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Todos los que hemos elegido ser docentes, en algún momento de nuestras vidas pasamos por el instante casi mágico del primer día de clases. Tuve, entre muchas oportunidades en mi vida (porque no creemos en la suerte), la de poder estudiar en la educación pública. Desde primer grado hasta la Universidad, y tuve la capacidad de creer en ella profundamente. Otra posibilidad, otro trabajo, me permitió elegir no trabajar en el ámbito privado, porque yo vivo de otra cosa. Y eso mismo me cruzó en el camino con mi querida amiga Lila que me aconsejó, junto a otras hermosas personas, donde anotarme. Pero Lila me aconsejó esa escuela, esa que me llamó el viernes. Sin dudas porque confió profundamente en mí y le agradeceré toda la vida por eso.

Entonces el llamado llegó. Fue un viernes. Tuve un fin de semana entero para imaginarlo. Hasta que llegó, o mejor dicho, llegué yo. ¡Qué ridículo es creer que uno puede impresionarse luego de haber sido parte de un primer/octavo año con 42 pibes allá a fines de los años `90 cuando el país se derrumbaba y la Ley Federal de Educación creía que nos destruía! ¡Un curso de 8 a 10 pibes, por más barrio Tablada que sea, no se compara con eso! Pero los adultos a veces perdemos la memoria...

Así que llegó, o llegué yo.

El Ministerio de Educación implementa una reforma que tiene grillas pero no materias, que hace un inventario pero no un programa y que dice crear horas pero sin docentes. Así los chicos de primer año del barrio Tablada no sólo no tendrán Historia este año sino que su Seminario de Ciencias Sociales comienza a fines de mayo, cuando cierra el primer trimestre. ¿Qué futuro pueden tener estos pibes a quienes les robaron sus historias? ¿Con qué derecho luego los medios de comunicación nos hablarán de un nuevo "enfrentamiento" en el barrio? (palabra trágica si las hay). ¿Cómo podemos educar a un pibe en el respeto a un Estado que le ha faltado todos los respetos?

La reforma curricular además de un mamarracho es cruel. Hizo que estos pibes, que quizá no tengan otro espacio de contención más que la escuela, se estuvieran yendo antes todos los lunes y los viernes. Es el mismo Ministerio que se da el lujo de criticar el ausentismo y la lucha docente. Pero no sólo eso, sino todo lo que algunos ya sabemos, pero que una gran parte de la sociedad ha elegido dejar de lado.

Sin embargo, le daremos pelea. A esta reforma curricular nefasta y a sus intereses ocultos, sean cuáles sean. Y a la realidad de los pibes, por supuesto. Porque no alcanza con denunciar una realidad que no nos gusta, debemos y tenemos el derecho de cambiarla.

Marianela Scocco

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