CULTURA / ESPECTACULOS › COTIDIANO, LIBRO DE CUENTOS DE MARIANA TRAVACIO

Personajes que afrontan los límites

El viernes pasado, el sello rosarino Baltasara Editora presentó su último título del año. Cotidiano, libro de cuentos de Mariana Travacio, fue seleccionado mediante la convocatoria de la editorial, que lo publicó en su colección de Narrativa con una ilustración de tapa por Pablo Santin y una contratapa de José María Brindisi.

Nacida en 1967 en Rosario, Mariana Travacio vive en Buenos Aires. Es licenciada en Psicología y magíster en Escritura Creativa. Entre otros reconocimientos literarios nacionales e internacionales, fue finalista en el premio Juan Rulfo (Francia, 2012) y obtuvo premios en España y Estados Unidos. Enseñó en la cátedra de Psicología Forense de la UBA y publicó trabajos en su ámbito profesional. Quizás por eso es que a los mejores de los once cuentos aquí reunidos es como si los hubieran escrito en equipo Clarice Lispector y el doctor Oliver Sacks. Por si hiciera falta aclararlo, la frase anterior es un elogio. Tanto Lispector como Sacks, desde sus respectivas disciplinas (literatura y periodismo, una; neurología y estudio de casos, el otro), son autores que escriben formas novedosas de mirar la experiencia de los límites.

¿Cuáles son los límites que afrontan los personajes de Travacio? Los mismos que todo el mundo o que casi todo el mundo: la muerte ("Trayectorias"; "Nadie ahí"; "Caminata"), el fin de una pareja ("Semana Santa"; "Manuela"), el de la juventud ("Bleu, Blanc, Rouge"), el agotamiento de una vocación ("Ultimo diario de Ofelia Ortiz"), la vejez (""Nadie ahí"; "Ultimo diario..."), la vergüenza o el horror ante lo insoportable del otro ("Maten a los tortolitos"; "Hendijas"), una neurosis obsesiva con estilo literario propio ("Rapsodia silenciosa") o la amnesia orgánica, en una pequeña obra maestra: "Construcción".

"Me llamo Ana Laura Linares, tengo 38 años y no tengo memoria". Así comienza "Construcción", que al igual que otros relatos del libro toma la forma del diario ficcional de una mujer: un diario (como el de Ofelia Ortiz) cuya retórica despojada, ansia de soledad y foco en el detalle evocan las crónicas de Clarice Lispector. La semejanza con los casos neurológicos de Sacks se da en el abordaje optimista del tema.

Allí donde la neurología, la psicología o la psiquiatría tradicionales diagnostican un déficit, tanto Sacks como Travacio encuentran un tesoro singular de recursos: ven (en lugar de alguien incapaz) un sujeto libre y con capacidad de decisión, dotado de posibilidades de experiencia únicas. Ven el vaso medio lleno en lugar del vaso medio vacío. Ana Laura Linares va animándose de a poco a dejar atrás un hábitat cotidiano en el que ya no se reconoce. Al mismo tiempo que acepta perder su vida anterior, construye una nueva, "desde cero", sola en su nueva casa, con lo que logra seguir amando (su hija, Lila) y con una amiga de otros tiempos que acepta su condición.

Ana vive en presente y futuro. No es casual que rehaga su vida a partir de una empresa de proyectos. "Ya no tengo que buscar en el recuerdo de la que fui. Puedo ser esta que soy", dice cerca del final de este excelente relato que tiene un doble valor: estético y ético.

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