Clelia Barroso.

En lo privado, el espacio Osde no se dio tregua y marcó un tope de excelencia. Pasionaria, la individual de la pintora y escultora Marcia Schvarz, y La diversidad de lo moderno, con curaduría de Guillermo Fantoni, fueron dos exposiciones de calidad museográfica de nivel internacional. A comienzos del año, en una misma semana de marzo, Pic﷓Fic, Siete pintores rosarinos contemporáneos abrió el año en Osde Rosario, se reinauguró la tradicional galería Krass y se presentó el Anuario 2010, la revista de arte local que, por la diversidad de voces y miradas convocadas, marca un antes y un después en materia de discusión estética y discurso crítico. Cabe destacar que la presentación tuvo lugar en la flamante galería Darkhaus Arte y Diseño, que se lució a lo largo de todo el año como un espacio renovador y lleno de glamour, muy convocante y capaz de promover interesantes cruces entre disciplinas decorativas y no decorativas de la plástica. La gente de Darkhaus no sólo sostiene el Anuario y un programa de exposiciones sino que además, con un equipo muy profesional de curadores, diseñadores y editores, participó generosamente en diversos proyectos, tanto independientes como estatales: desde una injusta sombra, fueron el cerebro detrás del éxito de la subasta La Fugaz que batió récords durante la Semana del Arte 2011.

La artista visual Lila Siegrist y el historiador Pablo Montini son sólo dos de estos actores intensamente activos en Darkhaus. Otros actores decisivos fueron los del proyecto Cultura Pasajera, que con su fundadora Flor Balestra en la gestión cultural municipal quedó confiado a Gabriela Gabelich, Román Rivoire y sus colaboradores, quienes realizaron un trabajo impecable de curaduría, difusión y comercialización, como el que vienen haciendo desde 2005. Cultura Pasajera impulsó junto al colectivo chileno Curatoría Forense la mencionada residencia de verano, donde se cruzaron y recorrieron diversos ámbitos, entre ellos otro nodo genuino de creación y visibilidad como el Espacio Wip del Café de la Flor, gestionado por Victoria Ciaffone y equipo.

Independientes con nivel museográfico, éso es lo que resume y define a las tres iniciativas mencionadas. Wip sostuvo durante todo el año un espacio artístico y social innovador donde la pintura se dio la mano con lo multimedia, en muestras audaces que se renovaron mes a mes y que culminaron a toda orquesta con una muestra en el Centro de Expresiones Contemporáneas, el actor estatal más activo, diversificado y abierto. Otras instituciones del Estado tampoco se quedaron atrás en materia de arte, baste mencionar al Museo de la Memoria, El Cairo, al Museo Estévez y al Museo de la Ciudad.

El espacio independiente Iván Rosado, de Maximiliano Masuelli y Ana Wandzik, vivió un último año hiperactivo con tal cantidad y calidad de muestras, ediciones y eventos que sólo la velocidad de Facebook podía cubrirlas: el papel y la tinta de los diarios no alcanzaba. Nacieron varios ámbitos independientes nuevos, entre ellos Tremenda Madma, en Madma. Además de las gestiones independiente y estatal, y sus cruces, siguieron ofreciendo exposiciones de altísima calidad las salas más tradicionales, principalmente la sala Trillas del Teatro El Círculo, que con la curaduría de María Rosa Ravera brindó excelentes muestras de grabado, pintura y dibujo de artistas de gran trayectoria como Luis Felipe Noé, Eduardo Stupía o Rodolfo Perassi, entre otros. Entidades como la Bolsa de Comercio, el Rectorado de la UNR y la Casa del Artista Plástico, por nombrar sólo algunos, también trabajaron sin descanso.

¿Y entonces? ¿De qué se quejan los artistas de Rosario? La mentalidad de la escena del arte local no se adapta a esta descentralización hacia lo privado y la mirada sigue centrada, al igual que en la década que pasó, en aparecer o no en el Castagnino+Macro, como si el monstruo de dos cabezas siguiera siendo la única instancia de legitimación artística.

Por otra parte, la experiencia de la subasta La Fugaz, si bien fue exitosa, demostró los onerosos esfuerzos que se requieren para insuflarle una respiración artificial a un mercado local del arte que ya lleva medio siglo esperando renacer.

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Volvió Dalí al Castagnino y, con él, el público amplio a disfrutar las salas de arte.
 
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