CIUDAD › REEMPLAZO DEL PATRIMONIO ARQUITECTONICO ROSARINO

Cambio casas por edificios

La falta de regulaciones protectivas respecto a la altura de
los nuevos edificios, cambia el perfil de la ciudad. Del
total de casas demolidas, el 65 % es para dar lugar a torres.

 Por Guillermo Lanfranco

La presión demoledora sobre el patrimonio arquitectónico de la ciudad sigue siendo fuerte, a partir del "boom" de la construcción que continúa regulado por normas establecidas cuatro décadas atrás, cuando se soñaba con una ciudad de edificios altos, aunque de calles estrechas. Una lógica especulativa que arrasó con infinidad de joyas de la arquitectura rosarina y hoy persiste en restarle luz, aire y privacidad al centro y al macrocentro. Respecto al 2004, el año pasado se incrementaron casi un 25 por ciento las demoliciones de casas bajas y antiguas, para dar paso a nuevos edificios en altura, cuya cantidad subió casi en igual proporción de un año al otro: de 72 en 2004 a 89 en 2005. En este esquema de afianzamiento de una ciudad modelo año `60, hay bienvenidas excepciones. Así, se redujo la cantidad de edificios de valor patrimonial que cayeron bajo la piqueta, pasando de 25 en 2004 a diez en 2005. Aunque, claro está, en este punto nada es mejor que cero.

Rosario se continúa diseñando con viejas normas en lo que hace a la construcción. Y, si bien en los últimos años se ha avanzado mucho en cuenta a la toma de conciencia del patrimonio arquitectónico como un recurso no renovable, la reactivación económica del país en general y de la región en particular provoca daños colaterales sobre el mismo. La legislación vigente permite la sustitución de edificios antiguos y de poca altura por torres de departamentos -en su mayoría de más de diez plantas- que significan una alteración notable de las condiciones ambientales de barrios que van perdiendo la fisonomía que los caracterizó hasta poco tiempo atrás.

En este sentido, de acuerdo a estadísticas de la propia municipalidad, de las 137 demoliciones de propiedades de más de 50 años de antigüedad que la Intendencia aprobó durante el 2005 -a través de la comisión de Preservación del Patrimonio Arquitectónico-, 89 de ellas (el 65 %) sirvieron para que el terreno libre fuera ocupado por un edificio en altura. También fue notable el incremento de este tipo de nuevas construcciones respecto al 2004, año en que se habían levantado 72 torres de departamentos, lo que implica una suba del 24 %.

Frente a este panorama, la Secretaría de Planeamiento sigue apostando a las pocas herramientas con que cuenta para frenar la pérdida de bienes culturales y el crecimiento desparejo de la ciudad. La regulación de los índices de construcción ha demostrado ser la más eficiente en ese sentido, como ya rige en bulevar Oroño entre Rivadavia y Pellegrini, donde no se puede construir por encima de las tres plantas en caso de que se quiera reemplazar una propiedad de valor patrimonial.

Ahora la discusión está abierta alrededor del futuro de barrio Pichincha, un proyecto urbano que despertó resistencia en el lobby constructor. "A veces se tocan intereses particulares", reconoció la secretaria de Planeamiento, Mirta Levin, señalando que "nadie tiró otra propuesta para discutir, algo que estamos dispuestos a hacer si surge".

La funcionaria reconoció que el florecimiento de la construcción está "abriendo muchos frentes" ante las limitaciones que tiene el área de encarar relevamientos como en Pichincha, donde se realizó un detallado estudio de todas las construcciones, para concluir que el actual perfil de la zona está muy alejado de las torres de departamentos.

En efecto, en el viejo barrio cercano al río el 89 por ciento de los 2137 lotes relevados son asiento de edificios de planta baja o de no más de dos plantas. Si se quiere mantener el perfil barrial, es coherente que las nuevas edificaciones no superen dicha altura, excepto en la línea de la costa (avenida Wheelwright) o sobre Salta u Ovidio Lagos, como plantea la iniciativa de Planeamiento.

Por otro lado, el catálogo de 2200 edificios de valor patrimonial del centro de la ciudad también demuestra su utilidad, ya que en 2005 solo se demolieron cuatro unidades, frente a trece en 2004. Mientras que el año pasado se perdieron seis edificios de valor patrimonial no catalagados, frente a 12 en 2004.

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Demolición de una antigua esquina en Ocampo y 1º de Mayo, una imagen que se repite. Como en el proyecto de Pichincha, la Municipalidad trata de limitar alturas para proteger.
Imagen: Sebastian Granata
 
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