CIUDAD › UN GRUPO DE MUJERES JóVENES DEL BARRIO LUDUEñA SUR APRENDE HOTELERíA.

Un oficio para ganar respeto

Tienen de 20 a 32 años y lograron que el programa municipal Nueva Oportunidad las incluyera, ya que era una herramienta pensada para varones. Están agradecidas al profesor, que las alienta a confiar en ellas y les dice que están para más.

 Por Sonia Tessa

Es miércoles a la mañana. Las palabras vuelan junto a las risas sobre la mesa ubicada en el centro del salón del Centro de Convivencia Barrial de Ludueña Sur, en pasaje Formosa. Son once mujeres que los lunes y viernes cursan hotelería, mientras los miércoles hacen el tercer tiempo (talleres de reflexión) en el CCB municipal. La más chica tiene 20 años y la más grande, 32. Comparten sus experiencias, se cargan, y también se emocionan. Estudian Hotelería como parte del programa Nueva Oportunidad. Están contentas, muestran orgullosas las fotos de los platos gourmet que aprendieron a cocinar y subrayan la confianza que les insufló el profesor, Fernando Santandrea. En una de las primeras clases, Silvia le dio un baño de realidad: "Yo nunca vi una carta, jamás me senté a comer en un bar. La única vez que entré fue para pedir un vaso de agua". Así fue como el docente se ocupó de llevarlas a conocer hoteles y restaurantes, para que la enseñanza no fuera tan abstracta.

La charla se interna en sus preocupaciones vitales. "En mi casa llueve más adentro que afuera. Tengo una garrafita de 3 kilos, con eso no puedo cocinar nada. No tengo baño", expresa Silvia, mientras trata de evitar el llanto. Todas lloran con ella. "Mi marido quiere tener otro hijo pero yo le dije que no, para qué, para que la cunita vaya nadando en el agua... Odio mi casa, odio que cuando llueve el barro se lleve todo", dice Silvia. "Trato de ser siempre alegre, hacer bromas, pero si viene la lluvia me caga todo. Quiero estar bien, sentirme bien y dar un poco de risa para las chicas. Pero estamos cansados de que todos nos prometen viviendas y seguimos siempre igual". Sus amigas asienten. La mayoría vive en casillas que están pegadas a las vías del ferrocarril. "Estoy desde los cuatro años en el mismo lugar. Hace 20 años que dicen que se va a abrir la calle, y van a dar viviendas, pero todo sigue igual. Cuando llueve no podés salir", agrega Sofía. Estefanía -que tiene experiencia laboral en la cocina de distintos bares- cuenta que "cuando pasa el tren, no se puede hacer nada, parece que se te va a caer la casa encima". Y su hermana, Fabiana, agrega: "Cuando cae cereal del tren, y después llueve, queda una baranda a podrido durante semanas". Paredes rajadas, sueños interrumpidos son otros efectos de la cercanía. "Cuando estás durmiendo y te pasa el tren por al lado te pegás cada susto", describe Silvia. Si bien en este momento la charla se pone muy densa, las chicas vuelven rápidamente a la alegría. No se rinden.

En algún momento también se quejan de los maridos, que no las "ayudan" con las tareas de la casa y sobre todo, con los chicos. "Ellos se creen que con traer la plata ya está todo", dice Tania. No todas en el grupo tienen hijos, hay cuatro que todavía no decidieron ser madres, y no tienen apuro.

Este grupo lleva dos años de trabajo, con algunos cambios. En principio, en 2013, empezaron un curso de panificación. Hacían pizzas y panes caseros para vender, pero funcionaban en otra institución, donde no tenían instalaciones suficientes para cocinar. El año pasado, las chicas empezaron a rebelarse porque veían que había planes como el Nueva Oportunidad para jóvenes (varones) en conflicto con la ley penal y ellas no tenían ninguna herramienta. "Empezamos a decir por qué todo era para los varones y para nosotras nada", cuenta Tania. También Jessica dice que empezaban a ver "que los hermanos, los novios, accedían a posibilidades y nosotras nada".

Desde el miniequipo territorial, que cuenta con personal de Salud y de Juventudes, trasladaron la inquietud. Y aunque no fue fácil, lograron que el plan Nueva Oportunidad también tuviera espacio para ellas. "Estaba pensado para los varones que estaban complicados, pero ahí se da toda una discusión en los equipos, porque muchas de esas situaciones conflictivas impactaban directamente en las mujeres del barrio", subraya Romina Marucco. El miniequipo territorial lo integran también Marina Santos, Ariel Feller y Agostina Spagnoli.

Hay crímenes que dejaron huellas en el barrio. Brian Saucedo, asesinado en un episodio denunciado por Rosario/12 de gatillo fácil, el 11 de septiembre de 2013, iba al curso de electricidad en ese barrio, cuando lo ultimaron. Su pareja, Soledad, que quedó sola con dos hijos, necesitaba la beca económica que supone participar de los cursos. Por eso se sumó al taller.

Que las mujeres son víctimas -no tan indirectas- de estas violencias se hace evidente en el grupo. En un extremo de la mesa están sentadas Estefanía y Fabiana, hermanas de Brian Saucedo. Fabiana era, además, la pareja de Emanuel Cicchero, el joven de 25 años asesinado por un guardia de seguridad el 7 de noviembre de 2013, después de denunciar que a Brian lo había matado la policía. Fabiana quedó con dos hijos chicos, Nerea y Brandon. Fabiana participa del curso de Hotelería y también ingresó en un programa de Primer Empleo, en La Esquina de la Oportunidad, pero las condiciones ofrecidas por el empleador eran leoninas y se negó a continuar. "Nosotras no tenemos derecho a nada. Acá se cagan a tiros, la policía mata a quien no debe, y en vez de estar para ayudarnos, parece que está para matarnos", se despacha Silvia. Fabiana y Estefanía cuentan que les cuesta salir adelante, y subrayan lo bueno de la capacitación. "Uno se despeja de los problemas que tenés en casa, venís, aprendés, te distraés. Y también descansás un rato de los chicos", dice Estefanía. "Te da la oportunidad de aprender cosas nuevas, y quizás conseguir trabajo de esto", agrega Fabiana.

La capacitación se realiza dos veces por semana en el centro, en un Instituto de Cocina. Allí, las chicas trabajan sobre instalaciones que les parecen de película. "Son como los de Master Chef", se ríe Tania. Están felices por haber encontrado al profesor Santandrea. "Todas fuimos con la capa caída pero él nos alentaba, nos decía que nosotras damos para más", sigue Tania. Las llevó a conocer el hotel en el que trabaja, el Apart Urquiza, y ellas estaban fascinadas por cómo las atendió.

La frutilla del postre fue el 29 de septiembre, cuando hicieron un evento en la calle, frente al CCB, donde confluyeron varias actividades del barrio, como el Taller de Talabartería. A las chicas les tocó hacer el cátering. El profesor se quedó con ellas durante todo el día. Para ellas, fue un gesto invalorable. A esa actividad llegó el entonces candidato Hermes Binner y Silvia le planteó todas las necesidades de las chicas.

Los miércoles están destinados a reflexionar, en un espacio de taller en el que las chicas comparten mates y masitas hechas en el mismo CCB. Los vínculos afectivos y los sueños siempre se hacen un lugar. Algunas quieren terminar la escuela secundaria, otras esperan mejorar su vivienda, algunas se quejan de sus maridos o sus hijos. Para todas, que las escuchen y crean en ellas es una puerta abierta a un futuro mejor.

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En la actividad realizada en el barrio, el 26 de septiembre, las chicas hicieron el cátering.
 
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