CULTURA / ESPECTáCULOS › CINE CLUB ROSARIO FESTEJA SUS 60 AñOS CON LA PELíCULA ITALIANA NUESTRA VIDA

Un refugio para todos los cinéfilos

El espacio que abrió sus puertas el 13 de agosto de 1950, en el ex cine Astral, mantiene hace años sus actividades en la sede de la Asociación Médica (España 401). La función aniversario trae un título del realizador romano Daniele Luchetti.

 Por Emilio A. Bellon

Un 13 de agosto de 1950, en el ex Cine Astral, que estaba ubicado en la calle Rioja entre San Martín y Maipú, a las 10 horas, tenía lugar la función inaugural de Cine Club Rosario con la proyección del documental de Walter Ruttmann, La melodía del mundo y de uno de los clásicos de Fritz Lang, El testamento del Dr. Mabuse. Así lo señala Sidney Paralieu en su libro Los cines de Rosario, ayer y hoy.

El primer programa incluía el último film del notable realizador Fritz Lang en Alemania, antes de su voluntario exilio. Fue rodado en 1933, y se puede leer como una parábola sobre el poder hipnótico y criminal del nazismo; lo que llevó, inmediatamente a que, por orden de Hitler, el film se prohibiera a pesar de que el tirano sentía una particular fascinación por su film Metrópolis, de 1927. Ya Fritz Lang había presentado a su personaje Mabuse, proyección de las sombras del caligarismo y de alcance visionario, a principios de los años 20 y a su regreso a Alemania, en los 60, rodará la tercera parte, Los crímenes del Dr. Mabuse.

Los distintos encuentros que comenzó a organizar Cine Club Rosario conocieron diferentes sedes y a lo largo de toda esta trayectoria se organizaron cursos, conferencias, seminarios, ciclos, contando la institución con una notable biblioteca que se extiende hoy a su videoteca, a la que pueden acceder sus socios.

Desde entonces, las salas que ofrecían su destaca programación han sido las de los ex cine Broadway y Palace, Imperial, Urquiza y Capitol, El Nilo y Centro Asturiano, Sala Astengo, Colegio San José y Foto Club Rosario. Aquélla primera sala, la Astral, debido a un incendio por causas aún no determinadas cerró sus puertas un 17 de enero de 1970, tras sesenta años de actividad desde su origen con el nombre de Gran Biógrafo Rioja.

Desde hace algunos años, este Cine Club considerado el de más larga tradición del país, viene organizando, en varios momentos del año, diferentes ciclos y ya cuenta con publicaciones; la última de ellas, Rosarinos en pantalla, compilada por Alfredo Scaglia y Fernando Varea, dada a conocer en el 2008 y con prólogo de Víctor Zenobi (destacada pluma en contratapas de este periódico), no sólo historiza, sino que presenta diversos perfiles sobre todo el quehacer de la actividad del cine en nuestra ciudad, incluyendo diversos formatos y registros, retratos y cartas, festivales, con la inclusión de una particular bibliografía.

En las funciones de mañana, a las 20 y 22, en carácter de preestreno, y como es habitual ya desde hace muchos años en la sede de la Asociación Médica, España 401, se podrá ver el film de origen italiano Nuestra vida, (La nostra vita), film de Daniele Luchetti, realizador de origen romano nacido en 1960, a quien tenemos presente por su labor como asistente de dirección en Aprile de Nanni Moretti, en el 98, y como director, ya desde el 88, por ese excepcional film que es Sucederá mañana (Domani accadrá), seguido por La investigación (Il portaborse) estrenado dos años después, hoy considerado ya un clásico.

Tras varios films que aquí no se dieron a conocer, finalmente, en el 2008, y tras su premiación, se estrenó en nuestro país Mi hermano es hijo único, film que nos acerca a un conflicto de orden familiar, desde perspectivas ideológicas enfrentadas, en el arco de los 60 a mediados de los años 70. En este, su octavo film, Daniele Luchetti pasa revista a los comportamientos generacionales, a los contrapuntos entre diversas posiciones que se plantean desde dos hermanos, uno ligado al mundo de la fe, seminarista; el otro, comprometido con las ideas y el accionar de la izquierda de su momento; ambos, interpretados por Elio Germano y Riccardo Scarmaccio, respectivamente.

Es ahora nuevamente Elio Germano el protagonista de este film, Nuestra vida, (La nostra vita), que Cine Club Rosario va a presentar mañana en su Función Aniversario. Y por su labor en el mismo como obrero de la construcción que cumple sus horas en la periferia de Roma, como padre de familia que está a la espera de su tercer hijo, mereció el premio a la mejor interpretación en la edición del Festival de Cannes del 2010, junto a Javier Bardem, éste por Biutiful.

