CIUDAD › EL PRIMER CASAMIENTO ENTRE DOS MUJERES, EN EL DISTRITO SUDOESTE

Derechos que no pueden esperar

Ana y Nélida son enfermeras de hospitales públicos, y viven juntas desde hace 14 años. Se conocieron en el Colectivo Arco Iris, en 1993. Ana está enferma, y deseaba con fervor la ley para asegurar el destino de los bienes en común.

 Por Sonia Tessa

Cerca de la jefatura de policía, en plena zona sur, en la zona de Avellaneda al 4800, viven Ana Romero y Nélida Ruiz Díaz, que hoy a las 12 se casarán en el Distrito Sudoeste. Las dos son enfermeras y se conocieron en 1993, pero el flechazo no fue instantáneo. Con el tiempo, construyeron un amor sólido. Desde hace 14 años son pareja. Durante años, Ana iba en moto desde su casa hasta el hospital Eva Perón, en Granadero Baigorria, a las 6 de la mañana. Nélida se levanta todos los días a las 5 para trabajar en el hospital Carrasco. Ana tiene 49 años, Nélida 46. Construyeron juntas su casa, tienen varias mascotas (perros, gatos, peces), compraron un auto. Viven con la mamá de Nélida, Zulema, de 85 años. Al caer la tarde, el comedor es el de cualquier familia, aunque se suma un poco de revuelo por los preparativos de la ceremonia. En marzo de este año, a Ana le diagnosticaron un cáncer de pulmón. Desde entonces, no sólo peleó contra el avance de la enfermedad, sino que esperó ansiosa la aprobación de la ley de matrimonio igualitario que le permitiría quedarse tranquila sobre el destino de lo que construyó con el amor de su vida.

Ana asegura que los médicos le dieron esperanzas de curar el cáncer, aunque también habla de su posible ausencia. Nélida le pone la mano en el hombro y la mira con ojos tristes. Para ella, es más fácil decirlo de otro modo. "No cambia el día a día, pero sí el futuro. Ana no tiene familia, pero si yo me iba antes... Mi familia es grande, y estoy segura de que al otro día le cerrarían la puerta de nuestra casa", plantea Nélida.

Ana y Nélida se conocieron en un espacio de militancia de la diversidad sexual, un nombre que por entonces no se usaba. El lugar era el Colectivo Arco Iris, y en esa época, la sola mención de la palabra "lesbiana" en un folleto significaba una transgresión. De hecho, ellas organizaron una choripaneada en 1994, y la convocaron como lesbianas. Pensaban que no iba a ir mucha gente a la actividad, pero ese día el local se llenó de mujeres que no tenían otro espacio para compartir sus vivencias.

Por eso, entre tantas otras cosas, para Nélida el casamiento es importante. "Es un reconocimiento a todo lo que hemos luchado alguna vez entre bambalinas. Los que daban la cara en aquel entonces eran Pedro Paradiso (actual asesor legal de la Comunidad Homosexual Argentina) y Guillermo Lovagnini (actual presidente de Vox, Asociación Civil). Nosotros repartíamos volantes, activábamos", recuerda Nélida, quien manifiesta su reconocimiento por la larga militancia de Lovagnini, "pese a las discrepancias". Después de conocer al amor de su vida, Nélida abandonó el activismo y se dedicó al proyecto de pareja. Ana compartió su militancia lésbica con la gremial, en ATE, hasta que se enfermó. Desde entonces, casi no atiende el teléfono, ya que se siente muy débil por las sesiones de quimioterapia. Los amigos más fieles pasan por encima de sus resistencias, y la llaman hasta que atiende. Así ocurre con Jorge Gonzalvez, que será uno de los testigos. La otra testigo será María Lezcano, una amiga fiel desde hace años. La misma que compró el sombrero blanco para que Ana lleve hoy, en la ceremonia. Contrarreloj, organizan un brindis para amigos y familiares. "Ese es otro obstáculo que encontrás. En algunos lugares, cuando explicás de qué se trata, te dicen que no hacen reservas", dice asombrada María, impulsora de los festejos. "No vamos a ponernos vestidos, jamás los usamos", adelanta Nélida.

Con tono entre burlón y de reproche, Nélida dice que el casamiento se apuró porque Ana estaba muy ansiosa. "La mató la ansiedad, podríamos haber esperado un poco más", dice Nélida, mientras afirma: "No sabés los berrinches que hizo. La semana pasada levantó 40 de temperatura, entonces me dediqué a cuidarla. Pero ella me insistía con que fuera a buscar el turno". María acota: "El lunes, ella estaba pasándose el cuerito de la quimio y le decía a Nélida que vaya al Distrito". Así las cosas, Nélida partió a buscar el turno para casarse. Y fue atendida con gran amabilidad. El casamiento era casi un hecho.

No lo creían posible hasta hace pocos días. La noche que se aprobó el matrimonio igualitario, Ana se quedó mirando el debate, y sufría al compás de los cambios que registraban los canales de televisión sobre el presunto resultado de la votación. Incluso, la confundió la forma en que informó la primera votación un canal de noticias. Nélida, en cambio, prefirió dormir. Para ella, después de "las barbaridades" que había escuchado en los últimos días, era suficiente. "Tenía que levantarme a las 5, pero además, había perdido las esperanzas. Así que esa parte no la sufrí", recuerda a pocas horas de dar el tan anhelado "sí, quiero". Por lo que escuchó en TN, aquella madrugada del jueves 15 de julio, Ana pensó que se había perdido la votación. "Cuando aclararon las cosas, la desperté, nos abrazamos, nos besamos", cuenta ahora.

El matrimonio es casi un hecho, y para Nélida significa "formalizar esta unión de 14 años, estar al compás de la sociedad, porque estábamos 10 pasos atrás".

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Nélida y Ana comparten una casa cerca de la jefatura de Policía, que levantaron entre las dos.
 
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