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Viernes, 29 de enero de 2010

4X

Las sierras tienen forma de mujer

Entre Córdoba y San Luis, entre el cielo y la tierra, entre las terapias y saberes alternativos y los concretos beneficios de las vacaciones: allí, cuatro sitios favoritos de lesbianas en busca de paz.

 Por Paula Jiménez

San Marcos Sierras

(Córdoba)

Para comprender el espíritu de San Marcos Sierras, ante todo, hay que recordar que es un pueblo declarado “Territorio no nuclear y de protección a la naturaleza”, y que su comunidad ha recibido, y sigue recibiendo, el fuerte impacto de migraciones no del todo convencionales. Por ejemplo, en 1930 llegaron allí los naturistas, cuya impronta cultural sigue viva entre sus habitantes, y se dice que a la sombra de los olivos del Hospedaje Villa Luz meditaron la discípula de Krishnamurti, Vimala Takar, y hasta la mismísima Indra Devi. Conociendo esta historia y la consabida afinidad entre las lesbianas y la filosofía oriental, las terapias alternativas, la ecología y todo lo new age, es más que entendible que en los últimos años tantas chicas hayan decidido pasar sus veranos, cuando no las cuatro estaciones del año, a la orilla del Quilpo o del bellísimo río San Marcos. Las posadas UNA y Arco Iris, ideales para las amantes del silencio, o la palabra oportuna.

Nono

(Córdoba)

No es una manera de decir abuelo, no, no. Es un legado aborigen: su nombre deriva del vocablo original Ñuñu, que significa, literalmente, “senos de mujer”, y la imagen se refiere a dos cerros, bien pegaditos, que se ven a la perfección desde la ruta que comunica las distintas poblaciones de Traslasierra. Puede hipotetizarse que su marca femenina original ejerció alguna influencia en parte del sector turístico que atrajo (lesbianas, sí, sí, hay muchísimas), o quizá sea pura casualidad (no creo: algo hay). Lo cierto es que, en general, se respira una atmósfera placentera y relajada, y si bien las ollas de Paso de las Tropas o de los Remansos no tienen nada que envidiarle a La laguna azul, Nono está lleno de paisajes más subyugantes aún: alcanza con darse una vuelta por el Huaico y ver desde algún mirador el entrecruzamiento de vegetación, montaña y cielo abierto para entender que el paraíso no es un cuento (y que no sale nada caro si una se alquila una casita para cuatro personas).

Capilla del Monte

(Córdoba)

Si bien, por el calor, el verano no es la mejor época para subir al Uritorco, la energía que nos regala esta montaña compensa cualquier baja de presión y, finalmente, te deja como nueva para enfrentar lo que viene del año. O por lo menos muchas amigas mías que veranean allí dicen que se respira algo especial. Y debe serlo: no sólo es la leyenda que comparten turistas y habitantes sino que Capilla del Monte, la ciudad que está en la base del cerro, se ha vuelto una especie de sitio intermedio entre la tierra y el más allá. Los artículos regionales que se exhiben en las vidrieras van desde piedras con poderes curativos hasta extraterrestres tallados por expertos artesanos. Y en las librerías nada de literatura de ficción, allá todo es real: quiromancia, reencarnación, reiki. Por otra parte, sus paisajes parecen de otro mundo. Para verlo basta con ir a Ojo de Agua, visitar el templo budista y quedarse, con los pies bien puestos en la tierra, contemplando el infinito lecho de hojas, de rocas y de estrellas. Otra cosa: un punto de encuentro con chicas interesadas en el infinito es el Hotel Duende Azul (Chubut 75 y Aristóbulo del Valle)

Villa de Merlo

(San Luis)

No sólo allí se duermen largas horas sino que también se sueña mucho y esto es compartido, en general, por los turistas que pernoctan en la villa. Se dice que la causa de este tipo de fenómenos positivos sobre el organismo tiene su explicación en el microclima que caracteriza a Merlo y que se promociona como el tercero en el mundo. Parece que hay una ionización negativa, que la descomposición del granito libera oxígeno y esto produce ozono, que la altura también tiene que ver; en fin, todo esto parece. Es una linda aventura la de hacer caminatas, ascendiendo por el sendero de piedras sobre el río y ver el brillo cobre que irradia el árbol de Tabaquillo cuando se llega a él. Y si se quieren cosas más arriesgadas, se hacen también: parapente, trekking, es decir, turismo aventura. Para quienes gusten de leer e investigar, hay un circuito de bibliotecas accesibles para todos. Además, Merlo es otro de los sitios elegidos por buena parte de la comunidad lésbica y por eso se consigue, en muchas hosterías, jugo de zanahoria y apio, y arroz yamaní. Como en toda la sierra, abundan las cabañas en alquiler pero las de Rincón del Bosque (en plena reserva natural, cerca de Piedras Blancas) ganan en tranquilidad.

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