CIUDAD › ENTREVISTA CON EL ECONOMISTA CONSULTOR DE NACIONES UNIDAS, BERNARDO KLIKSBERG.

"Apostar muy fuerte al cambio de verdad"

Kliksberg apuesta a la formación de gerentes que dejen atrás el viejo modelo del yuppie de los 90, para crear "un nuevo ethos ético". Para eso estuvo en Rosario, donde inauguró el programa "100 jóvenes por la ética para el desarrollo".

 Por Sonia Tessa

Bernardo Kliksberg concibe la economía como una ciencia humana, por eso, sus preocupaciones se centran en la participación, la ética y el desarrollo. El mercado debe ser, para él, regulado desde la sociedad civil y el Estado, y como ejemplo de esa necesidad pone a la crisis financiera mundial, que obligará a reconsiderar el rol de la empresa. "Hay fuerzas históricas que exigen ese replanteo. Desde ya, la crisis va a dinamizarlo totalmente, porque significa el fracaso de ese tipo de empresa, que finalmente arrastró a toda la sociedad, como son los fondos financieros sin ningún tipo de contemplación por nadie, los CEOS de los fondos tratando de maximizar sus ingresos personales aunque hagan reventar a la empresa, destruyeron finalmente las bases de todo el sistema". Y confía en que esos cambios vendrán de la mano de una sociedad civil informada, exigente, cuestionadora. Como dice el título de su último libro, escrito en colaboración con el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, "Primero, la gente". Kliksberg, es asesor principal de la ONU, y es frecuentemente citado por el gobernador Hermes Binner. Como investigador, creó una disciplina llamada gerencia social, pero no se contenta con escribir libros que son best sellers mundial, sino que apuesta a la formación de gerentes que dejen atrás el viejo modelo del yuppie de los 90, para crear "un nuevo ethos ético". Para eso estuvo esta semana en Rosario, donde inauguró el programa "100 jóvenes por la ética para el desarrollo".

¿En qué consiste el programa?

Rosario se va a poner en la punta a nivel internacional de la enseñanza más avanzada en el mundo para poder llegar a una economía con rostro humano. Nosotros estamos tomando los cien chicos más brillantes de la Universidad Nacional en una cantidad de carreras, que a su vez tengan una foja de servicios a la comunidad, y que quieran ser docentes. Y durante casi seis meses los vamos a formar en el pensamiento más avanzado del planeta, las ideas de Amartya Sen, las de (Joseph) Stiglitz, las de Paul Krugman, lo que yo he avanzado. Ya lo hicimos en Buenos Aires y fue de un éxito muy fuerte.

¿El programa apunta a formar dirigentes con otros valores?

Exactamente, nosotros queremos generar un nuevo ethos ético con respecto a la economía y la gerencia. Con Wall Street, el rey quedó al desnudo, el rey era inmoral totalmente. Los altos ejecutivos, a los que (Barak) Obama califica con el término de codicia desenfrenada, tiene su réplica en la Argentina desde ya tanto en el pensamiento de los ortodoxos, fundamentalistas de mercado como en su práctica, entonces nosotros queremos ver si la Universidad, cumpliendo el lema de la reforma del 18, se compromete con una necesidad fundamental que es formar gerentes, economistas, líderes empresariales que tengan un marco ético totalmente diferente, que estén en otro paradigma de pensamiento y que tengan valores éticos. Es una apuesta muy fuerte al cambio de verdad, no declamativo.

Pero la lógica misma del capitalismo aparece como dicotómica del sentido humano.

