CULTURA / ESPECTáCULOS › LITERATURA. NUEVA TIRANíA DE LA ESCRITURA DE MATíAS PICCOLO

Ficción como operación crítica

Publicado por Baltasara Editora en su colección de Narrativa, el libro del joven escritor rosarino reúne nueve cuentos donde se entraman diversas tradiciones o géneros que sólo el prejuicio podía hacer pensar como incompatibles.

 Por Beatriz Vignoli

El libro de cuentos de Matías Piccolo que se presenta mañana, a las 19, en Bajada España (Avenida Illia y España; se accede al lugar por ascensor) marca un hito en la obra de uno de los escritores rosarinos jóvenes más comprometidos con la literatura local entendida como literatura universal. Titulado Nueva tiranía de la escritura, publicado por Baltasara Editora en su colección de Narrativa, el libro reúne nueve cuentos, donde la ficción opera como crítica y en ella se entraman diversas tradiciones o géneros que solo el prejuicio podía hacer pensar como incompatibles; pero esta idea, la de que ciertos cruces son posibles, no puede pensarse sino luego de leerlo. Es como si Piccolo fuese capaz al mismo tiempo de producir literatura y enseñarla; una enseñanza que (como la de los sabios sufíes) sólo puede formularse en acto a través de estos cuentos.

Ya desde sus tiempos de estudiantes en la Escuela de Letras de la UNR, hace 12 años, Piccolo y sus compañeros de la Revista de Investigación y Estudios Literarios (RIEL) embistieron a punta de inteligencia y trabajo contra la ley local no escrita según la cual nada puede ser bueno si es de acá nomás, y si encima le va bien. A un segundo número sobre la novela rosarina (objeto de estudio no abordado antes ni después, como recordó hace poco su editor, Diego Giordano), iba a seguirle un tercero donde Roberto Fontanarrosa iba a ser tomado en serio como escritor, lo que quizás hubiera cambiado muchas cosas.

Fontanarrosa fue homenajeado en clave a través de Congodia, libro coescrito entre Piccolo y Agustín Alzari que fue publicado en 2012 por la Editorial Municipal de Rosario, tras obtener una mención en el Premio Municipal de Poesía Felipe Aldana. Vuelve a serlo en un cuento del nuevo libro donde se reconocen también guiños a algunos de sus discípulos. En "El ensayo musical", el cuento séptimo (el índice está al comienzo y numerado, como en un disco de música) Piccolo parodia precisamente la parodia del Negro al género policial negro mal traducido. Parodia que sirve mezclada y bien batida con un delicioso humor negro y a modo de chorro espumoso de leche aclara con un toque de teoría estética sociológica de la Escuela de Frankfurt, en versión cabeza, puesta a reflexionar sobre el rock: "¿Al final nuestro mensaje no ha sido ese, Willy? 'Un día de estos voy a morirme, pero no hoy'".

El decepcionado crítico musical que termina hablando de raza, mercadotecnia, delitos sexuales y de cualquier cosa menos de música con los tarantinescos gángsters filosóficos del track 7 podría ser descendiente de los escribas a medias medievales, a medias coloniales del cuento quinto, "Los amanuenses y el palimpsesto". Allí, entre los buenos modales de la mala ciencia ficción, se deslizan Kafka y Eco en una distopía autoritaria que parece aludir a la institución literaria. Lo mejor de estos dos relatos es que si bien fueron escritos con un autoconsciente y magistral despliegue de saber, siempre hay algo en ellos que termina por no saberse, ya se trate del carácter enigmático de una misión o de una escena de enseñanza perversamente corrompida.

Entre uno y otro, "Tres versiones de Oliva" transita el ensayo. Es explícitamente presentado como parodia seria de un conocido cuento de Borges y plantea, también explícito, el caso del poeta rosarino Aldo Oliva como si estuviera ante un fiscal, un abogado defensor y un juez que buscara equilibrar los excesos de la admiración y el desprecio.

Humor, autoconciencia, eclecticismo y oficio son virtudes que raramente surgen juntas; sí lo hacen en estos cuentos y en los de otro rosarino, Elvio Gandolfo, que pueden pensarse como una matriz posible.

Y si el cuento que da título al libro cruza al azar dos líneas de vida en una prosa y una estructura que emulan a Saer, el que lo abre hace enloquecer el texto al modo de Levrero y el "Diario de un enfermo" evoca a Cortázar, estos homenajes no empañan la originalidad, también presente en el macabro "Copia fiel del original", el errático "Llueve" y "El nuevo", incluido en una antología de la misma editorial.

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Picollo (Rosario, 1974) cursó la carrera de Letras en la UNR
 
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