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Viernes, 23 de marzo de 2012

El último deseo, sin cumplir

 Por Esteban Paulón *

No recuerdo bien cuándo y cómo conocí a Claudia Pía. Pudo haber sido en alguna reunión de la extinta Conadise o en uno de los encuentros de Rosario con los cuales retomamos en el año 2005 la tradición iniciada en 1996 e interrumpida un par de años después.

Lo que sí recuerdo es que Claudia Pía (Pía a secas para mí) era una máquina de militar. Imponente, siempre con una sonrisa en la cara, tenía la capacidad de convencer a cualquiera que se le cruzara en el camino. Con argumentos, por cansancio (a veces hablaba demasiado, es cierto) o por propia convicción, nadie podía decirle que no.

Las vueltas de la militancia me permitieron compartir mucho con Pía. Una gira por el país difundiendo la Guía para comunicadores y comunicadoras sobre Identidad de Género, varias marchas del orgullo, actividades en Rosario, Buenos Aires, Córdoba, San Juan, Salta, Entre Ríos, Santa Fe, Mar del Plata, Bahía Blanca y Neuquén, una edición del Festival del Bolsón, jornadas y seminarios. Mucha política, muchas ideas, muchas horas de debate y kilómetros de rutas de nuestro extenso país.

Pero lo que me voy a llevar por siempre es lo que quizá más costaba ver en ella. No por ausencia sino por la carcasa que muchas veces se imponía para impedir que la viéramos así, humana, tierna, casi una niña que sólo deseaba ser querida y mimada.

Cuando me enteré de su muerte –sorpresiva e inesperada– me vino a la mente una de las frases que más repetía en las charlas y presentaciones que compartimos, y que nos conmovió hasta las lágrimas en su presentación en el Congreso con motivo del debate de la ley de identidad. “No me quiero morir y ser enterrada en una tumba que no pueda llevar el nombre de quien soy, Claudia Pía.” Las demoras parlamentarias, las trabas burocráticas de la Justicia porteña y una jueza que se declaró incompetente la privaron de cumplir ese sueño.

Para Pía, la ley de identidad llegará tarde. Pero gracias a su lucha incansable, en la que dejó la vida, para muchas y muchos otros no. A nosotros, sus compañeras y compañeros, nos queda un vacío enorme, difícil de llenar. Y un recuerdo entrañable de esa mujer valiente y tenaz que supo ponerle el cuerpo a una causa: la del derecho a ser. l

* Presidente de la Falgbt.

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