OPINION › SIETE DIAS EN LA CIUDAD

Mónica en la mira

La intendenta Mónica Fein recibió en los últimos días distintos tipos de críticas y ataques políticos vinculados a la interna que se anticipó en el Frente Progresista local. El impacto en una gestión que no tiene mucho para gastar y el calendario electoral que se anticipó. La decisión de meterse en el combate contra el narcotráfico.

 Por Leo Ricciardino

Alguien empezó a oler sangre. Es como los tiburones, una gota alcanza para tornarlos agresivos y seguidores. La figura se utilizó esta semana para describir el escenario que se le avecina a la intendenta municipal Mónica Fein. Con pocos días de diferencia, el edil Jorge Boasso tiñó de sospechas el millonario proceso licitatorio de la basura; el secretario de la Producción Sebastián Chale renunció a su cargo en medio de un acto político de un sector del radicalismo y la concejala María Eugenia Schmuck disparó que el Frente Progresista "nunca existió en Rosario desde que asumió la intendenta Fein". Una andanada fuerte en pocos días. Encima se subieron al tema el peronismo a través del concejal Diego Giuliano que le pidió a la intendenta que demuestre la "transparencia de la licitación" de los residuos domiciliarios y el atildado edil del PRO Roy López Molina le endilgó al Frente Progresista que mientras ellos se sumergen en un feroz internismo, los problemas de la ciudad (con la inseguridad a la cabeza, por supuesto) continúan sin resolución.

Llamó la atención -o en realidad no- que el primero en denunciar las irregularidades, demoras y desprolijidades en la licitación del servicio de recolección y disposición final de residuos domiciliarios se haya mantenido en silencio todos estos días. Lo que pasa es que el concejal y ex intendente Héctor Cavallero (PPS) sabe que estos nuevos ataques sobre el tema tienen la intención de anticipar el escenario electoral del año próximo, más que otra cosa. Cavallero había señalado hace meses los problemas que tenía (y anticipó incluso los que tendría) esta licitación que involucra más de 2 mil millones de pesos. La más grande y costosa que tiene el municipio de Rosario por delante.

Los funcionarios del Ejecutivo reconocen que no es el más ordenado de los procesos en marcha en pos de una concesión, pero argumentan que a los intereses en juego y las deudas pendientes con los actuales concesionarios se suman costos siderales que hoy por hoy son difíciles de contemplar y proyectar para las disminuidas arcas locales.

A la crítica sucesión de hechos que se dispararon en pocos días en contra de la intendenta Fein; se sumaron furiosos ataques en Twitter donde los funcionarios suelen descargar toda su bronca en torno a temas candentes de actualidad. Y si bien, generalmente, no se repite en declaraciones formales a distintos medios lo que se escribe en un momento de furia en 140 caracteres; el debate salió a la luz esta vez. Así se conoció que Boasso señalaba al secretario de Gobierno Fernando Asegurado como el que "maneja a la intendenta Fein". El secretario -cuyos duelos con el edil del radicalismo a través de las redes sociales ya han cobrado notoriedad-, se defendió afirmando que decir eso es "no conocer a la intendenta". Pero después fue la propia Mónica Fein la que decidió hacer pública su crítica al señalar que el concejal Boasso utilizaba un lenguaje machista que menospreciaba a la mujer por el sólo hecho de serlo. Y agregó que "es un modo peligroso de expresarse en una sociedad en la que subsisten ataques a las mujeres que muchas veces terminan en femicidios".

Es obvio que la intendenta, que se dedica a la política desde los 17 años, está acostumbrada a los ataques y las críticas. Pero lo que no se sabe nunca es hasta dónde puede calar en la sociedad el impacto de estas diatribas. Por un lado la oposición busca diferenciarse del Ejecutivo para recortarse de manera más nítida como oferta electoral y por el otro se pretende poner en tela de juicio la capacidad de cada persona para determinado cargo político. Son casi siempre estas variantes las que componen el debate político, no ya desde su contenido, sino desde un nivel metodológico.

Está claro que Fein es capaz de defenderse por sí sola. Por eso en su entorno, muchos interpretaron que la intervención de Hermes Binner en su polémica con Boasso, no la ayudó demasiado. Se podría leer como que tuvo que "bajar" el dirigente más notorio del partido para defender a la intendenta. Binner dijo en el feriado del 9 de Julio que Fein era demasiado benévola (en sus respuestas a Boasso) y que "alguna vez habría que ir a la justicia" para denunciar al concejal que deslizó sus sospechas sobre el proceso licitatorio de la basura. Lejos de amilanarse, Boasso dobló la apuesta y se mostró dispuesto a "acompañar a la intendenta a la justicia" para dirimir el tema en cuestión. Todo pareció haber terminado allí, al menos por el momento. Pero otros creen que los ataques se reeditarán en función del internismo desatado en el seno de la coalición gobernante en Rosario.

Drogas y política.

La creciente demanda social por seguridad y la cruda realidad del narcotráfico en distintos barrios de Rosario han hecho que el municipio decida involucrarse de manera más activa en la temática de la mano del gobierno provincial. Visto así, puede ser auspicioso para el vecino que lo percibe de esta manera, pero desde el punto de vista del rol del municipio puede convertirse también en una participación que lo exponga a dar cada vez más respuestas que, es lógico, no está en condiciones de dar.

Así pues, la decisión de enviar topadoras para demoler un quiosco de drogas en Perú al 3.700, es una frontera que la administración local cruzó y que nadie sabe bien dónde puede terminar. Si no que le pregunten al criminólogo Enrique Font --ex funcionario de Binner en el ministerio de Seguridad-- que dijo el viernes que esta fuerte imagen de mostrar a través de los medios cómo se demuele un quiosco donde se venden drogas, "es más propio de gobiernos como los de (Gustavo) Posse (intendente de San Isidro) o (Mauricio) Macri (Jefe de Gobierno porteño) que de una administración progresista". Lo que señala el especialista es que demoler estructuras edilicias vinculadas a la droga no significa necesariamente demoler al narcotráfico. Y mucho más contundente: Font cree que no sirve para nada. Una cosa es la furia de los vecinos tumbando el lugar desde donde se "envenena" a sus pibes y otra muy distinta es transformar eso una "política" de Estado, como en el momento y el lugar exageró el subsecretario de Prevención y Seguridad Ciudadana Luis Baita.

Es entendible la presión que hay sobre el municipio para que se encargue de estos temas, pero es peligroso querer demostrar que en realidad hay un abanico de cuestiones que se pueden resolver desde esta instancia cuando en realidad, no es tan así. Desde el concejal Giuliano que está obsesionado con la inseguridad hasta el novato edil del PRO Alejandro Roselló que propuso pegar carteles tipo "Buscado" para delincuentes en edificios públicos de la ciudad; el relato de lo que debe hacerse en la materia es tan rico como fantasioso. Pero también y siempre, es ideológico y el Ejecutivo no debe caer en trampas en las que puede quedar prisionero y sin respuestas.

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