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Sábado, 23 de abril de 2016

CULTURA / ESPECTáCULOS › MURALES, DE FRANCISCO MATIOZZI, ESTRENó EN EL BAFICI

Preguntas para (des)armar la propia historia

 Por Leandro Arteaga

"Cuando uno está filmando, editando, al momento del estreno se lo ve muy lejos, y cuando llega es como que no lo podés creer, es impresionante; por otro lado es un alivio", se confiesa Francisco Matiozzi Molinas sobre Murales. El principio de las cosas, su película más reciente, con estreno el martes pasado en Bafici, donde tendrá hoy su última función, dentro de la sección "Panorama/Personas y Personajes".

Murales es un (auto)retrato sentido, de caminos que ramifican, a partir de preguntas que el mismo cineasta se hace, en virtud de una memoria que replica de manera social. Por eso, lo que comenta es significativo: "Al final de la proyección hubo preguntas, estuvo lindo, vino mi vieja, que es una de las protagonistas de la película, y también parte de mi familia. Verme ahí, en la pantalla..., es un personaje que está ahí, pero es una parte de mí".

Matiozzi se sitúa frente a la cámara a partir de la pregunta por su tío, Francisco Molinas, desaparecido durante la última dictadura militar, para desarmar el devenir dramático en historias paralelas: la búsqueda de un departamento, el entrenamiento para el cruce del Paraná, el documental sobre el colectivo de ex-presos políticos que pinta murales. Como grietas, se cuelan detalles: dónde fue la bomba que explotó en una plaza de zona sur, cuáles los murales pintados, cuáles los borrados, entrevistas sobre lo presuntamente filmado (Murales dice sobre sí como si ya hubiese sido hecha, mientras se proyecta), amén de testimonios sobre los años de dictadura y supervivencia, en confidencia y en juicio por crímenes de lesa humanidad.

"Es una historia familiar y de la memoria que por lo menos tengo de mi familia, de mi tío, de mi nombre. Es una historia que fui construyendo a medida que crecía, de hecho cada vez me voy enterando de algunas cosas más, de mi familia, de mi apellido y mi apellido materno, Molinas, a tal punto que en ciertos momentos, en la película, me pongo en cuestión y utilizo el segundo apellido. Es un cambio bastante intenso, fuerte. El cine tiene eso, permite esa forma de contar, o por lo menos yo traté de contarlo así, y de poner el corazón ahí, el corazón cinematográfico", dice el director.

El "desdoblamiento" tiene un referente fuerte en Los rubios, de Albertina Carri. Una partición que exprime los recursos expresivos del medio y perturba al espectador. Ahora bien, al momento de recrearse, ¿qué es lo que pasa por la cabeza del director y protagonista? "Mientras escribía, pensaba en cómo reflejar lo que realmente estaba escribiendo, sobre todo porque tengo una forma de trabajar en donde aparece la improvisación. Por otro lado, soy un obsesivo del encuadre, del lugar, de la acción y los personajes, y si bien es un documental, la línea se borra un poco y aparece la ficción. Fue agotador estar de un lado y otro".

El desenlace es contundente, como un grito que remueve y sacude. "A Murales lo fui dimensionando en forma fragmentada, mientras escribía las escenas pensaba en el final, en que no iba a ser tan violento. Durante el rodaje, es muy fuerte lo que me dice el profesor de natación. Al momento de montarlo, me pasó que durante algunas semanas no pude seguir, debido a un montón de cosas, un poco por angustia y por desorden interno, pero también porque es sobre mi tío, sobre mi nombre, sobre este tío que se llama como yo, sobre qué lugar ocupo en esta historia, en la película y por fuera de ella. Es un ida y vuelta eterno, pero bueno, la pude terminar. Pero en realidad recién empieza, por eso el título: el principio de las cosas".

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