PSICOLOGíA › NUEVO LIBRO DE CARATOZZOLO SOBRE LA VIDA EN PAREJA

Ya nada es para siempre

"Vivir en pareja. Entre la pasión, el amor y el desinterés", es el nombre del último trabajo del reconocido psicoanalista. A continuación, se transcribe el apartado "Vivir de a dos".

 Por Domingo Caratozzolo*

Mucho se habla de la destrucción o disolución de la familia contemporánea, dato corroborado por la menor frecuencia de los lazos matrimoniales, del avance del divorcio y la existencia de familias multiparentales. El ideal de los tiempos modernos en la constitución de una pareja "hasta que la muerte nos separe" ha cambiado, dando lugar en nuestros tiempos posmodernos a una visión más realista del futuro del vínculo. La vida en pareja ha perdido su antigua sacralidad y se ha convertido en una unión consensuada entre dos personas que buscan relaciones sexuales en un marco afectivo de intimidad y compañerismo.

Existe una actitud crítica frente a los modelos históricos tradicionales, de lo cual dan muestras claras el aumento de los divorcios (cuando hubo legalización de la unión) o de las separaciones cuando el vínculo no se ha legalizado. Los jóvenes ya no creen en la permanencia de los afectos, saben que la convivencia y el paso del tiempo pueden cambiar los sentimientos o agotar el amor y la pasión. Conjugar amor con "para siempre" es propio de otros tiempos.

Otro factor que explica estos cambios es el imperio del narcisismo y el consecuente impulso al goce en el presente, sin tener en cuenta un futuro que es incierto. La gente quiere "ser feliz" aquí y ahora. Nos encontramos frente a un escenario donde existe una búsqueda de nuevas formas de relación acorde con los deseos que están expresando hombres y mujeres acerca de la vida en común.

Si hasta hace muy poco la aspiración de una pareja era unirse por amor con el propósito central de procrear y educar a los hijos, el intercambio afectivo y la satisfacción sexual constituye el objetivo de la pareja contemporánea. La felicidad se busca en la pareja y está centrada en la vida de ésta. Muchas personas toleran la pérdida de la pasión y encuentran en la ternura y la compañía suficiente justificación para continuar juntos. Para otras, cuando termina la pasión, termina la pareja. Es de tener en cuenta que la valoración de la sexualidad en nuestro momento histórico, hace que el deseo erótico, el componente pasional como signo de felicidad vincular, tenga una importancia desconocida en otras épocas.

Anteriormente el sujeto sacrificaba su felicidad por la continuidad de la relación mientras que cualquier pareja actual tiene la convicción de que los vínculos son disolubles.

Si pensamos en el divorcio como enemigo de la pareja, demonizamos una institución que termina estimulando nuevas uniones. Si bien la sociedad actual apoya la estabilidad, también estimula el cambio de pareja cuando la actual es fuente de displacer, de infelicidad.

Privilegiamos la felicidad individual a la estabilidad de la alianza. Vivimos en una cultura que valora la vida de la pareja sobre la de la familia y la felicidad del individuo sobre la permanencia de los vínculos. Es un triunfo del narcisismo. El sujeto actual tiene el imperativo de "ser feliz".

Bauman (1993) afirma que: "Una de las características más notorias de la intimidad posmoderna ﷓esto es, el tipo de intimidad que buscan y practican hombres y mujeres que llevan un estilo de vida posmoderno﷓ es que tiende a liberarse de las compulsiones morales que simultáneamente motivan y restringen las relaciones amorosas Yo﷓Tu. De hecho, para que la experiencia de la intimidad sea posmoderna, el criterio de qué puede obtener cada persona de la asociación resulta suficiente para dar cuenta de los criterios de intimidad... Por consiguiente, el que cada integrante de la pareja obtenga satisfacción es el significado de que la relación se dé por placer, y la única justificación para que una relación íntima se mantenga viva".

Claro que hay individuos que tienen muchas historias de parejas, que quienes se divorcian vuelven a casarse, que de las diferentes relaciones quedan hijos que complejizan los vínculos familiares, que hay muchos hogares monoparentales, pero, a pesar de estos inconvenientes, de esta crisis de las relaciones amorosas, la gente se sigue uniendo, conviviendo y casándose, la pareja sigue siendo la forma de vida elegida por la mayoría de las personas.

La pareja institucionalizada (Urresti, 2003) no está en vías de extinción y la gente vuelve siempre a refugiarse en ese pequeño mundo de a dos, pero sería bueno preguntarse si esas uniones siguen representando los universos de certezas que representaron para las generaciones anteriores.

El sujeto psíquico, marcado desde su nacimiento por una relación paradigmática, la de madre e hijo, parece reproducir a lo largo de su vida esa matriz relacional. Y esa búsqueda de otro con quien compartir sus días, puede ser la causa de que, si bien cambian las condiciones históricas en que vivimos y la constitución y finalidad de la pareja, la vida de a dos siga siendo la opción mayoritaria. Por algo será.

* Los temas vinculados a la pareja viene desarrollándolos en Seminarios que dicta en la Facultad de Psicología de la UNR. Ha publicado "La pareja violenta. Una lectura psicoanalítica" (editado recientemente en Brasil), de "Los destinos sexuales de la mujer. Mito y modernidad", de "La pareja pasional en la posmodernidad. Del desinterés a la violencia", de "Parejas en crisis" y de "Las teorías y la clínica" (coautor).

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