CONTRATAPA

NO NOS DICEN, NO NOS VEMOS

 Por Miriam Cairo

IS LIBROS

Mis libros (que no saben que yo existo) / Son tan parte de mí como este rostro /

De sienes grises y de grises ojos / Que vanamente busco en los cristales /

Y que recorro con la mano cóncava. / No sin alguna lógica amargura / Pienso que las palabras esenciales / Que me expresan estßn en esas hojas /

Que no saben quién soy, no en las que he escrito. /

Mejor así. Las voces de los muertos / Me dirán para siempre.

Jorge Luis Borges


El día 16 del mes en curso, recibí por correo electrónico un artículo de Eduardo Dalter, enviado por el querido poeta Rubén Vedovaldi. El asunto del mismo era "¿200 años de poesía argentina?". El interrogante venía a cuestionar la antología editada por Alfaguara que pretende homenajear a la poesía argentina en el bicentenario de la Revolución de Mayo. Me permito transcribir sólo un tramo de la nota de Dalter para ponernos en cuestión: "El propio Licenciado Monteleone, firmante de la antología citada (200 años de poesía argentina) y crítico del matutino La Nación, en los comienzos mismos del prólogo nos va a advertir, contraviniendo en rigor al propio título, y abriendo el paraguas, para que no queden dudas, lo que sigue acerca de la obra: æTal vez no sea un conjunto más o menos razonado o azaroso de inclusiones, sino un sistema de ausencias, porque la acosa el fantasma de la totalidad. No sólo porque hay poetas que no están, que deberían haberse incluido y que, aun por motivos extraliterarios, cuya peripecia es irrelevante, no figuran en esta selección ". La mayoría de las perversas omisiones corresponde a poetas del interior del país. Pero la peripecia irrelevante de los motivos extraliterarios, al parecer, son motivo suficiente para justificar el olvido.

Todo lector es dicho por los autores que lee. (Como lectora, me permito repetir al maestro, quien siempre ha puesto por sobre su condición de escritor su cualidad de lector). Pero el lector en la actualidad de nuestro país tiene la identidad mutilada por el mercado editorial. El lector es dicho a medias por los autores que el mercado elige que digan. Y está claro que el mercado editorial da la voz condicionado por el debe y el haber no por convicciones estético culturales. Sin dudas, la principal actividad del mercado editorial es el silencio. O el barullo. Cada uno podrá colocar en una u otra categoría lo que lee o lo que no puede leer.

No parece muy razonable que los escritores que se han dado a conocer al público masivo en los últimos años hayan salido de premios de emporios comerciales. ¿A ningún ministro de cultura se le ha dado por sospechar algún atisbo de pobreza en el hecho, por ejemplo, de que estos premios sean otorgados a uno solo de los géneros literarios que existen? ¿El estado no tiene por función proteger a los sectores más vulnerables? ¿La cultura de una nación ûno de una metrópoli no merece cuidado y promoción de todos sus referentes culturales? ¿Un país que tiene el privilegio de contar con un poeta merecedor del Premio Cervantes (no del premio Clarín), no debería ocuparse, preocuparse porque la poesía conquiste un lugar más preciado? El mismo Gelman, cuando recibió el premio en el año 2007, nos dio un mensaje que por lo visto, como nación no hemos podido comprender: "la poesía es la Cenicienta de las artes". Perdón, maestro. Esta princesa, oculta entre las labores más veladas y complejas del hombre, sigue siendo destinada a tareas de servidumbre: en los colegios es utilizada para cantar odas acomodaticias en fechas patrias, y en el parlamento, para dar unas pinceladas de maquillaje a la conciencia cultural de los funcionarios.

Porque el estrago no sólo se dio por la indolencia con que se pensó, se prologó y se vendió la antología, sino que además, este tajazo a la memoria nacional fue declarado de interés para la H. Cámara de Diputados, y quien firma el trámite parlamentario Nº 77 del 16 de junio de 2010 es la diputada Castaldo Norah Susana, de Tucumán.

Entre los fundamentos para tal declaración se cita a los propios editores quienes procuran "entre todas las facetas de nuestro patrimonio común, reconocernos en la palabra poética, entendida como la quinta esencia de la creación de sentido, de belleza y de verdad. Ese es el espejo continua diciendo la nota de presentación de los editores donde en esta fecha elegimos mirarnos: el de la reunión de las obras de cientos de poetas argentinos, de diferentes épocas, estéticas y cosmovisiones, que esta antología pone otra vez al alcance de todos, a modo de celebración".

En el espejo roto de la poesía nacional, como lectora, elijo no mirarme.

Entiéndase que mi postura no va en contra de los poetas seleccionados sino de la amputación, de la indolencia, de la mezquindad.

Recuerdo que en el III Congreso de la Lengua, el poeta Ernesto Cardenal (cuyo discurso no gozó de las luces de neón) dijo que "Cada vez que un pueblo deja de hablar una lengua se empobrece toda la humanidad." Y yo me permito diversificar este enunciado: cada vez que un pueblo deja de leer los distintos lenguajes de sus poetas se restringe su cosmovisión, se limita su condición lectora, se cercena su percepción estética, se disgrega su tejido social, se le roban sus tesoros, se empobrece su humanidad.

En 1987, Octavio Paz decía: "En las democracias liberales de Occidente la libertad de creación se enfrenta a peligros más insidiosos pero no menos bárbaros que la censura política e ideológica de los Estados intolerantes: el mercado y la publicidad. Someter a la poesía, por naturaleza solitaria y que nada siempre contra la corriente, a las leyes de circulación de las mercancías, es mutilarla en su esencia. La poesía moderna, lo dijo Blake, es la aliada del demonio: es el ángel que dice No."

Este ángel del No sigue vivo en los bares y resiste en publicaciones privadas. Es cierto que es fuerte, que es invencible, pero no la forcemos más a sobrevivir a la sombra del poder editorial porque seríamos cómplices de un crimen donde nosotros seremos nuestros propios cadáveres.

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