Desde un guión de Sandro Petraglia, Stefano Rulli y el mismo director, Nuestra vida, fue definido por la crítica italiana como el retrato más profundo que el cine de ese momento ofrecía, desde el punto de vista sociológico, sobre la Italia actual; libre de todo esquematismo ideológico y en el seno de toda una conflictiva familiar, a la que pertenece su protagonista, Claudio. Y que al igual que en La prima cosa bella de Paolo Virzi no le teme a los sentimientos, a los momentos que emocionan, a los estados de ánimo, en relación con las crisis de angustia y de felicidad por los que pasan sus protagonistas.

Y si La prima cosa bella nos llevaba a una canción que había popularizado el mismo Nicola Di Bari, y que opera desde los recuerdos como eco y leit motiv, aquí es el tema compuesto por el cantante nacido en Módena, Vasco Rossi, Anima Fragile, que se escucha en uno de los momentos más dolorosos de esta historia que nos enfrenta a la pérdida del ser amado.

Presentes, como en este cine de compromiso de hoy; no ya como meros paseantes, sino con sus historias propias, están aquí los inmigrantes en este espacio suburbano, como nos lo muestra el cine de Ferzan Ozpetek, como el de tantos directores que no permanecen ajenos a las grandes problemáticas del mundo de hoy. Del mismo modo que lo lograba de manera tan sensible el un tanto olvidado realizador calabrés Gianni Amelio con su film de mediados de los 90, Lamerica.

Nuestra vida, el film de Daniele Luchetti, desea abrir interrogantes. Y manifiesta hacerlo sobre su personaje, Claudio, interpretado por el propio Elio Germano, acompañado en esta oportunidad por Raoul Bova, Isabella Ragonese, Luca Zingaretti, Giorgo Colangeli, Alina M. Berzunteanu, Marius Ignat, entre otros.

Y Luchetti lo hace partiendo ya de la premisa de que hoy tematizar la cuestión del proletariado en el cine italiano no guarda relación con el cine de otros años, como se puede ver si recordamos en Los compañeros, de Mario Monicelli; El ferroviario, de Pietro Germi; La clase obrera va al paraíso, de Elio Petri, entre otras. En diálogo con el director y el actor, frente a la prensa, Germano continúa: "Hoy ya no encontramos una clase social que se identifica con su propio trabajo, por lo menos así se puede ver en la Europa Occidental; una clase que considera su propia ocupación como un servicio proyectado a la colectividad".

No existe más --afirma categóricamente--, una ética del trabajo. "Hoy, por diferentes urgencias y presiones, el trabajo es sólo considerado un medio para sobrevivir, para obtener algo de dinero. Y es esto lo que le ocurre a mi personaje, ya que su sueño es dejar de ser ese obrero para pasar a ser un pequeño emprendedor de algo diferente y ganar todo lo más que pueda y de pasar a comportarse con sus subalternos como un patroncito cualquiera, dejando de lado sus compromisos, hasta, incluso, violentar las normas legales".

Pero la visión del director, así lo ha declarado, no es la de ofrecer un personaje negativo, en el espacio de las habituales simplificaciones de caracteres. Según él, ha tratado de evitar todo juicio moral, apelando al espectador, colocando a sus personajes en zonas de luces y de sombras, en pasajes de claroscuros, abriendo signos de interrogación, como lo logra en toda su filmografía tan admirablemente Ettore Scola, en ese juego dialéctico entre el individuo, historia y sociedad.

De esta manera, el film nos presenta a este personaje, Claudio, su trabajo en estas canteras en las afueras de Roma (recordemos que Scola y Pasolini eligieron estos ámbitos para sus historias) sus amigos y compañeros ocasionales, su grupo familiar y de cómo una tragedia irrumpe. Frente a ello, los días se muestran inciertos, el despertar del día siguiente no se sabe cómo será, la relación con los otros, amigos y familiares, los hijos, los vecinos... Es Nuestra vida.

Y el cine italiano, una vez más, habla desde una cercanía que se vuelve íntima, confidencial y que al mismo tiempo, ya desde los años del Neorrealismo, junto a Rosellini, Zavattini y De Sica, el primer Fellini y Alberto Lattuada y Giuseppe de Santis, viene ofreciendo films, auténticos legados, que atraviesan épocas y fronteras, que alcanzan dimensión universal.

A sesenta y dos años de su inauguración, Cine club Rosario vuelve a dar la bienvenida, mañana, a las 20 y 22, con la proyección de un film que lleva en sí esa necesidad de escucharse y de ser partícipes.

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Nuestra vida fue definida por la crítica italiana como un retrato profundo de la Italia actual.
 
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