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Junto a la tasa aumentó el costo político

Fue el debate de los últimos días, apenas los contribuyente comenzaron a recibir las boletas con aumento de la Tasa General de Inmuebles. El incremento se aprobó en el Concejo el año pasado, pero una cosa es saber de un aumento y otra muy distinta ir a pagarlo. Habrá que esperar para ver el impacto de esta decisión en un año que también es electoral para Rosario.

 Por Leo Ricciardino

El primer puesto de debate de la semana en Rosario se lo llevó por lejos el aumento de la Tasa General de Inmuebles que, sin ser una novedad, se materializó con la primera boleta de 2009. Y, se sabe, una cosa es que te cuenten un aumento y otra muy distinta es verlo y pagarlo. Muchos fueron los argumentos esgrimidos a favor y en contra del tarifazo. Es necesario revisar algunos.

El Ejecutivo, y por ende el intendente Miguel Lifschitz, asegura que no hubo ningún aumento desmedido, que poco más del 50 por ciento de la población recibió la boleta con incrementos y que en el 90 por ciento de los casos esos incrementos no superan los 30 pesos de bolsillo. El 10 por ciento restante son los barrios cerrados donde hubo subas de hasta un 1.500 por ciento y otras zonas del centro. Ahí explican: "Es lógico que paguen más quienes tienen mayor capacidad contributiva, pero en rigor no es sólo que aumentó la TGI. Lo que se hizo es un revalúo de las propiedades y se eliminaron algunos topes que había. Entonces, esas zonas que antes eran periféricas hoy son lotes valiosísimos que se adecuaron fiscalmente a lo que debían". Más o menos así, este párrafo fue repetido por el intendente, el secretario de Hacienda Gustavo Asegurado y el jefe de los concejales del socialismo Manuel Sciutto, entre otros.

¿Qué dicen en contra concejales de la oposición, vecinos de los barrios paquetes y especialistas? Que en realidad la TGI es una tasa y no un impuesto y -por ende- no puede incrementarse libremente si no se aumenta también la prestación del servicio. La tasa es, en síntesis y para la teoría, barrido y limpieza. Nada más.

De esta manera se derrumba el discurso socialista del intendente en el sentido de que "pagan más los que más tienen para que los que menos tienen puedan tener acceso a servicios y fundamentalmente a la salud pública". Pero el discurso sólo se derriba en teoría, porque en la práctica -se piense lo que se piense del intendente- es efectivamente así. Un número inmenso de rosarinos y aún de otras localidades tienen asegurada aquí su atención básica de salud de manera gratuita. Y esto no es de ahora, no lo inauguraron ni Lifschitz, ni Binner, aunque sí impulsaron también aquella decisión política de enorme trascendencia que tomó Héctor Cavallero en 1989. Una época, dicho sea de paso, muy poco propicia para ese tipo de decisiones.

Los Inmobiliarios, el Urbano y el Rural como los Ingresos Brutos y los Sellos sí son impuestos y van a Rentas Generales. Es decir, ahí sí se redistribuyen claramente y también en la teoría para solventar solidariamente a quienes menos acceso tienen a los servicios. Pero Rosario, durante años, ha sido excluida deliberadamente de la llamada Ley Pascutto que distribuye los beneficios del juego oficial para los hospitales. Binner ha dicho que revisará esa decisión, aunque aún no lo ha hecho. De todos modos, aseguran que aumentaron los fondos de ayuda para la salud pública municipal.

Pero también hay que decir lo siguiente. Por todos estos motivos, porque en Rosario se gestó un modelo solidario y ejemplar de salud pública que hay que sostener. Porque felizmente hace mucho que no se registran -al menos ni se han denunciado ni mucho menos comprobado- casos de corrupción en la administración pública; con lo cual lo que se paga vuelve a la gente, por todo eso precisamente, Lifschitz tendría que haber sido más cuidadoso.

Al menos en el sentido de la actualización de la TGI. Evitar que viniera todo de golpe y de esa manera minar la confianza de algunos contribuyentes. Si hace desde 1975 que no había -como se dijo- actualizaciones fiscales y regían los topes, el socialismo es también responsable de no haber hecho esas actualizaciones en los últimos 18 años. Se nota la necesidad ﷓si bien no la voracidad﷓ fiscal del Estado municipal.

Claro, en su defensa el intendente podrá decir que esperaba otra realidad con el gobierno provincial del mismo signo político. Pero en la provincia, no sólo se frenó la Reforma Tributaria en la Legislatura (que es toda otra discusión), sino que el dinero salió con cuentagotas para municipios y comunas y Rosario no fue la excepción. Con todo, este que acaba de comenzar es un año electoral también a nivel municipal y Lifschitz ha hecho su apuesta fuerte y un gesto antipático hacia la sociedad. Siempre hay costos, el tema es saber cuánto.

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