CULTURA / ESPECTáCULOS › APABULLANTE PUESTA DE 11 CANTANTES Y 34 BAILARINES EN EL FESTIVAL DE COSQUíN

Santa Fe embelleció la noche coscoína

Sesenta personas en escena, provenientes de los más diversos rincones de la provincia, dieron vida a la presentación de la delegación provincial. Hubo canciones con el río como fondo, como bruma de poesía, como encuentro entre todos.

 Por Leandro Arteaga

Desde Cosquín

Este cronista ha ido en varias oportunidades al Festival de Cosquín, siempre en compañía de la delegación de su provincia. Esta ha sido la vez más rara, ya desde el inicio: la mayoría periodística no era rosarina. "De dónde sos?", "En qué medio trabajás?", "Es la primera vez que vengo!", "Hay algún artista de tu pueblo en la delegación?", fueron preguntas repetidas. Otro ejemplo: las conferencias de prensa nunca estuvieron tan concurridas. La del viernes, abarrotaba de gente; la misma Ministra de Innovación, Chiqui González, lo comentaba encantada: "nunca hubo tanto calor humano ni diversidad como hoy!".

Mientras el espectáculo de la séptima luna coscoína sucedía --entre presentaciones notables y otras que el cronista no entiende qué hacían allí-﷓ y se anunciaban las atracciones próximas, cada mención referida a Santa Fe era ovacionada. El público estaba lleno de santafesinos! Además de los cantantes (once!) y bailarines (treinta y cuatro!) que ocuparon el escenario, cuando el reloj estuvo próximo a las dos de la mañana. Más la confluencia de emociones que, minutos después, ocurriría de manera privada, festiva, por detrás del gran telón: lágrimas, sonrisas, abrazos, agradecimientos. Bellísimo.

Porque lo sucedido en la noche del viernes en Cosquín significó, si no la mejor de las presentaciones llevadas adelante por el Ministerio de Innovación y Cultura, la que seguramente será más recordada. Nacida como punto de encuentro al desafío supuesto, desde hace dos años, por el proyecto "Querer, Creer, Crear", repartido entre regiones y ciudades de la provincia con el fin, al decir de Chiqui, de "realizar un relevamiento total, absoluto, de quiénes construyen, trabajan con sus manos y hacen la cultura".

Expresiones artísticas salieron al encuentro tanto desde pueblitos con centenares de habitantes como de ciudades mayores. Todos impelidos desde pasiones compartidas. "Nació sin darnos cuenta", dice Alejandro Tejeda, Secretario de Programación Sociocultural y Educativa, uno de los impulsores fundamentales de "Querer, Creer, Crear", al definir la organización de la posibilidad feliz del espectáculo en Cosquín. Así, los llamados telefónicos fueron considerados bromas por los propios artistas, todos amateurs o más o menos profesionales. Hasta que el convencimiento se hizo entender, y el trabajo inició con la tarea prestigiosa de Eduardo Spinassi (Dirección Musical), Claudio Bolzani (Director Adjunto) y Diego García (Dirección del Ballet y Coreografía). Todos también presentes durante la conferencia junto a Jorge Zanuzzi, Director Provincial de Programación Territorial. "La conjunción de músicos, de bailarines, de todas las ciudades, se fue organizando a sí misma; pensamos que iba a ser muy complicado, pero se fue dando naturalmente. Hubo un acompañamiento de tiempo, pero sobre todo un gran trabajo por parte de los maestros", agrega Tejeda.

Se hablaba de emoción porque cuál otra palabra que exprese parecido? Hubo un sentir mayúsculo, que tejió un cordel invisible entre todos los que, de una manera u otra, tenían que ver con lo que estaba por suceder. Una expectativa fascinante tensaba la calma. Se trataba de un contingente de chicos, chicas, familiares, bailarines, músicos, cantores, dispuestos a hacer entre todos lo que todos aman: música. Hay algo mejor?

Por eso, cuando comienza este viaje de amor, por entre el agua de río como su ánima bendita, entre voces, bailes, colores verdes, el cordel pareció precisar su dibujo. Desde atisbos de formas que, si bien sus partícipes debían intuir, todavía no habían expuesto al público. Era el gran momento, el contacto con la Plaza Próspero Molina, la emisión televisiva pública, la concreción de lo que por tanto tiempo se preparó para que finalmente, entre la brisa fresca de las sierras, se entremezclara un hálito de calor húmedo de litoral, de ríos, de su mundo interno.

Coplas de la orilla (Nosetto, Pino, Merlo), Viejo río (Spinassi), Carcará (Fandermole), La isla (Müller), Orgullo santafesino (Morelli). La pantalla ilustraba a cada compositor, para luego interactuar de manera animada y orgánica con la puesta en escena total, desde los menesteres de Pablo Rodríguez Jáuregui, Ariel Papich y Gonzalo Rimoldi, capaces de capturar momentos animados como si fuesen estribillos, entre abstracciones tonales y una referencia en clave que Jáuregui trasluce hacia Lucy en el cielo con diamantes (e infiere, por qué no, la visita al Paraná de un submarino amarillo).

Si la animación era una parte del todo, ello significaba que había tanto sucediendo que no se podía detener la mirada en nada particular. Cada detalle fue parte de una unidad mayor, entre edades diversas, música, baile, melodías mixturadas, compositores de épocas diferentes, más el aval en persona de Monchito Merlo y Miguel Angel Morelli.

Una rápida mención de localidades dará cuenta mejor de lo que se intenta referir: María Susana, Carlos Pellegrini, Las Rosas, Villa Ocampo, Bombal, Firmat, Cañada del Ucle, Villa Cañás, Villa Guillermina, El Rabón, Elortondo, Wheelwright, Labordeboy, Venado Tuerto, Colonia Belgrano, Cañada Rosquín, El Trébol, Chañar Ladeado, Gálvez, Rosario. Todas representadas entre los partícipes del espectáculo. Síntesis de apenas algo de lo mucho que Santa Fe es. Pero también expresión que grafica una manera de pensar la cultura.

Tal como refiriera Chiqui González: "La cultura es lo cotidiano, su intimidad, porque sin esto no hay afecto. La cultura es la distribución social del afecto, para que haya otro, y no un slogan o algo para comprar. La cultura es saber que los otros existen. Y la música nos ayuda mucho".

El saludo final encontró al escenario Atahualpa Yupanqui literalmente ocupado por muchísima gente. Alrededor de sesenta personas. El dibujo cobró forma final. Tal vez cercana a la plegaria que, atribuible a Chiqui, ya quisiera el cronista fuera asumida por tantos funcionarios más: "Hagamos una cultura con la distancia de la imaginación poética. Porque pensar es pensar lejos".

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Cada detalle integró una unidad mayor: animación, música, baile, melodías, compositores.
 
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