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Comprensión

Desde mis actividades como educadora y terapeuta vibracional a través del canto, el masaje sonoro, la forma y el color de los recorridos mandálicos he podido construir la comprensión desde el corazón: el ser humano debe devenir forzosamente en sintiente, más allá de lo propio del pensante; de lo que la violencia nuestra de cada día simboliza.

Tendemos desde una visión cuasi simplista a colocar las evidencias afuera lo que nos deja invariablemente al margen de hacernos cargo.

Si cambiamos la posibilidad de ver por la de sentir, podremos percibir con otros sentidos que esos seres monstruosos capaces de las peores aberraciones y que tanto nos espantan e indignan, son el emergente de nuestras partes oscuras no aceptadas. Esa sombra u oscuridad que tanto nos cuesta ver y asumir. El lobo que devora al hombre...

Cierto es que el capitalismo y el materialismo consumista han engendrado la destrucción de las redes humanas reemplazando el Ser por el Tener. Pero tristemente cierto es, y es nuestra responsabilidad concebirlo, que todos los "ismos" son productos humanos. ¿Quiénes sino fraccionan, estigmatizan, discriminan, aniquilan, especulan? ¿Quiénes somos después de todo, los seres humanos que estamos libres de arrojar las piedras?

Lo que se materializa alrededor es lo que somos. Manos al corazón, pero sin enjuiciamiento. Con comprensión, para trascendernos. No desde una visión ingenua naif, sino desde la aceptación de lo humano, capaz de las proezas y de las bajezas. Héroes y villanos.

Juzgar y castigar los genocidios, las barbaries, por supuesto. La ley es imprescindible para que las sociedades no se fagociten unas a otras. La ley, clara, precisa, no transgredida ni siquiera en lo cotidiano. La del padre que introduce la cultura a nivel simbólico. Pero a sabiendas de la impecabilidad, la que nos lleva necesariamente a entender los espejos. La crueldad, la sociopatía, la anomia... ¿No están en cada uno también? ¿Hijos de quiénes son los monstruos?

Repito: lo que se manifiesta y concretiza a nuestro alrededor son nuestras concepciones, el poder de nuestras intenciones, nuestros mandatos, nuestras hipocresías, nuestras ideologías, nuestras debilidades. Pero también nuestras fortalezas, nuestras inteligencias emocionales y resilientes puestas a prueba cada día.

Apostemos a la comprensión. A otros paradigmas que no nos enfrenten y sí nos unifiquen. Quizás encontremos que vemos lo mismo desde otras miradas. Quizás podamos, finalmente, tender puentes que nos ayuden a sostenernos y a sanar.

Laura N. Azcona

Diplomada en Ciencias de la Educación Docente Terapeuta del Canto Reikista.

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