CONTRATAPA

Diario de navegación y besos

 Por Miriam Cairo

Día 1

Zarpamos por la noche. La mujer gaviota consiguió el respeto de todos porque trajo un mapa delineado por ella misma que representa el mar cuando se viaja por mar, o el cielo cuando se viaja por cielo. A simple vista cualquiera podría suponer que el dibujo es un laberinto medieval de seis circuitos. Y tampoco estaría equivocado.

Día 2

Siempre sigiloso y pensativo, el primer timonel, conocido por todos como el hombre faro, nada conoce de vientos ni de mares, pero sabe el nombre de todas las estrellas. Esta mañana guardó bajo siete llaves los futuros secretos que irán surgiendo a lo largo de la travesía y se autoproclamó su cancerbero.

Día 3

Hoy los invité a todos a sentarse en cubierta y distribuí generosamente un galón de aguardiente de caña y otro de ron antes de pronunciar mi discurso escrito por la mujer con sombrero. "Navegaremos muchas semanas, dije, muchos meses, por estas aguas o estos cielos, plagados de sombras y de peces, antes de llegar a destino". La tripulación vitoreaba cada vez que hacía silencio. Lo mejor que escribió la mujer con sombrero fueron los aclamados silencios.

Día 4

No obstante, los días en el laberinto huelen a iodo y sal marítima. Huelen a hombre y a mujer.

A la tripulación, estimada en un capitán, un timonel, una mujer gaviota, un jardinero, una mujer con sombrero, dos polizontes, tres refugiados, un cocinero y un cadete, debemos multiplicarla por el número dispar de fantasmas que cada uno trae, y a estos sumarles los espíritus marinos. Hay días, como el de hoy, en que uno se topa con todo tipo de gente en cubierta. Van y vienen hombres y mujeres convocados por la fantasía o la memoria. A primera hora de la mañana, salieron, de la sala de máquinas, correteando en puntas de pie tres mujeres desnudas y se dirigieron al camarote del timonel. De allí, las mismas mujeres desnudas, saltando como gacelas entraron en el compartimiento de los polizontes. Todo el barco se impregnó con su aroma de ninfas recién amadas.

Día 5

Otro punto importante es establecer si somos o no un barco pirata. Las dificultades de la definición no se hicieron esperar, pero fueron asumibles.

Día 6

Enfrentamos la primera tormenta. Fuimos arrastrados por olas gigantescas hacia la zona más desconocida del laberinto, sin embargo, el jardinero a bordo leyó con soltura poética la rosa de los vientos y nos sentimos a salvo.

Día 7

Todo lo que nos pasa en el cuerpo nos viene de la mente y el alma. He aquí la primera definición pirata.

Día 8

Desde las reminiscencias se establece el equilibrio cósmico después de haber naufragado por cielo y por mar, por causa de una segunda tormenta venida desde adentro.

Día 9

Hoy entramos y salimos del mapa de la mujer gaviota con una soltura veraniega.

Día 10

Este viaje tiene rumbo pero no destino. Segunda definición pirata.

Día 11

Los polizones soñaron la cubierta llena de sangre. Fueron castigados y puestos a limpiar su sueño.

Día 12

El mar, el laberinto, es un páramo. El cadete un dios. La noche un capullo. La mujer gaviota me besó.

Día 13

Los refugiados en el laberinto se quitaron las camisetas y mostraron el torso desnudo. Pechos jóvenes, bíceps fuertes, aunque no tan musculados como los quisiera la mujer con sombrero. A lo largo de la tarde les enseñó el arte de la cabullería. Comenzaron aprendiendo el nudo llano, utilizando mechones de su cabello. Luego fue amarrada al mástil, con un nudo ballestrinque, utilizando el lazo de su vestido. Finalmente hicieron nudos margarita para acortar las cuerdas que nos atan a la eternidad.

Día 14

Pronuncié un nuevo discurso: "Desde que partimos, a cada día de viaje no le ha faltado su noche. No nos podemos quejar", dije, y el aguardiente de caña circuló con frenesí pirata. Yo enjugué cada palabra dicha con sendos chorros de ron hasta aplaudirme, por tanta locuacidad náutica. "Y les prometo... leeess proometooo... que en lo que reeeesssssta de enero... lo que reeeeeessstaaa de enero, ¡noooo vamos a desembarcar, camaradas!"

Día 15

Hoy la mujer gaviota me confesó que nuestro mapa de navegación es un laberinto de ramificaciones infinitas. Luego me besó.

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El triunfo de Venus (1740), de François Boucher
 
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