Hay fuerzas históricas que están yendo en esa dirección. Una son las sociedades civiles que en los países desarrollados están peleando para poner límites. Así como se les pide ética a los políticos, la sociedad empezó a pedir ética a los empresarios. La sociedad civil en Estados Unidos por ejemplo ganó la pelea contra la industria del tabaco, que es criminal, y es uno de los complejos económicos más poderosos del país. Pero fue arrinconada, y se logró hacer retroceder el consumo de la población al 20 por ciento del país, con una pelea de 40 años. Ahora está dando la pelea contra los fast foods, que están envenenando a toda América Latina. Entonces, un actor es la sociedad civil, una sociedad civil más activa, más pensante y más informada. En segundo lugar, los consumidores organizados. En Estados Unidos se considera que en este momento hay consumidores éticos, que significan un mercado de 250 mil millones de dólares. Y el tercer actor son los pequeños accionistas, que les robaron todo. Les robó Enron, ahora les robó Lehman Brothers, Merryl Lynch. Entonces, los pequeños accionistas están reclamando cambios en el poder corporativo, que haya regulaciones mucho más severas. La corrupción privada ha demostrado ser poderosísima y está hundiendo al mundo. Entonces no es un juego de pura fantasía. A las empresas les conviene ser responsables socialmente porque sino van a tener sanciones. ¿Esa ética sólo también debe impregnar el gerenciamiento del Estado?

Nosotros queremos influir sobre la empresa privada y sobre los organismos públicos. El burócrata público insensible no nos ayuda. Se trata de educar de un modo distinto y existen posibilidades de hacerlo. Esta ciudad es una prueba de eso. Naciones Unidas le dio a esta ciudad hace 4 años el premio a la ciudad mejor gestionada de América Latina.

¿Es posible hablar de pobreza sin mencionar la inequidad?

Yo he acuñado un lema que me acompaña con mucha frecuencia, digo que una falsedad absoluta en América Latina es decir hay pobreza y hay desigualdad. Hay pobreza porque hay desigualdad, porque la única explicación por la que un continente que tiene tanto potencial tenga un 40 por ciento de población por debajo de la pobreza, es la desigualdad. Es el continente más desigual de todo el mundo. En América Latina la producción de alimentos el año pasado fue para 3 veces su población, para 1500 millones de personas, y el 17 por ciento de los chicos están desnutridos. La desigualdad es la respuesta. El 10 por ciento más rico tiene 50 veces lo que el 10 por ciento más pobre, en toda América latina. En España es 10 veces, en Noruega es 6 veces. Estos niveles de desigualdad crean las trampas de la pobreza.

¿Qué significa trampa de la pobreza?

Cuando un chiquito nace en una familia vulnerable, lo más probable es que tenga vulnerabilidad de salud, porque va a estar mal alimentado, va a tomar agua de mala calidad, que lo manden a trabajar desde los 5 o 6 años, que deje la escuela primaria, que en el mejor de los casos haga secundaria pero no la complete, el 80 por ciento del 20 por ciento más pobre no termina la escuela secundaria. Y no va a conseguir nada en el mercado del trabajo formal, es un excluido automático, va a vivir de changas y va a reproducir destinos iguales. Eso se llama trampa de la pobreza y es la expresión de la desigualdad en acción y eso conduce a profundizar la desigualdad, porque en esas condiciones, este chiquito va a tener una diferencia de años de escolaridad con las clases medias y altas fenomenal.

-Usted mencionó los intereses creados y ese es un punto crucial. ¿Cómo se sale de la trampa que significó, por ejemplo, un conflicto como el del campo el año pasado?

Yo creo totalmente en que el motor de la historia en América Latina es la participación de la gente. Tenemos una sociedad que está activando mucho más, no sólo que va a votar mucho más, sino que se está organizando. Esa sociedad en proceso de democratización está moviendo la historia, está echando presidentes desde 1993 hasta 2007, hubo 14 presidentes de América Latina que no pudieron terminar sus mandatos, con la única excepción del golpe horroroso, medieval de Honduras, todos los demás fue porque los echó la gente por no dar soluciones. La gente va a reclamar cada vez más contra los intereses creados. La única manera desde la política pública de enfrentar intereses creados es con una sociedad movilizada. Si se trata de enfrentar en forma elítica, no se va a avanzar demasiado.

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Kliksberg: "Así como se les pide ética a los políticos, la sociedad empezó a pedir ética a los empresarios".
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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