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Viernes, 10 de abril de 2009

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Con todas las letras

En la historia de la literatura universal, algunos poetas decidieron mencionar a sus amados, hablar del amor de un hombre por otro hombre. Traducciones y tradiciones posteriores se ocuparon de poner un manto, que hoy ya se volvió transparente.

 Por Facundo Nazareno Saxe

Miguel Angel Buonarroti

Escultor, pintor, cocinero, arquitecto y también poeta. Así como fue un amante del cuerpo masculino en su obra plástica, muchos de sus sonetos estuvieron dedicados a uno de los grandes amores de su vida, Tommaso dei Cavalieri, un adolescente al que Miguel Angel llevaba cincuenta años y que lo acompañó hasta el último de sus días. Estos sonetos se consideran entre los primeros textos en los que el amor entre dos hombres osó expresarse sin eludir las marcas masculinas. Pero la familia no lo resistió. En 1623, un sobrino nieto editó la poesía cambiando los pronombres masculinos por femeninos. El error fue solucionado en la edición de los textos originales de 1863. Pero en las traducciones a otros idiomas, mágicamente, el pronombre masculino se volvía femenino otra vez. Pero el amor siempre es más fuerte. Ya hay disponibles traducciones fieles.

William Shakespeare

Con datos biográficos no comprobables y cientos de dudas sobre su vida, en sus sonetos, el deseo del poeta se manifiesta en su forma más clara. Se los dedica a unas misteriosas iniciales W. H., y en la obra el poeta manifiesta su amor hacia un joven rubio, dueño de su corazón. Existen otros sonetos, dedicados a una mujer morena. Como siempre ocurre en estos casos, la tradición se encargó de alterar los géneros y los originales fueron recién conocidos a fines del siglo XVIII. La crítica canónica especula que la inclusión del joven rubio es sólo un tópico literario (lo que se dice un amor platónico). Podrá serlo, o tal vez no. Tal vez el poeta que escribió esos sonetos decidió que su amor tenía que manifestar su nombre. Sin importar si era un bello joven rubio o una hermosa dama morena.

Constantino Cavafis

El llamado “poeta de Alejandría” murió sin tener demasiado éxito. Pero la posteridad lo recompensó hasta el punto de ser considerado el mejor poeta griego moderno capaz de historiar la saga de los vencidos. También fue ampliamente ignorado debido a aquellos poemas que celebran su deseo por otros hombres. Recién en la década de los sesenta el rechazo se transformó en celebración hasta llegar a convertirlo en un icono de la cultura gay. El escritor decidió asumir su deseo y corporizarlo en sus poesías, sin tapujos, como él mismo declara en “Los peligros” de 1911, donde manifiesta su elección poética y erótica: “Entregaré mi cuerpo a los placeres, / a los goces soñados, / a los más osados eróticos deseos, / a los impulsos lascivos de mi sangre”.

Luis Cernuda

“Una chispa de aquellos placeres / Brilla en la hora vengativa./ Su fulgor puede destruir vuestro mundo”, advertía el poeta en pleno franquismo. Fue uno de los mayores poetas de la española Generación del ’27, el único del grupo que osó decir el nombre de su amor. Exiliado gracias a la Guerra Civil Española, recorrió Francia, Inglaterra, Estados Unidos y México escribiendo poemas inolvidables. Aun así estos textos debieron tolerar décadas de interpretaciones críticas que buscaban explicar el género masculino de los destinatarios de sus poemas como fórmulas de estilo (o sencillamente “olvidaban” esos poemas). La realidad y el deseo, libro que reúne su obra poética, es uno de los grandes hitos de la poesía española y uno de los textos claves de la poesía de temática gay.

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