CULTURA / ESPECTáCULOS › EL CODIGO DA VINCI ESTRENA EN ROSARIO Y EL MUNDO

Fascinación por lo críptico

Precedida por el éxito del libro de Dan Brown, la película se estrena en simultáneo en todo el mundo y piensa recaudar millones.

De todas las cosas fantásticas e increíbles que pergeñó el genio florentino, es poco probable que Leonardo Da Vinci haya imaginado jamás que una película con su nombre levantaría la polvareda que viene levantando el Código Da Vinci. Con el autor del libro --un hasta hace poco ignoto, ahora multimillonario escritor--, Dan Brown, recluido en su casa debido al acoso de fanáticos --buenos y de los otros--; con 50 millones de libros vendidos desde su publicación en marzo del 2003; con cohortes religiosas adviritiendo sobre las consecuencias irredimibles de ir a verla, y habiendo sacado al mismísimo Louvre de una de sus peores crisis financieras --que ahora ofrece visitas para develar los misterios de su obra a 110 euros--, el film de Ron Howard viene, por lo menos, precedido de una enorme expectativa.

A caballo de esta movida, en una estrategia publicitaria prácticamente inédita, la Sony Pictures --quien pagó seis millones de dólares a Brown por los derechos de filmación-- resolvió que inmediatamente después de estrenarse en el Festival de Cannes --algo que ocurrió anoche--, la película hiciera lo propio, y de manera simultánea, en todo el mundo. De modo que esta tarde, al mismo tiempo que en Kuala Lumpur o Ginebra, en Rosario se estrena Código Da Vinci.

Con un argumento que, a primera vista, hace recordar el argumento El nombre de la rosa, un elenco encabezado por Tom Hanks, Audrey Tatou, Sir Ian McKellen y Alfred Molina le dan vida a un grupo de personajes imbricados en una trama de suspenso histórico.

El prestigioso catedrático y experto en Simbología Robert Langdon (Hanks) es despertado a mitad de la noche para ir hasta el Museo de Louvre y asistir a la policía en el esclarecimiento de un misterioso crimen. Asistido por una joven criptógrafa, Sophie Neveu (Tatou), Langdon intentará comenzar a descifrar la compleja red de símbolos que ha dejado el asesinato de un conservador del museo. Las pistas, todas ellas vinculadas de algún modo a las creaciones de Leonardo Da Vinci, conducen a una sociedad secreta, vigía absoluta de un ancestral secreto oculto desde hace dos mil años.

Juntos se embarcarán en una apasionante investigación que los llevará de París a Londres y de ahí a Escocia, en busca de más rastros que sirvan para descifrar un código y así poder revelar el secreto; un secreto que sin duda hará tambalear los cimientos de la sociedad moderna. Pero dos cientistas están francamente dispuestos a arriesgar su vida en tal empresa.

Con el mismo guionista (Akiva Goldsman) y el mismo productor (Brian Grazer) de sus últimas dos películas (Una mente brillante y Cinderella man), el director Ron Howard emprendió una aventura que costó la friolera de 125 millones de dólares. Aunque hasta ayer mismo, encendidas hordas de cristianos seguían organizando masivos actos de repudio a lo largo y ancho del globo, a la Sony y a Howard --que gracias a esto planifican recaudar varios cientos de millones de dólares, incluso superando los 612 que recaudara La pasión de Cristo, de Mel Gibson--, los tiene sin cuidado.

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Hanks y Tatou, protagonistas de la historia misteriosa. Se lanzó una estrategia publicitaria sin antecededentes.
 
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